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Paradise Papers: ¡cambiemos la cultura del secreto!

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Moscovici
Moscovici

Con motivo de la publicación de los Paradise Papers, ofrecemos a continuación la traducción del artículo del Comisario Europeo de Asuntos Económicos y Financieros, Fiscalidad y Aduanas, Pierre Moscovici, publicado en su blog. Artículo original aquí (en francés).

13/11/2017

Como cualquier otro ciudadano, estoy profundamente indignado por las revelaciones de Paradise Papers.  Indignado, pero, por desgracia, no sorprendido: hace tiempo que sabemos que algunas empresas y particulares con grandes patrimonios están dispuestos a todo para no pagar impuestos.  Y los bufetes de abogados saben mostrar una gran «creatividad» para ayudarles. 

El escándalo de Paradise Papers tiene una característica fundamental: la elusión fiscal que revela es legal.  Esto significa algo muy sencillo: que la ley está mal formulada.  Se trata de un sistema de elusión fiscal generalizada que sale bruscamente  a la luz.  La magnitud de las revelaciones da vértigo.  Todas esas multinacionales y personalidades no son incidentes aislados: estamos ante prácticas organizadas, planetarias, con sus secretos, sus redes y sus profesionales. 

¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Seamos claros: es la ausencia de normas comunes en Europa lo que permite a las empresas jugar con las diferencias entre Estados y practicar una elusión fiscal agresiva.  Este sistema prospera y perdura gracias a las lagunas de las legislaciones nacionales actuales y  a las divergencias entre ellas. 

Puesto que se trata de un problema de marco jurídico, hay que resolver por la vía legal.  Y para ello contamos con una primera arma: la transparencia.  En tres años la Comisión Europea ha hecho avanzar más la transparencia en materia fiscal que en los últimos veinte años.  Por no mencionar más que dos ejemplos: el secreto bancario ya no existe en toda Europa a partir de este año.  En cuanto a la imposición de los beneficios allí donde se generan, ello limita la transferencia de beneficios a los países con una fiscalidad ventajosa.  Son dos verdaderas revoluciones fiscales, de las que estoy orgulloso. 

Pero queda mucho por hacer, y la Comisión Europea no puede hacerlo sola: ¡los gobiernos nacionales deben trabajar con ella!  Hay que empezar por adoptar las soluciones que están sobre la mesa.  La transparencia debe avanzar en tres direcciones. 

Son necesarias, en primer lugar, normas de transparencia europea sobre los intermediarios (asesores fiscales, abogados, banqueros, consultores),  que venden a sus clientes modelos de elusión fiscal.  La Comisión ha hecho una propuesta: los intermediarios deberán declarar sistemáticamente tales modelos a las administraciones tributarias.  Si son ilegales, habrá un procedimiento.  Si son legales, las administraciones tributarias sabrán dónde están las lagunas del sistema tributario y podrán repararlas. ¡Les corresponde a los gobiernos nacionales adoptar dicha propuesta con rapidez! 

A continuación es necesaria la transparencia sobre los datos contables de las empresas. De nuevo,   la Comisión presentó esta propuesta el año pasado: se trata de  la notificación pública obligatoria país por país, una medida de transparencia que obliga a las empresas a revelar detalles de su actividad en cada país donde operen.  ¡Les corresponde a las capitales europeas aprobarla! 

Por último, hay que ir más lejos, con una «lista negra» europea de los paraísos fiscales, acompañada de sanciones disuasorias.  De nada sirve ser ejemplar en la Unión Europea, si la Unión es un coladero a la evasión fiscal.  Estamos examinando la situación de unos cincuenta países.  El trabajo con los Estados miembros sigue su curso: les insto a que lo finalicen antes de finales de año. 

No existe una solución milagrosa contra la evasión fiscal.  Pero si se adoptaran todas estas propuestas, nuestro escudo contra la evasión  se vería sustancialmente reforzado.  En otras palabras, el escándalo de Paradise Papers ya no sería posible. 

Veamos el lado bueno de estas revelaciones: posibilitan el avance de la toma de conciencia.  Es un buen comienzo.  Pero ¡tras la toma de conciencia, debe venir la acción!