Una amarga realidad: la lucha contra el trabajo infantil en las plantaciones de caña de azúcar de Filipinas

Una amarga realidad: la lucha contra el trabajo infantil en las plantaciones de caña de azúcar de Filipinas

Trabajar en los campos entraña un gran peligro.

Pitang, un niño de 14 años de edad, trabajador de la plantación de caña de azúcar

CONTEXT

La OIT estima que hay 5,5 millones de niños de 5-17 años trabajando en Filipinas. Además, se estima que 3,2 millones de niños trabajan en condiciones peligrosas. La UE trabaja para reducir el trabajo infantil en el país.

OBJECTIVES

  • Retirar del trabajo peligroso a 300 niños y niñas trabajadores en las comunidades destinatarias, y facilitar su reintegración a la escuela normal.

RESULTS

  • Se han abierto seis centros de enseñanza de Bata Balik-Eskwela en seis comunidades donde existen plantaciones y minas.
  • Al menos 100 niños se inscriben en estos centros de enseñanza cada año.

FACTS AND FIGURES

  • Los centros tienden puentes con la escuela con clases de repaso que facilitan a los niños trabajadores su reinserción en la escuela reglada.
  • El proyecto implementa un programa de apoyo a la subsistencia para las familias y una campaña de concienciación sobre el trabajo infantil.

PARTNERS

TESTIMONY

Reinserción de los niños trabajadores en la escuela reglada

Pitang tiene catorce años y hasta hace poco trabajaba en esos campos. Su familia pertenece a uno de los grupos indígenas de Mindanao.

Pitang se fue por primera vez con su padre a trabajar cuando solo tenía 6 años. Su padre y ella dormían en una cabaña improvisada y se alimentaban del pescado seco con arroz que les proporcionaba el patrón pero que les descontaba del salario. Un día de labor habitual comenzaba a la luz del alba y se alargaba hasta bien entrada la noche. A cambio de este penoso trabajo, cada día recibía un salario raquítico de 150 pesos (unos dos euros y medio).

Pero Pitang era valiente y sabía que podría afrontar cualquier desgracia siempre que su padre estuviera con ella, cuidándola y haciéndole sentirse segura entre las afiladas hojas de la caña de azúcar.

La situación empeoró cuando su padre se puso enfermo y no podía ir a trabajar con ella. Tenía solo 10 años y, como la familia necesitaba dinero con urgencia, tuvo que dejar la escuela a mitad de curso.

Pese al duro trabajo y la soledad, nunca dejó de soñar con recibir una educación algún día.  El año pasado, Pitang supo por primera vez de la existencia de "Bata Balik Eskwela, un proyecto creado por la ONG filipina EILER, que cuenta con el apoyo de la UE. Después de conocer que esta iniciativa tenía como objetivo la reinserción de los niños trabajadores en el entorno educativo, no dudó ni un segundo en inscribirse

Su afán de superación no tiene límites, y eso tiene recompensa. Según la última evaluación de su profesora, Pitang ahora es capaz de leer en filipino, progresa en matemáticas y puede incluso leer un poco en inglés. Su último logro ha sido escribir una redacción, algo que le era totalmente imposible antes.

En este momento ya piensa su próximo reto: cantar en un escenario y recibir los aplausos del público.