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Conversión de CO2 en metanol por medio de la producción de acero para el transporte marino

Desde finales de los ochenta, el metanol se considera un «combustible del futuro» respetuoso con el clima, pero su uso en el transporte sigue siendo escaso. Poder generarlo a partir del CO2 ha reavivado el interés. Un proyecto financiado con fondos europeos estudió esta opción para descarbonizar el sector del acero y alimentar buques de carga, con beneficios para el medio ambiente y la ciudadanía.

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La industria del acero y el sector marítimo, responsables de hasta el 8 % y el 2,5 % de las emisiones de CO2, respectivamente, son dos de los mayores emisores de CO2 del mundo. Así que, ¿y si una novedosa tecnología de conversión diseñada específicamente para las plantas de laminación de acero pudiese matar dos pájaros de un tiro?

Gracias al trabajo del proyecto financiado con fondos europeos FReSMe, este tipo de tecnología —o, mejor dicho, combinación de tecnologías— ya es una realidad. El proyecto ha combinado con éxito una innovadora tecnología de captura de CO2 con un avanzado proceso de síntesis de metanol. «Todo se lleva a cabo durante el proceso de fabricación del acero. Se generan varias corrientes gaseosas y se someten a combustión con normalidad en la planta de laminación de acero o se utilizan para la generación de energía. Mediante este proceso se obtienen grandes cantidades de emisiones de CO2 —explica David Cuesta Pardo, coordinador del proyecto en nombre de la filial de everis i-deals—. Con FReSMe, podemos reciclar el CO2 y convertirlo en metanol, que es más valioso que la electricidad que se generaría. Todo exceso de CO2 que no se utiliza para la producción de metanol se prepara para el transporte y almacenamiento, lo que permite una descarbonización profunda de la fabricación de acero».

El metanol producido por FReSMe resulta ser una prometedora alternativa al combustible fósil marino. En general, se considera seguro, rentable, ampliamente disponible y limpio. Puede reducir de forma considerable las emisiones de óxidos de azufre, óxidos de nitrógeno y partículas en suspensión del sector, y ayudarlo a cumplir futuras normativas relativas a las emisiones sin necesidad de una inversión importante por parte de los armadores.

«El metanol no contiene azufre y no genera emisiones de hollín. Se puede quemar en motores modificados y se mantiene en estado líquido a presión y temperatura ambientales, lo que simplifica las operaciones de almacenamiento y repostaje de combustible de barco a barco. El metanol de bajas emisiones de carbono de FReSMe va incluso más allá, puesto que, a diferencia del metanol producido a partir de gas natural como materia prima, contribuye a la descarbonización del transporte marítimo», explica Cuesta Pardo.

Con el objetivo de una reducción de emisiones del 50 % para 2050 (frente a 2008) establecido por la Organización Marítima Internacional, FReSMe es una oportunidad bien recibida para un sector sometido a una fuerte presión para cambiar sus procedimientos.

Hacia nuevos mercados

El proyecto ha completado su objetivo principal. El equipo del proyecto logró demostrar la viabilidad técnica de la producción de metanol a partir de los gases emitidos en la fabricación de acero, y produjo varias toneladas de metanol utilizando gases de altos hornos procedentes de la laminación de acero de la empresa SSAB en Luleå (Suecia). «Ahora nos centramos en el análisis de todo el metanol generado durante las pruebas para validar nuestro trabajo previo antes de alcanzar nuestro último hito», señala Cuesta Pardo.

Dicho hito es el uso del combustible de metanol de FReSMe para impulsar el buque Stena Germanica que conecta Gotemburgo con Kiel. El Stena Germanica es un gran barco de tipo «ferri-crucero» en servicio desde 2001, que se convirtió en el primer buque marino importante en utilizar metanol tras su conversión en 2015.

Hasta su finalización, se prevé que FReSMe haya tenido múltiples repercusiones mucho más allá del sector del acero. En efecto, el metanol puede convertirse en un elemento facilitador para el desarrollo de hidrógeno verde y la correspondiente energía renovable necesaria para obtenerlo. Se trata de un alcohol extremadamente versátil muy utilizado como componente químico básico y en aplicaciones de combustibles para el transporte. Cuesta Pardo añade: «Las mezclas de combustible de metanol con baja emisión de carbono de FReSMe pueden reducir las emisiones del transporte por carretera procedentes de las flotas de vehículos con motor de combustión y de la infraestructura de suministro de combustible. El metanol se puede mezclar directamente con gasolina, utilizar para la producción de biodiésel y de eter metílico de tert-butilo (MTBE) como aditivo para gasolina, así como en la producción de biodiésel».

Ahora que la tecnología ya está lista para pasar a su siguiente fase de desarrollo y que se ha alcanzado el nivel comercial para la tecnología de síntesis de metanol, Cuesta Pardo confía en que el hidrógeno verde esté a la vuelta de la esquina. Y es que con las políticas y normativas adecuadas, la adopción por parte del mercado podría estar más cerca de lo que se piensa.

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Datos del proyecto

Acrónimo del proyecto
FReSMe
Número del proyecto
727504
Quién coordina el proyecto
Spain
Quién participa en el proyecto:
Islandia
Italia
Países Bajos
Rumanía
Eslovenia
España
Suecia
Coste total
€ 11 406 725
Contribución de la UE
€ 11 406 725
Duración
-

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