Diega y Emilia pasaron de vivir con un dólar diario a tener su propio negocio de costura

Diega y Emilia pasaron de vivir con un dólar diario a tener su propio negocio de costura

Instituto de Formación Profesional del Sindicato General de Costureras

A través del Instituto implementamos una nueva forma de romper con los paradigmas de la pobreza en las zonas rurales de El Salvador y de mejorar las condiciones de vida de muchas mujeres, potenciando su tecnificación y asociatividad y fomentando el emprendimiento.

Aracely Martínez, directora del Instituto de Formación Profesional del Sindicato General de Costureras

CONTEXTO

El Instituto de Formación Profesional del Sindicato General de Costureras se creó en 2015 con financiamiento de la Unión Europea y en asocio entre el Grupo de Monitoreo Independiente de El Salvador (GMIES) y la organización italiana SOLETERRE. El Instituto funciona con una sede en las instalaciones del Sindicato, y de forma itinerante en cuatro municipios en el interior del país: Victoria (Cabañas), Concepción Quezaltepeque (Chalatenango), San Miguel (San Miguel) y Santa Rosa de Lima (La Unión).

OBJETIVOS

  • El objetivo global del Instituto Profesional del Sindicato General de Costureras es mejorar las condiciones de vida de mujeres trabajadoras de maquila y trabajadoras rurales, nacionales y migrantes, potenciando su tecnificación y asociatividad en iniciativas económicas-productivas.
  • Capacitar y formar a las mujeres en derechos laborales para sensibilizarlas y concientizarlas de ser sujetas de derecho para la defensa y promoción de sus derechos como trabajadoras y como mujeres.

RESULTADOS

  • Capacitadas 3 000 personas en habilidades técnicas para desarrollar una actividad económica.
  • Generadas 30 Unidades productivas en las que al menos dos mujeres están asociadas.
  • Capacitadas más de 3 000 mujeres sobre sus derechos humanos.
  • Capacitadas 3 000 personas en derechos laborales, el 95% con el perfil de mujeres migrantes, rurales y que laboran en maquila y trabajo doméstico.
  • Establecidos acuerdos de cooperación con otras organizaciones, sindicatos y empresas para capacitar a mujeres sobre sus derechos.

DATOS Y CIFRAS

  • Las familias beneficiadas vivían con menos de un dólar diario, y con al menos 3 menores de edad en el núcleo familiar.
  • El ingreso adicional para estas familias ha ido desde $40 hasta $200 dólares mensuales.

TESTIMONIO

Diega y Emilia pasaron de vivir con un dólar diario a tener su propio negocio de costura

Diega Membreño y Emilia Leiva crecieron en el área rural de uno de los departamentos más pobres y golpeados por la guerra civil salvadoreña de los años 80: Cabañas.

Diega, de 62 años y residente en el municipio de Guacotecti, nunca aprendió a leer ni escribir. Con tan solo ocho años comenzó a trabajar para el dueño de una hacienda. Emilia, de 40 años creció en una familia humilde de campesinos en el municipio de Victoria. Al estallar el conflicto armado, abandonó los estudios en sexto grado para luchar con la guerrilla. Años después, obligada por la pobreza y para ayudar a sus cinco hijos, obtenía sus ingresos de la venta de tamales y de la recogida en la basura de latas y botellas para venderlas a empresas recicladoras.

Se conocieron hace dos años como beneficiarias del curso de corte y confección del proyecto del Instituto Profesional del Sindicato General de Costureras. Al principio, Diega se desanimaba por la dificultad que le suponía el hecho de no saber leer pero las formadoras la alentaron a seguir. Emilia tenía que cuidar a su hija de un año así que decidió asistir a las clases acompañada por la niña.

Todas las beneficiarias del proyecto adquirieron conocimientos sobre derecho laboral, emprendimiento y derechos de las mujeres. "Nos sirvió mucho identificar las formas de violencia a las que estamos expuestas para poder ayudar así a quienes la sufren", explica Diega.

Tras el proceso de formación, se dio un acompañamiento y capital semilla del que ambas se beneficiaron para crear una Unidad Productiva, que tiene como sede la casa de Diega.

Ya con las máquinas y material necesario para iniciar la producción, comenzaron a confeccionar vestidos, mantas, cubrecamas, almohadas, manteles, ropa interior de hombre, delantales y faldas. Las seis horas al día que trabajan de lunes a viernes las disfrutan como nunca antes habían hecho en sus otras actividades, y los fines de semana dejan los hilos y agujas para ir al mercado de Sensuntepeque a vender sus creaciones. "Tenemos bastante éxito en las ventas y también hay gente que nos hace pedidos sin conocernos porque vieron alguna prenda que les gustó a otro comprador y le piden nuestro contacto", comenta Emilia. Hace unos días comenzaron a tener encargos de algunas empresas.

Tras mucho tiempo de vivir con apenas un dólar diario cada una, ahora la unidad les genera un ingreso de alrededor de 200 dólares mensuales entre las dos.