Distingamos entre realidad y ficción

¿Algunas de las historias que circulan te parecen poco fiables? Estos son los hechos:

Syiringe

Dada la urgencia de la actual crisis, la UE está tomando las medidas necesarias para garantizar que cualquier vacuna contra la COVID-19 sea segura, eficaz y accesible cuanto antes para todas las personas que la necesiten.

Por desgracia, todavía no hay ni vacuna ni cura para el coronavirus. La UE como tal aún no ha aprobado ni autorizado ninguna vacuna contra la COVID-19. Pero sí ha contribuido a movilizar 15.900 millones de euros a través de la conferencia mundial de donantes enmarcada en la respuesta mundial al coronavirus para la investigación de tratamientos y vacunas. Además, en agosto de 2020, la Comisión alcanzó un acuerdo preliminar con la empresa farmacéutica AstraZeneca para la compra de una posible vacuna contra coronavirus. Al mismo tiempo, la Comisión ha mantenido conversaciones exploratorias con otras empresas. La UE intenta garantizar que cuanto antes haya vacunas seguras y eficaces contra la COVID-19 para cuantas personas las necesiten. Las vacunas son uno de los mayores éxitos logrados en materia de salud pública. Como mínimo, salvan cada año entre dos y tres millones de vidas en todo el mundo, y a muchas más personas de enfermedades debilitantes e incurables. Pero, aqunque la UE apoya firme y activamente la vacunación, no tiene intención ni plan alguno de imponerla a los Estados miembros.

Aun así, son muchos quienes difunden informaciones anticientíficas contra las vacunas. Se trata de rumores infundados, que se aprovechan de la emoción y el miedo de las personas y ocasionan grave daño a la salud pública. Afirmaciones infundadas según las cuales las vacunas modifican el ADN o envenenan a los pacientes —basadas en pruebas falsas o en teorías carentes de demostración científica— consiguen impedir que las personas acepten unas vacunas que podrían protegerlas de graves complicaciones o incluso de la muerte. La COVID-19 ha demostrado ser un virus excepcionalmente peligroso, lo que supone una presión sobre los científicos y virólogos de todo el mundo para que encuentren una cura y la distribuyan lo antes posible. Dada esa presión, y como algunas de las vacunas en fase de desarrollo se basan en virus modificados genéticamente, la UE ha acordado acelerar el proceso autorizando una excepción a la obligación de evaluar el riesgo medioambiental de los ensayos clínicos. Aun así, las vacunas deberán someterse a un exhaustivo período de prueba para garantizar su seguridad antes de poder administrarse a la población.

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Mucho cuidado con quien en las redes dice haber hallado curas milagrosas.

Seguir consejos médicos de fuentes desconocidas o no fiables puede poner en peligro tu salud y privar a otros de medicamentos y material sanitario que para ellos son de vital necesidad. La UE financia la investigación sobre el coronavirus y sobre posibles tratamientos y vacunas. Si se produce un avance decisivo, todos lo sabremos. Hasta entonces, mucho cuidado con cualquier tratamiento que aún no se haya autorizado y distribuido de manera general. Si en situación de normalidad no te fiarías... ¡tampoco te fíes ahora!

Piénsatelo dos veces antes de compartir las informaciones sobre tratamientos que ves en las redes sociales. No dudes en cotejar con fuentes de confianza las informaciones sobre las novedades que van surgiendo. Ejemplo de ello es el debate sobre la hidroxicloroquina (fármaco utilizado para prevenir y tratar ataques de malaria), de la que mucho se ha hablado pese a los resultados de estudios controlados que hasta el momento indican que no es eficaz contra el coronavirus. No te autoadministres este medicamento ni cualquier otra «cura milagrosa» que veas anunciada en las redes sin antes consultar a tu médico de cabecera.

Del mismo modo, desconfía de artículos sensacionalistas sobre resultados positivos de tratamientos experimentales a pequeña escala. Ningún estudio que todavía no esté confirmado mediante experimentos a gran escala y pruebas sólidas debe considerarse como una alternativa a las estrategias de vacunación. De hecho, aun en caso de que esos tratamientos resulten eficaces, la prevención seguirá siendo de la máxima importancia para velar por la salud pública y aliviar la carga que sufren nuestros sistemas sanitarios.

Hasta el momento, la Comisión ha autorizado un tratamiento contra el coronavirus, previa evaluación científica y por recomendación de la Agencia Europea de Medicamentos. Además, a finales de julio, la Comisión tomó medidas para garantizar el acceso de 30.000 pacientes de los Estados miembros que lo siguen actualmente.

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El coronavirus solo puede transmitirse entre las personas a través de las gotitas que expulsan al estornudar, toser o respirar.

Una leyenda muy extendida en las redes es que lo que ha provocado la pandemia de coronavirus es el despliegue de la 5G. Falso. Las teorías conspiratorias que equivocadamente relacionan la 5G con la pandemia de coronavirus probablemente mezclen ambas cosas por ser relativamente novedosas e invisibles a simple vista. La 5G no es más que la siguiente generación de redes móviles y, al igual que las actuales redes 4G, no puede interactuar con un virus. La 5G utiliza ondas radioeléctricas para conectar diferentes dispositivos, y no es un vector del virus, que solo puede sobrevivir en gotitas líquidas. Prueba aún más demoledora de que se trata de una superchería es el hecho de que el coronavirus se haya propagado por todo el mundo, cuando la 5G todavía no está implantada en todas partes. En muchos países donde no existen redes 5G se han registrado grandes brotes de coronavirus. Lo cierto es que no hay correlación alguna entre el coronavirus y las redes 5G.

Proteger a las personas es la máxima prioridad de la UE. De ahí que los límites europeos a la exposición a ondas electromagnéticas se basen en el principio de que «más vale prevenir que lamentar». De hecho, los límites que la UE ha fijado a la exposición de la población a los campos electromagnéticos, y por ende a la 5G, son 50 veces más bajos de los que —según las pruebas científicas disponibles— podrían tener algún efecto en la salud. Para que se autorice su entrada en funcionamiento, todas las instalaciones de 5G deben cumplir estas normas extremadamente rigurosas. Si utilizar la 5G entrañara algún peligro para la salud y el bienestar de las personas en Europa, la UE no habría recomendado su utilización, y los Estados miembros la habrían prohibido.

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La UE tiene un plan coordinado de recuperación de Europa, que consiste en apoyar a la ciudadanía y las empresas mientras siguen tratándose los problemas sanitarios.

En estos momentos, cuando en países de toda Europa se imponen nuevas medidas de confinamiento para contener rebrotes locales, la UE centra todos sus esfuerzos en reanudar las actividades económicas y en forjar una Europa más justa, ecológica y digital. El Plan de Recuperación, con una dotación global de 1,85 billones de euros, contribuirá a que Europa se recupere de la crisis y ayudará a muchos sectores europeos a salir del confinamiento. El plan contempla una serie de programas importantes, como «Next Generation EU», que garantizará una recuperación sostenible, inclusiva y equitativa para todos, incluidos los habitantes de zonas rurales y los colectivos gravemente afectados por la crisis. El fondo «Next Generation EU», creado con la participación de todos los Estados miembros, intensificará la actividad económica en la Unión. Para recibir los fondos, habrá que cumplir el requisito de introducir reformas económicas, pero no se impondrán medidas de austeridad.

 

La UE también tiene el máximo interés por garantizar que los ciudadanos puedan seguir viajando por Europa sin correr el riesgo de contagiarse. “Re-Open EU”, plataforma web creada para ayudar a los europeos a viajar durante la pandemia de coronavirus, se actualiza con la información esencial más reciente sobre restricciones de viaje y requisitos de entrada en cada país de la UE. La situación sigue evolucionando, pero la UE y los Estados miembros ponen por delante la seguridad y el bienestar de las personas, también cuando viajan.

 

Syiringe

No hay ninguna confabulación detrás del esfuerzo mundial por detener la pandemia: solo hay científicos en busca de una vacuna para todos.

Cuando una teoría apunta a un chivo expiatorio al que resulta fácil echar la culpa de todos nuestros problemas, más vale pensárselo dos veces antes de creérsela. Las teorías conspiratorias resultan fascinantes porque, ante preguntas complejas, te ofrecen respuestas simples y directas hasta el exceso. Su formato es predecible y se concentran en un «enemigo» claro e identificable. Son teorías que siguen pautas estereotipadas y predecibles, que se reproducen exactamente igual en diferentes contextos: lo único que cambia es el protagonista. No te dejes engatusar por soluciones simplistas y falsas a una crisis sanitaria tan compleja. 

Una de esas teorías sostiene —sin prueba fidedigna alguna— que Bill Gates creó el coronavirus, y que todo obedece a un maligno designio. Es evidente que no hay tal. La Fundación Bill y Melinda Gates tiene un largo historial de lucha en todo el mundo por erradicar enfermedades peligrosas como la polio. Para acabar con el coronavirus, su fundación ha donado 125 millones de dólares a una iniciativa colectiva, internacional e independiente encaminada a desarrollar y desplegar medios de diagnóstico, terapias y vacunas contra el coronavirus. La fundación también ha apoyado activamente y aportado contribuciones a la maratón lanzada por la Comisión Europea el 4 de mayo para dar una respuesta mundial a la crisis del coronavirus, que ha obtenido compromisos de donantes por importe de 15.900 millones de euros a fin de financiar el desarrollo y despliegue universal de medios de diagnóstico, tratamientos y vacunas contra el coronavirus. Como es lógico, cualquier vacuna contra el coronavirus deberá someterse a rigurosos ensayos clínicos antes de poder autorizarse.

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El coronavirus sigue suponiendo una amenaza para la salud, y la posibilidad de rebrotes en cualquier lugar de la UE es real.

Todas las generaciones de europeos han debido afrontar un gran desafío o amenaza. En nuestro caso, el desafío se llama COVID-19. Lo que hace del coronavirus una amenaza es que es muy contagioso. Cualquier persona puede contraerlo y sufrir graves complicaciones. Gobiernos, expertos y organizaciones de todo el mundo han reconocido el carácter excepcional del virus; la Organización Mundial de la Salud mantiene su declaración de pandemia. La UE ha respondido dando prioridad a la protección de las vidas y los medios de subsistencia, lo que significa trabajar en estrecha colaboración con los Estados miembros para coordinar y compartir la información, además de utilizar todos los instrumentos a su alcance para ralentizar la propagación del virus y encontrar soluciones. Solo gracias a las medidas tomadas por los Estados miembros, por la UE y por la ciudadanía ha sido posible evitar lo peor... al menos por ahora. No sabemos cómo evolucionará la pandemia en el futuro, pero debemos estar preparados para cualquier eventualidad.

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La UE tiene normas sobre protección de datos y privacidad que figuran entre las más estrictas del mundo. Eso no va a cambiar por la pandemia de coronavirus.

Las tecnologías digitales pueden proteger a las personas y salvar vidas. Por ejemplo, el uso voluntario de aplicaciones de alerta y rastreo de contactos puede desempeñar un papel clave en todas las fases de la crisis (sobre todo ahora que aumentan de nuevo los casos) y servir de complemento a otras medidas, tales como intensificar las pruebas de diagnóstico. Este tipo de aplicaciones puede contribuir a frenar la propagación del virus al romper las cadenas de transmisión y advertir a los usuarios que hayan tenido cerca a una persona contagiada. Todas las aplicaciones de rastreo de contactos serán voluntarias, transparentes y seguras, funcionarán a través de las fronteras y respetarán plenamente la privacidad de las personas.

Para facilitar el correcto funcionamiento de las aplicaciones de rastreo de contactos, la Comisión alojará un portal de interoperabilidad, esto es, albergará la infraestructura digital necesaria para garantizar que los servidores de las aplicaciones nacionales puedan comunicarse entre sí. Esta solución, aplicada a la inmensa mayoría de las aplicaciones de rastreo introducidas en la UE, facilitará unos viajes turísticos y de negocios seguros en Europa mientras dure la pandemia.

Además, la Comisión ha publicado orientaciones específicas para que todas las aplicaciones cumplan las mismas normas de protección de datos personales, seguridad y eficacia. Aunque utilizar aplicaciones de rastreo será voluntario, solo será eficaz si lo hacen muchas personas. De ahí que todos debamos poder confiar en ellas y usarlas. Varios países de Europa, como Alemania e Irlanda, han introducido aplicaciones de rastreo de contactos, y otros prevén hacerlo en los próximos meses.

Además, la Comisión ha pedido a las empresas de telecomunicaciones que, a título excepcional, le faciliten metadatos totalmente anonimizados y agregados para compartirlos con los Estados miembros. Analizando las pautas de movilidad comprenderemos mejor la relación entre la propagación del virus y las medidas adoptadas. Los resultados se compartirán con los Estados miembros. Como es lógico, el proyecto, que no utiliza datos personales, se atiene escrupulosamente al Reglamento General de Protección de Datos de la UE y a la legislación sobre privacidad y comunicaciones electrónicas, que figura entre las más estrictas del mundo. En ningún caso se identificarán los datos de personas concretas.

disinfo

Las mascarillas, complemento de otras medidas preventivas, son totalmente seguras y deben utilizarse y desecharse adecuadamente.

Todos queremos protegernos del coronavirus. Correctamente utilizadas, las mascarillas pueden darnos seguridad y proteger nuestra salud mientras dure la pandemia. Llevar mascarilla en público es un acto de solidaridad. Es posible contagiarse sin tener síntomas, en cuyo caso la mascarilla puede proteger a quienes nos rodean, sobre todo en espacios cerrados tales como comercios o transportes públicos.

Ahora bien, hay que evitar que las mascarillas nos procuren una sensación de seguridad absoluta. Las mascarillas son un complemento de otras técnicas preventivas, como el lavado de manos y la distancia social, y no bastan por sí solas para garantizar una protección total. Deben colocarse y retirarse correctamente. De lo contrario, pueden provocar contagios en lugar de evitar la propagación del virus.

Un uso adecuado de la mascarilla no provoca estados tales como la hipoxia (falta de oxígeno) o la hipercapnia (intoxicación por dióxido de carbono). Mediante pruebas realizadas antes de su exportación a la UE, pero también después de su entrega en los Estados miembros, la UE garantiza que las mascarillas distribuidas a través de sus mecanismos de apoyo sean de calidad suficiente. La UE pone todo su empeño en garantizar una gestión adecuada de los residuos de mascarillas y otros materiales sanitarios. Es importante recordar que el uso recomendado de mascarillas debe atender al contexto local y a los datos científicos más recientes. Y también lo es estar al corriente de las últimas recomendaciones de las autoridades sanitarias nacionales.

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Todos estamos expuestos al riesgo de infección por el coronavirus.

Si no hacemos caso de las recomendaciones oficiales, ponemos en riesgo tanto a jóvenes como a mayores. No existe hoy por hoy vacuna contra el coronavirus, y aún hay cierta incertidumbre en torno a la inmunidad natural tras un contagio. Pero además, aún no sabemos qué efectos tiene el virus a largo plazo. Las investigaciones científicas siguen su curso, pero lo cierto es que no sabemos lo suficiente sobre el daño que puede causar el virus. Sabemos que cualquier persona puede contraerlo.

Todo el mundo debe cumplir su papel en la lucha contra el virus. Protege tu propia salud, protege a las personas más vulnerables de nuestra sociedad e impide que los servicios médicos se vean sobrecargados. Lavarte bien las manos, no tocarte la cara, observar distanciamiento social en los espacios públicos y aislarte y consultar al médico de cabecera en caso de tener síntomas son las maneras más eficaces de impedir la propagación del coronavirus. La Organización Mundial de la Salud recomienda a las personas de todas las edades que tomen medidas para protegerse del coronavirus; por ejemplo, con una buena higiene respiratoria y de las manos y mediante el autoaislamiento.

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Los países de la UE siguen siendo los mejores socios y están intensificando su solidaridad.

El hecho es que las instituciones europeas y sus socios hacen más por los europeos que nadie más en el mundo. Aunque las instituciones de la UE no han recibido de los Estados miembros competencias en materia de salud pública, sí cuentan con instrumentos tales como capacidades de coordinación y pueden emitir recomendaciones sobre salud y seguridad. Para luchar contra el coronavirus utilizamos todos los medios a nuestro alcance: desde mantener las fronteras abiertas a los suministros, pasando por ayudar a los Estados miembros a coordinarse y compartir experiencias, hasta facilitar un gran volumen de asistencia financiera, médica, de personal, etc. etc.

El coronavirus supone una grave conmoción para la economía europea y mundial. La Comisión utiliza todos los medios de que dispone para responder con rapidez, firmeza y coordinación, proteger a los ciudadanos y paliar las consecuencias socioeconómicas negativas de la pandemia. Son ejemplos de dicha respuesta 100.000 millones de euros de la iniciativa SURE para financiar regímenes de reducción del tiempo de trabajo a fin de proteger a las personas y sus empleos; 70.000 millones de euros directamente con cargo al presupuesto de la UE para apoyar los sistemas sanitarios, la investigación, a las pyme y a nuestros socios fuera de la UE; más de 200.000 millones de euros del Grupo del Banco Europeo de Inversiones para apoyar a las empresas, sobre todo las pymes; y 240.000 millones de euros de la salvaguardia ante una crisis pandémica (Mecanismo Europeo de Estabilidad) para ayudar a sufragar los costes directos e indirectos de la atención sanitaria. Estas medidas se complementan a través del programa de compras de emergencia pandémica del Banco Central europeo, cuya dotación total alcanza unos 1,350 billones de euros.

Es importante que Europa trabaje junta para salir de esta cuarentena más fuerte y unida que nunca. Partiendo de los principios de solidaridad y equidad, tal es el objetivo del próximo presupuesto a largo plazo de la UE y del plan de recuperación Next Generation EU, que, una vez adoptado, contribuirá a reconstruir la economía europea y a hacerla más justa, resiliente y sostenible para las generaciones futuras.

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Toda medida de contención o confinamiento adoptada en Europa es temporal y se basa en datos científicos; no marca el fin de la democracia ni de los valores europeos.

Respetar el distanciamiento social y los procedimientos de contención salva vidas y ataja la propagación del coronavirus. Estas medidas se basan en los datos científicos más recientes a los que tienen acceso los responsables de la toma de decisiones en cada Estado miembro. Al mismo tiempo, la Unión Europea trabaja junto con los Estados miembros para mitigar en la medida de lo posible los efectos y dificultades que acarrea la contención. La Unión ha facilitado a los Estados miembros una hoja de ruta europea de recomendaciones para la aplicación coordinada de las medidas de contención de brotes que sean necesarias, poniendo siempre especial empeño en mantener el respeto del Estado de Derecho y los derechos democráticos. Los valores fundamentales europeos —como las libertades de circulación y de expresión— son consustanciales al modelo y la forma de vida de la UE y resultan más importantes que nunca en este periodo de crisis. La UE está resuelta a garantizar el mantenimiento de estos valores en toda la Unión tanto a lo largo de este difícil periodo como más allá.

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Según las pruebas disponibles, la enfermedad por coronavirus es de origen animal, y la pandemia no es un fenómeno artificial.

Es más importante que nunca colaborar solidariamente con los países de todo el mundo para combatir el coronavirus. La desinformación y las acusaciones sin fundamento sobre el origen de esta enfermedad pueden dañar fácilmente unas redes de apoyo internacional que resultan vitales y sin las cuales muchas vidas correrán peligro. Debemos cooperar con los demás y reconocer que, hasta la fecha, no hay pruebas científicas de que el coronavirus tenga un origen humano, ya sea deliberado o accidental.

La causa de la COVID-19 es el virus Sars-CoV-2 (cepa de la familia de los coronavirus). Los coronavirus causan enfermedades respiratorias y pueden transmitirse de los animales a las personas. Se cree que el coronavirus que actualmente nos afecta pasó a los humanos en un mercado de pescados y mariscos de la ciudad china de Wuhan, desde donde la enfermedad se notificó por primera vez a la Organización Mundial de la Salud el 31 de diciembre de 2019. Siguen en pie importantes y necesarios interrogantes sobre la comunicación y gestión del brote epidémico. Pero, por cuanto sabemos, se trata de un hecho completamente natural. Culpar a otros no mejorará la situación actual: solo permaneciendo unidos, Europa y el resto del mundo, podremos superar la pandemia de coronavirus.

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La UE trabaja de manera cooperativa y constructiva con sus vecinos, y siempre denunciará la desinformación y sus fuentes.

La desinformación afecta a nuestra capacidad de tomar decisiones correctas abrumándonos a base de informaciones contradictorias hasta que no sabemos qué creernos. Las consecuencias pueden ser graves: se llega a poner en peligro la seguridad de las personas, a deteriorar la confianza en los gobiernos y los medios de comunicación y a socavar nuestro papel en el mundo. En momentos de gran estrés somos especialmente vulnerables a la desinformación... y cuando más lo somos, en plena pandemia de coronavirus, hay gente que aprovecha para atacarnos.

Según nuestros analistas de EUvsDisinfo, en todo el mundo se están divulgando falsas informaciones para sembrar la confusión y la desconfianza en torno a la respuesta europea al coronavirus. En la UE, en su vecindad y a escala mundial hay agentes extranjeros, por ejemplo en terceros países como Rusia y China, que han lanzado operaciones de influencia y campañas de desinformación específicas en torno al coronavirus para socavar el debate democrático, exacerbar la polarización social y mejorar su propia imagen en el contexto del coronavirus. La mejor respuesta es denunciar estas tentativas, identificar a los responsables y, por nuestra parte, decir la verdad cuanto antes y tantas veces como haga falta. La Comisión Europea, el Parlamento Europeo y el Servicio Europeo de Acción Exterior trabajan para identificar y concienciar sobre la desinformación en torno al virus.

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A los virus no les importa de dónde eres. No les importa ni tu origen étnico ni tu pasaporte.

En distintas partes del mundo, hay personas que buscan culpar del coronavirus a diferentes colectivos y hablan de virus europeo, virus chino o virus estadounidense. El hecho es que el coronavirus se propaga de una persona a otra a través de las gotas minúsculas que emiten las personas contagiadas al estornudar, toser o respirar, pero no lo propaga ninguna población o colectivo en particular. Podemos garantizar que quienes afirman que el virus está siendo propagado deliberadamente por los migrantes o por determinados grupos étnicos lo hacen sin base científica alguna. La enfermedad por coronavirus es una crisis mundial y que requiere solidaridad mundial.

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La UE apoya las inversiones en salud pública de los Estados miembros.

La UE apoya una fuerte inversión en salud pública, área en la cual las normas presupuestarias de la UE nunca han exigido recortes. En Europa, las personas y su salud son lo primero. En la última década, el gasto público en sanidad ha aumentado en la mayoría de los Estados de la UE. Esta política ha sido siempre característica de la Unión Europea para el resto del mundo. Hace poco, la UE puso en marcha un plan para apoyar a los países a lo largo de la crisis, relajando las normas para que puedan gastar más en servicios de emergencia y centrarse en lo más importante, que es proteger a las personas.

Esto tampoco es nuevo: desde el desplome financiero de 2008, la UE ha introducido numerosas iniciativas financieras para apoyar a todos los Estados miembros, sobre todo los más afectados por la crisis, como Grecia, España e Italia. Países como Grecia no han visto perjudicados sus sistemas sanitarios debido a estas reformas. Al contrario, el programa de apoyo a la estabilidad de la UE ha ayudado a reforzar la cobertura universal y un sistema de asistencia sanitaria integral. Además de apoyar a las pequeñas empresas e impulsar la investigación y la innovación y los proyectos relacionados con el clima, el Plan de Inversiones ha contribuido a financiar un gran número de proyectos en el sector sanitario, tales como el desarrollo de nuevos tratamientos contra el cáncer y la ampliación y modernización de hospitales. Además, la Comisión ha presentado el programa EU4Health para reforzar las medidas de la Unión contra las pandemias. El programa, dotado con un presupuesto de 9.400 millones de euros, pondrá fondos a disposición de los países de la UE, las organizaciones del ámbito de la salud y las ONG.

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La UE se ocupa de aquello que le compete para que los gobiernos puedan seguir centrándose en sus prioridades.

La facultad de aprobar leyes nacionales y tomar decisiones para combatir el coronavirus reside exclusivamente en los Estados miembros y en las regiones de algunos de los mismos. La Comisión no tiene competencias para interferir en la legislación y las decisiones de cada país en temas como la salud. Pero la UE sí puede elaborar políticas europeas y adoptar iniciativas rápidas y coordinadas en toda Europa para hacer frente a la crisis junto con los Estados miembros. Esto explica, por ejemplo, que la decisión de imponer un confinamiento y cerrar las fronteras del país se tome a nivel nacional, mientras que la movilización de 100 millones de euros de fondos europeos para desarrollar una vacuna, nuevos tratamientos y pruebas de diagnóstico se haga a nivel de la UE en el marco del programa de investigación e innovación de la UE, Horizonte 2020. Esto se suma al compromiso actual de la Comisión de 15.900 millones de euros para la iniciativa de respuesta mundial a la crisis del coronavirus, puesta en marcha por la presidenta Von der Leyen el 4 de mayo.

No te dejes engañar por los bots

Desenmascarar las teorías conspiratorias

La pandemia de coronavirus ha ido acompañada de una serie de oleadas de peligrosas teorías conspiratorias, propagadas sobre todo a través de Internet. En ellas se plantean perniciosas y retorcidas explicaciones sobre el posible origen del virus y los culpables de su propagación. Dentro de su planteamiento global para combatir el impacto negativo de las teorías conspirativas, la Comisión Europea y la UNESCO publican una serie de accesibles infografías educativas para que los ciudadanos puedan desenmascarar —y combatir— las teorías conspirativas.

Más información

Cuidado con las estafas en internet

Ten cuidado con las estafas en internet relacionadas con productos que afirman que pueden curar o evitar que contraigas la COVID-19. Hay comerciantes deshonestos que anuncian o tratan de vender productos —como mascarillas de protección o desinfectantes para manos que supuestamente evitarían la enfermedad o la curarían— que pueden ser falsos y con los que quizá te quieran estafar. Encontrarás consejos para detectar y evitar posibles fraudes aquí.

Recursos e instrumentos online

Descubre una selección de recursos e instrumentos online disponibles para alumnos, profesores y educadores durante el brote de COVID-19.

Lee nuestra entrada en Medium sobre las 5 cosas útiles que conviene saber sobre el coronavirus