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Una historia conmovedora

No todo el mundo sueña con ser trabajador móvil. Hay personas que toman esa decisión más por necesidad que por elección de un estilo de vida. Tal fue el caso de Daniela Tsvetanova, que dejó su Bulgaria natal y se marchó a Alemania. Pero una vez allí se dio cuenta de que a veces las previsiones negativas no se corresponden con la realidad. 
 
Daniela habla con afecto del director de hotel que es su jefe actual: «Me ha facilitado todo: un buen trabajo, un buen sueldo, días de vacaciones... y es una persona muy inteligente, tolerante y respetuosa», afirma Daniela.
 
Pero comencemos por el principio: Daniela era una próspera empresaria en Bulgaria, propietaria de varias pizzerías y bares. Cuando la crisis afectó al país, el negocio empezó a ir cuesta abajo, y Daniela se encontró con serias dificultades financieras y sin trabajo. A esto hay que añadir la enfermedad de un miembro de su familia, que precisó una intervención quirúrgica por la que hubo que pagar. 
 
«Irme al extranjero no era mi idea primigenia, pero me vi obligada a hacerlo por la situación en la que me encontraba. Algunos amigos me habían dicho que había más salidas en otros países europeos», dice Daniela. De modo que se informó de las condiciones para emigrar al extranjero*. En primer lugar se trasladó a la vecina Grecia, donde trabajó como responsable de buffet frío, preparando entrantes fríos y postres. Fue una experiencia dura en muchos aspectos, pero sirvió de estímulo a Daniela para continuar su búsqueda. En ese punto acudió a EURES para solicitar ayuda y allí conoció a Malinka Todorova, consejera EURES en Burgas (Bulgaria oriental), que la atendió encantada.
 
«Malinka me enseñó a buscar puestos vacantes en el portal de EURES y me guió por el proceso de escribir una solicitud y ponerme en contacto con las empresas. No tardé mucho en contactar con tres empresas interesantes en Alemania, dos de las cuales dieron una respuesta positiva», recuerda Daniela.
 
Sólo dos meses después, Daniela trabajaba como camarera en el hotel Nordseehotel Freese, en la isla de Juist, en la zona noroeste de Alemania. «Es sorprendente», explica. «El trabajo estacional** es perfecto para mí, que nunca me he planteado la posibilidad de abandonar Bulgaria para siempre».
 
Y los limitados conocimientos de alemán de Daniela no han resultado un obstáculo, pues los suple con su dedicación al trabajo.
 
«¿Que cómo me las arreglo sin hablar la lengua? Pues no lo sé, y nadie parece explicárselo tampoco. Yo me limito a mirar, escuchar y trabajar con verdadero ahínco; supongo que las personas respetan a los que cumplen con su obligación», concluye Daniela.
 
 
Más información:
 
 
** Los contratos de trabajo estacionales no necesitan permiso de trabajo en algunos países (véase más arriba), aunque se limitan a seis meses y sólo pueden renovarse tres meses después de finalizado el último contrato. 
 
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