Existe un consenso mundial casi absoluto en torno a este tema fundamental:
si se quiere frenar el cambio climático, deben reducirse las emisiones de dióxido
de carbono (CO2). Sin embargo, la manera de conseguir este objetivo sigue siendo
un tema de debate tanto en los círculos políticos como en la comunidad científica.
Una solución técnica e inmediata que ocupa un lugar cada vez más destacado es
la «captura y almacenamiento de carbono».
La importancia que está cobrando esta posible solución se debe en
parte a los excelentes resultados del proyecto CASTOR, que alberga la
mayor instalación piloto del mundo para la captura de carbono. Entre
los logros de esta planta pionera en su género, situada en Dinamarca,
hay que destacar una tarea de suprema importancia: la demostración
práctica de que es posible capturar el 90 % de las emisiones de CO2 que
emitiría a la atmósfera una central eléctrica de carbón.
La cantidad de CO2 extraído de la atmósfera por las plantas y otros
sumideros de carbono naturales – los océanos, por ejemplo – equivale
aproximadamente a la cantidad que se vierte a la atmósfera por
la respiración y la descomposición de la materia orgánica. Sin embargo,
este delicado equilibrio se ve alterado cuando en la atmósfera
entra más CO2 como resultado de ciertas actividades humanas que
generan emisiones. Una de las importantes conclusiones del proyecto
EPICA («European Research Project for Ice Coring in Antarctica»
o «Proyecto europeo para la extracción de testigos de hielo en la
Antártida») es que la concentración atmosférica mundial de CO2 se
ha incrementado en un 30 % desde la Revolución Industrial.
Producir combustibles fósiles limpios
Pese a que la atención se ha dirigido principalmente al uso de opciones
alternativas a los combustibles fósiles, la captura y almacenamiento
de carbono ha demostrado ser una técnica de gran interés para reducir el CO2 atmosférico, al impedir, a medida que éste se va emitiendo,
que penetre en la atmósfera. No se trata, sin embargo, de algo
tan simple como la canalización de los gases de combustión hacia un
contenedor para, acto seguido, cerrar la tapa. No es posible comprimir homogéneamente todos los gases – ya que puede haber oxígeno,
vapor de agua o nitrógeno –, por lo que antes es necesario proceder
a la separación de los diversos componentes de los gases de combustión.
En el mercado ya existe toda una serie de procesos industriales de
captura, cada uno desarrollado para un ámbito de aplicación particular
y adaptado según la naturaleza de la composición de los gases
de combustión, la temperatura y la presión. El proyecto CASTOR
utiliza el tipo de captura por postcombustión.
Nuevos récords en la captura de carbono
En la alternativa de la captura por postcombustión, la tecnología de
absorción figura como una de las opciones punteras. Sin embargo,
su aplicación en una central de energía ya existente reduciría la eficacia
en la generación energética entre un 15 % y un 20 %, aumentando
al mismo tiempo los costos de producción de energía en hasta un
50 %. El proyecto CASTOR, que reúne a una treintena de socios de diez
Estados miembros de la UE, además de Noruega, se propuso eliminar
cualquier consecuencia indeseable de la captura por postcombustión
para convertirla en una de las alternativas más atractivas. El objetivo
clave era rebajar los costes de la captura por postcombustión de una
media de 50 ó 60 euros por tonelada métrica (euros/t) a unos 20 ó
30 euros/t, sin perder eficacia energética. Y en cuanto a su volumen,
la meta era desarrollar tecnologías que permitieran la captura y almacenamiento
del 10 % de todas las emisiones de CO2, lo que correspondería
aproximadamente al 30 % del CO2 emitido por las plantas industriales
y las centrales energéticas europeas.
El proyecto estuvo a la altura del reto: la planta piloto de demostración
creada en una central térmica de carbón en Dinamarca como
parte de CASTOR fue la primera en su género, y sigue siendo la más
grande del mundo. Ha sido tal el éxito de esta instalación que sucesivos
proyectos han tomado como referencia sus procesos,
reproduciéndolos en parte en sus propios estudios sobre la captura
de CO2. Basta con echar un vistazo a los resultados de la planta
piloto para entender el porqué: CASTOR logró demostrar la viabilidad
de atrapar un 90 % del CO2. La planta es capaz de capturar la
impresionante cantidad de una tonelada de CO2 por hora con un coste
estimado de 35 euros/t de CO2.
Todo esto no implica que todas las problemáticas relacionadas con la
captura de carbono hayan quedado resueltas. Sin embargo, el
éxito de la extraordinaria instalación de CASTOR demuestra que las
ideas actuales y futuras pueden ser trasladadas de la escala de un laboratorio
a una planta piloto, bien por los socios actuales de CASTOR,
bien por otros investigadores. Lo que caracteriza a CASTOR es su
sistema basado en el proceso de lavado con aminas. Dicho proceso
implica la disolución del CO2 en un disolvente y la posterior recuperación
del disolvente líquido que contiene el CO2 y otros gases de escape
encerrados en él. A continuación, el CO2 se extrae por calentamiento.
En ningún caso deberían subestimarse los resultados. «Cuando lanzamos
la idea, la captura de CO2 era una especie de sueño, no una
tecnología real que pudiera aplicarse», ha afirmado el coordinador
del proyecto, Pierre Le Thiez. «La captura de CO2 no era más que un
concepto. Ahora, esta tecnología es una realidad, y no sólo en Europa,
sino en todo el mundo.»
Una vez que el CO2 ha sido capturado, es evidente que debe ser almacenado.
Aquí el equipo de CASTOR investigó nuevos avances en los
aspectos de capacidad, seguridad y aceptabilidad medioambiental.
Los resultados de la construcción de un modelo geológico, de un
modelo de simulación del depósito, de un modelo de simulación
sísmica y los experimentos con muestras han arrojado pistas importantes
sobre el sistema óptimo de almacenamiento en el futuro. El
equipo también logró comprender mejor cómo prevenir posibles fugas
de CO2 a través de pozos, rocas y fallas. El reto ahora es comunicar estos
logros a la opinión pública y lograr la aceptación de esta tecnología de
almacenamiento. Actualmente, la percepción generalizada del CO2
como gas peligroso permite anticipar resistencia al respecto.
Los grandes avances científicos y tecnológicos que ha posibilitado el
proyecto CASTOR se deben, en buena medida, a la participación de
un nutrido número de socios, que representaban a las industrias del
petróleo y el gas, compañías de electricidad (grandes emisores de
CO2), fabricantes de maquinaria y centros de investigación y universidades
de Europa.
Bueno para los negocios… y mejor para el medio ambiente
Sin duda, todos estos sectores se beneficiarían del éxito de la
captura y almacenamiento de carbono. A la presión que ejercen
actualmente las distintas normativas y los grupos ecologistas para
obligar a la industria a reducir las emisiones de CO2, hay que añadir
la necesidad de la UE de alcanzar sus objetivos y cumplir los compromisos
internacionales. En virtud del régimen de comercio de derechos
de emisión de la Unión Europea, se han establecido límites estrictos
para controlar las emisiones de CO2 procedentes de las factorías de
hierro y acero, así como de los sectores del vidrio, cemento y ladrillo.
Desde 2008, las plantas industriales deben pagar una multa de 100 euros
por tonelada de CO2 emitido por encima de la cuota permitida. Así
pues, la reducción de las emisiones supondrá un nuevo impulso de
la competitividad, puesto que los costes disminuirán.
Será necesario seguir investigando para que la captura y almacenamiento
de carbono pueda incorporarse permanentemente al
panorama energético europeo. Como ha demostrado CASTOR, en la
carrera emprendida por los gobiernos y la industria para cumplir los
compromisos europeos e internacionales en materia de emisiones,
este concepto se presenta como un serio aspirante que, afortunadamente,
ya está situado en la primera fila de la parrilla de salida.