Distingamos entre realidad y ficción

¿Algunas de las historias que circulan te parecen poco fiables? Estos son los hechos:

Syiringe

No hay ninguna mente diabólica detrás del esfuerzo mundial por detener la pandemia: solo hay científicos en busca de una vacuna para todos

Es fácil buscar a alguien a quien echarle la culpa de nuestros problemas. Si una teoría que señala casualmente a un chivo expiatorio de todos nuestros problemas te parece poco probable o increíble, mejor piénsalo dos veces y no te la creas. Por lo general, las teorías de la conspiración son fascinantes y se basan en respuestas demasiado simples y sencillas a preguntas complejas, siguen unos formatos predecibles y se dirigen a un enemigo claro e identificable, en este caso Bill Gates, al que hacen responsable del brote de coronavirus. Esas teorías siguen unos esquemas estereotipados y predecibles que se reproducen exactamente en varios escenarios donde solo cambia el protagonista. No te dejes engañar por soluciones demasiado simplistas y falsas a esta compleja crisis sanitaria.

 

Ni Bill Gates es el creador del coronavirus ni ha urdido un complot con la UE para crear un sistema de vigilancia mundial que rastree los movimientos de las personas. Es una teoría de la conspiración muy conocida, que sencillamente no es cierta. Por otra parte, la Fundación Bill y Melinda Gates ha donado 125 millones de dólares a una iniciativa colectiva internacional para desarrollar y desplegar medios de diagnósticos, terapias y vacunas contra el coronavirus. Contribuyeron y apoyaron activamente el maratón de donaciones para la respuesta mundial a la crisis del coronavirus, iniciado por la presidenta Von der Leyen el 4 de mayo, que registró compromisos de donantes de todo el mundo por 7.400 millones de euros y cuyo objetivo es recaudar fondos para el desarrollo y el despliegue universal de medios de diagnóstico, tratamientos y vacunas contra el coronavirus.

disinfo

Las mascarillas son un complemento de otras medidas preventivas y deben utilizarse y eliminarse adecuadamente.

Todos queremos hacer lo posible para protegernos del coronavirus. Las mascarillas pueden darnos seguridad y proteger nuestra salud mientras dure la pandemia, a condición de que las utilicemos de forma correcta. Llevar mascarilla en público es, ante todo, un acto de solidaridad. Si te has contagiado pero no tienes síntomas, la mascarilla puede proteger a los demás cuando estés en espacios cerrados y concurridos, como los comercios o el transporte público. Sin embargo, las mascarillas de uso médico escasean en muchas partes de Europa y son vitales para proteger a los trabajadores sanitarios. Por eso, debemos garantizar que las personas de estas zonas de mayor riesgo tengan un acceso a las mascarillas prioritario sobre el resto de la comunidad.

Debemos evitar que las mascarillas nos proporcionen una falsa sensación de seguridad: solo son un complemento de otras técnicas preventivas, como el lavado de manos y la distancia entre personas, y su mero uso no basta para garantizar una protección total. Es fundamental que las mascarillas se usen y se eliminen adecuadamente, ya que de lo contrario pueden dar lugar a una mayor tasa de infección (si bien el uso de la mascarilla en sí mismo no puede provocar estados como la hipoxia). La UE está trabajando intensamente para garantizar una gestión adecuada de los residuos de mascarillas y otros materiales sanitarios, manteniendo al mismo tiempo el alto nivel de protección de la salud humana y del medio ambiente que la caracteriza. Hay que recordar que el uso de las mascarillas debe hacerse teniendo en cuenta los conocimientos científicos más recientes, así como la situación de cada lugar. Siempre se deben seguir las orientaciones de la autoridad sanitaria nacional, que pueden cambiar a medida que evolucione la situación o se disponga de nuevos conocimientos científicos.

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La enfermedad por coronavirus (COVID-19) es de origen animal y la pandemia es un fenómeno natural.

En época de crisis, es más importante que nunca colaborar solidariamente con los países de todo el mundo para combatir el coronavirus. La desinformación sobre el origen de esta enfermedad puede dañar fácilmente unas redes de apoyo internacional que resultan vitales, poniendo así muchas vidas en peligro. Debemos cooperar juntos y reconocer que, hasta la fecha, no hay pruebas de que el coronavirus tenga un origen humano, ya sea por accidente o debido a una manipulación deliberada.

 

La enfermedad COVID-19 está provocada por el virus Sars-CoV-2 (una cepa de la familia de los coronavirus). Los coronavirus causan enfermedades respiratorias y pueden transmitirse de los animales a las personas. Se cree que el coronavirus que nos afecta en la actualidad saltó la barrera de las especies en un mercado de pescados y mariscos de Wuhan (China), donde se notificó por primera vez a la Organización Mundial de la Salud el 31 de diciembre de 2019. Si bien cabe plantear cuestiones importantes y necesarias acerca de la notificación y el tratamiento del brote epidémico, debemos comprender que, por cuanto se sabe, se trató de un hecho completamente natural. Culpar a otros de esta enfermedad no mejorará la situación: solo permaneciendo unidos, Europa y el resto del mundo pueden derrotar al virus.

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Las medidas de confinamiento en toda Europa son temporales y se basan en datos científicos. No son un síntoma del fin de la democracia ni de los valores liberales europeos

El respeto de las medidas de distanciamiento social y los procedimientos de confinamiento salva vidas y es la mejor manera de detener la propagación del coronavirus. Estas medidas se basan en los datos científicos más recientes a los que tienen acceso los responsables de la toma de decisiones en cada Estado miembro.

 

La Unión Europea trabaja junto con los Estados miembros para mitigar, en la medida de lo posible, los efectos y desafíos del confinamiento. Les ha proporcionado una hoja de ruta europea para la recuperación, en la que se prevé el levantamiento coordinado y gradual de las medidas de confinamiento, en cuanto pueda hacerse de forma segura y prestando especial atención al respeto permanente de valores de la Unión como el imperio de la ley y los derechos democráticos. Los valores fundamentales europeos —como las libertades de circulación y de expresión y el principio de legalidad— son consustanciales al modelo y la forma de vida de la UE y conservan toda su importancia en este periodo de crisis. La UE está resuelta a garantizar el mantenimiento de estos valores en toda la Unión a lo largo de este difícil periodo.

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Durante la crisis hay suficientes alimentos disponibles en la UE.

Una de las ventajas de la Unión Europea es que no tenemos que preocuparnos por la interrupción de los flujos de mercancías. Esto es particularmente importante para la alimentación y la agricultura. La seguridad alimentaria ha ocupado, junto con la disponibilidad, asequibilidad y calidad de los alimentos, un lugar prominente en la UE desde su fundación. El sector agroalimentario europeo viene dando muestras de resiliencia y vigor a lo largo de esta crisis. Los agricultores y los productores de alimentos trabajan intensamente para mantener la oferta en las tiendas y supermercados de toda la UE. Por su parte, la Comisión Europea colabora estrechamente en todas las fases de producción para garantizar el flujo eficiente e ininterrumpido de las cadenas de suministro, a través de «corredores verdes» que permiten un cruce de fronteras rápido y prioritario.

La UE ha actuado con rapidez para abordar los inevitables problemas agroalimentarios provocados por la crisis. Para ello ha utilizado las herramientas disponibles en el marco de la política agrícola común (PAC) a fin de estabilizar unos mercados agrícolas sometidos a presión. Además, ha reconocido el papel fundamental de los trabajadores estacionales del campo, a quienes se debe permitir que continúen trabajando tras un análisis proporcionado de su estado de salud. Se han adoptado actuaciones de emergencia determinantes, como las ayudas a los operadores privados para abonar los costes de almacenamiento de productos en los sectores lácteo y cárnico, con el fin de proteger a la industria y a los más afectados por la crisis. La PAC ha garantizado la seguridad alimentaria en Europa desde el inicio de la década de los sesenta y sigue haciéndolo en estos tiempos difíciles.

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El número creciente de víctimas en toda Europa demuestra que la COVID-19 es una enfermedad nueva y peligrosa causada por el coronavirus, y no una simple cepa recurrente de la gripe estacional.

Todas las generaciones de europeos han debido afrontar un gran desafío o amenaza. En nuestro caso, la amenaza se llama COVID-19. Lo que hace del virus una amenaza de tal envergadura es lo contagioso que es y cómo se ceba en los más vulnerables: las personas mayores y las personas con problemas de salud. En todo el mundo se ha reconocido el carácter excepcional del virus; la Organización Mundial de la Salud ha declarado una pandemia. La UE ha respondido poniendo en primer lugar la salud y la seguridad de los ciudadanos, lo que significa trabajar en estrecha colaboración con los Estados miembros para coordinar y compartir la información, además de utilizar todos los instrumentos a su disposición para ralentizar la propagación del virus y encontrar soluciones. Son ejemplos de esta respuesta el hecho de organizar la licitación en toda la UE de equipos de protección individual para los hospitales y los profesionales de la salud, facilitar ayuda financiera a los investigadores y las empresas para desarrollar una vacuna y ayudar a los países a prepararse para afrontar las consecuencias económicas de las medidas tomadas para contener la enfermedad.

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No se conoce hoy en día una cura para el coronavirus.

Seguir consejos médicos de fuentes desconocidas o no fiables puede poner en peligro tu salud y privar a otros de medicamentos y material sanitario que para ellos son de vital necesidad. Mucho cuidado con cualquier tipo de tratamiento que no se haya sometido a exhaustivos ensayos, homologado y distribuido de manera general. Si en situación de normalidad no te fiarías... ¡tampoco te fíes ahora!

Únicamente deben aceptarse consejos de fuentes fiables y de confianza: las autoridades nacionales de salud pública, la Organización Mundial de la Salud (OMS) o el Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades (ECDC). Piénsatelo dos veces antes de compartir las informaciones sobre tratamientos que ves en las redes sociales. No dudes en buscar y cotejar informaciones de fuentes de confianza sobre las novedades que van surgiendo. Estamos todos en la misma lucha: no nos dejemos engañar por falsos tratamientos.

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La UE quiere trabajar de manera cooperativa y constructiva con sus vecinos, y siempre denunciará la desinformación y sus fuentes.

La desinformación afecta a nuestra capacidad de tomar decisiones correctas. Para ello, muchas veces intenta abrumarnos a base de informaciones contradictorias hasta que no sepamos qué creernos. Las consecuencias pueden ser graves: se pone en peligro la seguridad de las personas, se deteriora la confianza en los gobiernos y los medios de comunicación, se socava la influencia de la Unión en el mundo, etc. En momentos de mucho estrés y emoción somos más vulnerables a la desinformación... y cuando más lo somos, hay gente que utiliza el COVID-19 para atacarnos.

Según nuestros analistas de EUvsDisinfo, se están divulgando falsas informaciones para sembrar la confusión y la desconfianza en torno a la respuesta europea al COVID-19. No es ningún secreto que en parte proceden de Rusia. La mejor respuesta es denunciar las mentiras, identificar a los responsables y, por nuestra parte, decir la verdad cuanto antes y tantas veces como sea posible. La Comisión Europea, el Parlamento Europeo y el SEAE trabajan para identificar y concienciar sobre la desinformación en torno al virus.

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No hay ninguna relación entre el coronavirus y la tecnología 5G

La UE tiene las normas de protección del consumidor más estrictas del mundo. Es lo que nos permite ir a una tienda y confiar en los productos que compramos. La 5G se atiene a estas normas extraordinariamente estrictas. De hecho, nuestras normas están muy por encima de las aconsejadas por los datos científicos internacionales: en la UE, los límites de exposición para el público en general son al menos 50 veces inferiores a lo que se ha indicado que podría tener un efecto potencial en la salud. Porque, en la UE, las personas son lo primero.

No hay ninguna relación entre la 5G y el COVID-19. El coronavirus se propaga de persona en persona a través de las gotitas que se expulsan al estornudar, toser o expirar. La 5G es la nueva generación de tecnologías de redes móviles, transmitida a través de ondas radiofónicas no ionizantes. No existen pruebas de que la 5G sea perjudicial para la salud. El brote de coronavirus en la ciudad china de Wuhan no tiene nada que ver con la 5G. Se cree que se originó en un mercado mayorista de marisco.

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Todos estamos expuestos al riesgo de infección por el coronavirus

Si no hacemos caso de las recomendaciones oficiales, ponemos en riesgo tanto a jóvenes como a mayores. Hoy por hoy, no hay vacuna contra el coronavirus. Hoy por hoy, nadie es inmune a la infección. Todo el mundo debe cumplir su papel en la lucha contra el virus. Protege tu propia salud, protege a las personas más vulnerables de nuestra sociedad e impide que los servicios médicos se vean sobrecargados. Lavarte bien las manos y no tocarte la cara son las dos maneras más eficaces de impedir que se propague el coronavirus. La Organización Mundial de la Salud recomienda a las personas de todas las edades que tomen medidas para protegerse del virus; por ejemplo, con una buena higiene respiratoria y de las manos y mediante el autoaislamiento.

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Nadie utiliza la crisis del coronavirus como excusa para imponer la vacunación masiva

Por desgracia, todavía no hay vacuna o cura para el coronavirus. La UE ya ha destinado 140 millones de euros a la investigación sobre posibles curas o vacunas. Las vacunas son uno de los mayores éxitos logrados en materia de salud pública. Como mínimo, salvan cada año entre dos y tres millones de vidas en todo el mundo, y a muchas más personas de enfermedades debilitantes e incurables.

La UE defiende activamente que las vacunas funcionan, pero no hay ningún plan de imponer vacunaciones masivas. Aún así, hay mucha gente que difunde informaciones anticientíficas contra las vacunas. Se trata de rumores infundados que se aprovechan de la emoción y el miedo y causan un grave daño a la salud pública.

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La UE siempre ha apoyado las inversiones en salud pública de los Estados miembros

La UE apoya una fuerte inversión en salud pública, área en la cual las normas presupuestarias de la UE nunca han exigido recortes. En Europa, las personas y su salud son lo primero. En la última década, el gasto público en sanidad ha aumentado en la mayoría de los países de la UE. En esta política, la Unión Europea se distingue desde siempre del resto del mundo. Hace poco, la UE puso en marcha un plan para apoyar a los países a lo largo de la crisis, relajando las normas para que los Gobiernos puedan gastar más en servicios de emergencia y centrarse en lo más importante, que es proteger a las personas.

 

Pero esto no es nada nuevo. Desde el desplome financiero de 2008, la UE ha introducido numerosas iniciativas financieras para apoyar a todos los Estados miembros, sobre todo los más afectados por la crisis, como Grecia, España e Italia. Países como Grecia no han visto perjudicados sus sistemas sanitarios debido a estas reformas. Al contrario, el programa de apoyo a la estabilidad de la UE ha ayudado a introducir la cobertura universal y un sistema de asistencia sanitaria integral. Además de apoyar a las pequeñas empresas e impulsar la investigación y la innovación y los proyectos relacionados con el clima, el Plan de Inversiones ha contribuido a financiar gran número de proyectos en el sector sanitario, tales como el desarrollo de nuevos tratamientos contra el cáncer y la ampliación y modernización de hospitales.

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Los países de la UE siguen siendo los mejores socios y están intensificando su solidaridad.

Sería una notable coincidencia que los gobiernos autoritarios con maquinarias de propaganda bien desarrolladas fueran también los mejor equipados para responder a una gran crisis sanitaria... si fuera cierto.

 

La cuestión es que las instituciones europeas y sus socios están haciendo más por los europeos que ninguna otra parte del mundo. Aunque la UE no tiene voz propia en cuestiones de salud pública, hay muchas otras cosas que sí podemos hacer. Se están utilizando todos los instrumentos de que disponemos para luchar contra el coronavirus: mantener abiertas las fronteras a los suministros, crear un foro para coordinar y compartir experiencias, reunir grandes cantidades de ayuda financiera, médica y de personal, y mucho más.

 

Una parte importante de todo ello es organizar la respuesta económica: esto permite que los Estados miembros de la UE se centren en las cuestiones de salud pública, mientras nosotros nos dedicamos a trabajar en la recuperación económica. Aquí se incluye la creación del fondo de solidaridad SURE, dotado con 100.000 millones de euros, y los 37.000 millones de la Iniciativa de Inversión en Respuesta al Coronavirus, que proporciona apoyo financiero para luchar contra la crisis a corto plazo. Además, se reasignarán 1.000 millones de euros del presupuesto de la UE para respaldar préstamos destinados a un mínimo de 100.000 pymes y pequeñas empresas de mediana capitalización europeas.

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Las instituciones y los países de la UE han hecho más por los europeos que ningún otro país, como trabajar las 24 horas del día todos los días de la semana para incrementar los suministros médicos. 

Hemos visto actos de solidaridad notables: los hospitales alemanes que tratan a pacientes italianos, las mascarillas que Francia y Austria envían a los médicos italianos, los países que trabajan mano a mano para llevar de vuelta a casa a las personas y muchos más ejemplos.

 

Una de las mejores cosas que tiene la UE es la puesta en común de recursos y conocimientos para obtener los mejores resultados. Basándose en esta idea, la UE ha iniciado un proyecto denominado «RescEU». Este proyecto almacenará y gestionará la distribución de material médico vital y lo enviará a las zonas más afectadas. Los virus no saben de fronteras ni de nacionalidades: necesitamos encontrar una respuesta europea a lo que es un problema europeo.

 

Al invertir juntos más recursos obtendremos mejores resultados y los fabricantes podrán acelerar la producción sabiendo que sus inversiones darán fruto. El presupuesto inicial de la UE para esta reserva es de 80.000 millones de euros. La solidaridad de la UE salva vidas.

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La UE está ocupándose de las cosas de las que es responsable: facilitar el paso de suministros esenciales a través de las fronteras, mantener la coordinación y el intercambio de información entre los gobiernos y procurar recursos financieros y conocimientos especializados allá donde se necesitan para que los gobiernos puedan seguir centrándose en lo que importa: la salud pública.

 

La potestad de aprobar leyes a nivel nacional para combatir el coronavirus reside exclusivamente en los Estados miembros, por lo que la Comisión no tiene competencias para interferir en la legislación y las decisiones de cada país en temas como la salud. Sin embargo, la UE puede elaborar políticas europeas y adoptar iniciativas paneuropeas rápidas y coordinadas para hacer frente a la crisis junto con los Estados miembros. Esto explica, por ejemplo, que la decisión de imponer un confinamiento y cerrar las fronteras del país se tome a nivel nacional, mientras que la movilización de 140 millones de euros de fondos europeos para desarrollar una vacuna, nuevos tratamientos y pruebas de diagnóstico se haga a nivel de la UE.

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La UE está reuniendo dinero para que las empresas produzcan las cosas que necesitamos para responder a la crisis: mascarillas, guantes, batas de protección y otros equipos médicos.

 

Las empresas necesitan saber que, si dedican sus recursos a estos productos, los productos se comprarán. Para ayudarlas a estar seguras de ello, la Comisión lanzó varios procedimientos conjuntos de contratación pública que están funcionado. Las empresas proponen ahora fabricar más mascarillas y gafas, de hecho, más de las que habíamos solicitado al principio. Los equipos estarán a disposición de los médicos, enfermeros y otras personas que los necesiten poco después de que los Estados miembros firmen los contratos.

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Schengen es una parte fundamental de nuestra respuesta al coronavirus. Mantiene las fronteras abiertas a los suministros y servicios en todo momento. Las medidas especiales, como la introducción de «carriles verdes», harán posible que todos los vehículos de transporte de mercancías crucen las fronteras interiores del espacio Schengen en 15 minutos.

 

Algunos Estados miembros de la UE han introducido controles fronterizos temporales para frenar la propagación del coronavirus, pero esto no significa que las fronteras estén cerradas. Los Estados miembros de la UE están trasladando a pacientes de coronavirus de un país a otro para recibir tratamiento, y las mascarillas, las gafas protectoras y otros suministros esenciales cruzan las fronteras sin problema.

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A los virus no les importa de dónde eres. No les importa ni el color de tu piel ni tu pasaporte. En distintas partes del mundo, hay personas que tratan de culpar de la enfermedad a ciertos colectivos y se refieren a ella como el virus europeo, el virus chino o el virus estadounidense. 

 

Lo cierto es que se trata de un virus humano. El coronavirus se propaga a través de las gotas minúsculas que generan las personas infectadas cuando estornudan, tosen o respiran y no lo transporta ninguna población o grupo en particular. Garantizamos que quienes afirman que el virus está siendo propagado deliberadamente por los migrantes, o por determinados grupos étnicos, lo hacen sin base científica alguna. De hecho, la enfermedad por coronavirus (COVID-19) es una crisis internacional que requiere una solidaridad mundial.

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La UE tiene normas sobre protección de datos y privacidad que figuran entre las más estrictas del mundo. Y eso no va cambiar por el coronavirus.

 

Las tecnologías digitales pueden proteger a las personas y salvar vidas. En todas las fases de la crisis, las aplicaciones de rastreo pueden desempeñar un papel clave, sobre todo cuando llegue el momento de levantar gradualmente las medidas de confinamiento, pues pueden servir de complemento a otras medidas, tales como aumentar las capacidades de efectuar pruebas de diagnóstico. Este tipo de aplicaciones puede contribuir a frenar la propagación del virus advirtiendo al usuario de que tiene cerca a una persona contagiada. Para ello se utiliza la señal de Bluetooth del teléfono. La UE ha acordado un conjunto de herramientas, y la Comisión ha publicado orientaciones específicas para que todas las aplicaciones cumplan las mismas normas: protección de los datos personales, seguridad y eficacia. Aunque utilizar aplicaciones de rastreo será voluntario, solo será eficaz si lo hacen muchas personas. De ahí que deban garantizar una absoluta protección de la intimidad y los datos personales, de modo que los ciudadanos puedan utilizarlas con toda confianza.

 

Por otra parte, la Comisión ha pedido a las empresas de telecomunicaciones que suministren datos de telefonía móvil agregados y anonimizados. Analizando las pautas de movilidad, queremos comprender mejor cómo inciden las medidas adoptadas en la propagación del virus. Muchos operadores de telefonía móvil se muestran interesados por participar en este proyecto, que aspira a abarcar toda la UE y cuyos resultados se compartirán con los Estados miembros. Como es lógico, el proyecto, que no utiliza datos personales, se atiene escrupulosamente al Reglamento General de Protección de Datos de la UE y a la legislación sobre privacidad y comunicaciones electrónicas. En ningún caso se identificarán los datos de ciudadanos concretos.

Cuidado con las estafas en internet

Ten cuidado con las estafas en internet relacionadas con productos que supuestamente pueden curar o evitar que contraigas la enfermedad por coronavirus. Hay comerciantes deshonestos que anuncian o tratan de vender productos —como mascarillas de protección o desinfectantes para manos que supuestamente evitarían la enfermedad o la curarían— que pueden ser falsos y con los que quizá te quieran estafar. Encontrarás consejos para detectar y evitar posibles fraudes aquí.

Recursos e instrumentos online

Descubre una selección de recursos e instrumentos online disponibles para alumnos, profesores y educadores durante el brote de COVID-19.

Lee nuestra entrada en Medium sobre las 5 cosas útiles que conviene saber sobre el coronavirus