Nuevos microbiocidas para frenar el VIH

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Los científicos del proyecto EMPRO («European Microbicides Project» o «Proyecto europeo sobre microbiocidas») están desarrollando nuevos microbiocidas contra el VIH que algún día se convertirán en un arma vital de nuestro arsenal farmacológico para combatir este peligroso virus.

Esta iniciativa, que constituye el mayor proyecto sobre microbiocidas (o microbicidas) del mundo, reúne a veintisiete socios de once países, ocho de los cuales son Estados miembros de la UE, además de Suiza y dos naciones africanas. El consorcio agrupa a un amplio colectivo formado por universidades, institutos de investigación, hospitales, industrias farmacéuticas y pequeñas y medianas empresas (PYMEs), que aportan conocimientos especializados sobre estructuras moleculares, mecanismos de la infección por el VIH, producción de microbicidas y ensayos clínicos.

Sin duda, los microbicidas van a desempeñar un papel importante a la hora de prevenir la expansión del VIH. Las mujeres pueden usarlos sin necesidad de que lo sepan sus parejas, lo que les otorga el control de su propia salud sexual en situaciones en las que no les es posible obligar a sus compañeros a utilizar preservativos.

Ya se están llevando a cabo ensayos clínicos de un producto creado en el marco de este proyecto, y los socios esperan que salgan al mercado microbicidas asequibles desarrollados por EMPRO antes de 2012.

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Un problema de envergadura mundial

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2007 había 33 millones de portadores del VIH en todo el mundo. Ese mismo año hubo 2,5 millones de casos nuevos de infecciones de VIH y murieron de sida 2 millones de personas.

El África subsahariana es, con diferencia, la región del mundo que se lleva la peor parte, pues en ella viven 22,5 millones de personas seropositivas del VIH (más de dos tercios del total mundial), y el sida es allí la principal causa de mortandad. Varios países asiáticos se ven asolados también por la epidemia del VIH.

Los fármacos antirretrovirales están ayudando a prolongar la vida de muchos portadores del VIH. Pero estos medicamentos no eliminan por completo este virus, y su alto coste los sitúa fuera del alcance de la mayoría de los pacientes en los países en vías de desarrollo.

Más vale prevenir que curar

Mientras prosigue la búsqueda de una cura para el VIH, en la actualidad muchos investigadores están centrando sus esfuerzos en las maneras de evitar el contagio del virus.

Según el Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/ SIDA (ONUSIDA), el 90 % de los contagios del VIH se produjo por contacto sexual. Muchas campañas diseñadas para detener la transmisión del VIH por vía sexual recurrieron al denominado «enfoque ABC» – que corresponde a las siglas inglesas de «Abstain, Be faithful, use Condoms» o Abstinencia sexual, fidelidad y condones – para la prevención del sida que, aún siendo útil, no está exento de limitaciones.

En algunas zonas del mundo, las mujeres no tienen la opción de la abstinencia, puesto que no tienen más remedio que casarse muy jóvenes para sobrevivir. La fidelidad tampoco garantiza la protección, ya que muchas mujeres se contagian a través de sus maridos o parejas estables. Y los preservativos son extremadamente eficaces para prevenir la transmisión del VIH, pero muchas mujeres sencillamente no están en posición de obligar a sus parejas a utilizarlos.

Pese a los denodados esfuerzos por conseguir una vacuna contra el sida, la propia naturaleza cambiante del virus induce a prever que aún falta un buen trecho para lograr una vacuna eficaz.

Los microbicidas representan otra alternativa potencial para detener la transmisión del VIH por contacto sexual. De momento, no hay en el mercado microbicidas eficaces. Sin embargo, las repercusiones que tendría un buen microbicida serían enormes. Los estudios realizados por la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de la Universidad de Londres apuntan a que incluso un microbicida con un índice de eficacia de un 60 % podría prevenir 2,5 millones de casos de VIH en tres años. Para ello, bastaría con que el 20 % de las personas en contacto con los servicios locales de los países en vías de desarrollo lo utilizara la mitad del tiempo.

Protección y emancipación femenina

Los microbicidas son cremas o geles que se aplican en la vagina antes de mantener relaciones sexuales para proteger a la mujer contra el VIH y otras enfermedades de transmisión sexual. Como las mujeres pueden utilizarlos sin el conocimiento o consentimiento previo de sus parejas, los microbicidas permiten a las mujeres tomar sus propias medidas de protección contra este grave virus.

Los microbicidas actúan de varias maneras. Forman una barrera física entre el virus y las células que cubren la cavidad vaginal. Además, pueden dañar las capas externas del virus, impidiendo de esta manera que se replique o que llegue a dañar las células que son su objetivo. Otra de sus ventajas es que pueden aplicarse en la zona anal, protegiendo tanto a los hombres que mantienen relaciones homosexuales como a las mujeres que practican el sexo anal.

La esperanza de microbicidas eficaces

EMPRO investiga nuevos microbicidas en el laboratorio y selecciona los candidatos a fármacos más prometedores. A continuación los somete a cada una de las etapas del proceso de desarrollo de medicamentos, llegando hasta las fases iniciales de los ensayos clínicos.

Una de las áreas en las que se está investigando actualmente es la tecnología de las gliconanopartículas o gliconanotecnología. Las gliconanopartículas son unas nanopartículas capaces de imitar las estructuras de los carbohidratos que se encuentran en la superficie de la célula, y que pueden bloquear las interacciones carbohidratoproteína responsables de las infecciones virales.

El proyecto también está estudiando la posibilidad de usar pequeños fragmentos de anticuerpos que puedan bloquear el virus, cuya producción sería más eficaz y barata que la de los anticuerpos convencionales.

Los científicos seleccionan los mejores candidatos a convertirse en microbicidas en función de los resultados científicos obtenidos en el laboratorio así como de otros criterios relacionados con la seguridad y la eficacia del fármaco, su facilidad de fabricación, el tiempo que necesitaría hasta llegar al mercado, su coste, los posibles obstáculos administrativos que pudieran surgir y si podría generar cepas de VIH resistentes.

Los socios del proyecto ya han conseguido llevar tres anticuerpos monoclonales hasta la fase de ensayos clínicos. Los objetivos de este estudio son, sencillamente, ver cómo estos medicamentos – que se han formulado como geles – se comportan en el cuerpo humano, determinar las dosis seguras y descubrir si el fármaco tiene efectos secundarios.

Salvar millones de vidas

Pese a la intensa actividad científica, sigue sin haber microbicidas eficaces en el mercado. Con su logro de llevar un candidato a microbicida hasta la fase de ensayos clínicos, EMPRO ha comenzado a lograr su propósito y, además, se ha afianzado como líder en este campo. Los nuevos microbicidas que salgan del proyecto EMPRO podrían ayudar a salvar millones de vidas en todo el mundo.