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Prendada del mar, de las montañas y de la cultura griega

Sibel Amet, originaria de Rumanía, 27 años de edad en la actualidad, llegó en 2005 a la ciudad griega de Kalamata, situada en el Peloponeso, como voluntaria de un programa de turismo, a través del “European Voluntary Service” (Servicio Europeo de Voluntariado EVS), un proyecto de la Comisión Europea concebido con el fin de brindar a jóvenes voluntarios oportunidades de trabajo en el extranjero. Tras viajar extensamente por Grecia y obtener cierta experiencia en programas de voluntariado juvenil, ya de vuelta en Rumanía, acarició la idea de quedarse a vivir allí durante algún tiempo. “Deseaba conocer caras nuevas, conocer el país, experimentar nuevas formas de vida. Al principio, no hablaba ni una sola palabra de griego, pero no iba a arredrarme por ello: y empecé a estudiar la lengua en cuanto puse los pies en el país.”

Sibel no tardó en quedarse prendada de Kalamata: “¡Los dioses habían gratificado espléndidamente a los mesenios, prodigándoles montañas y también costas!” Una vez finalizada su estancia de seis meses, a finales de febrero de 2006, concibió el deseo de prolongar su estancia y empezó a buscar empleo. Al cabo de algunas búsquedas en Internet, encontró la página web de EURES y no tardó en ponerse en contacto con la oficina local.

Al cabo de dos semanas, sus consejeros locales le habían ayudado a encontrar trabajo. La Cámara de Comercio local de Kalamata había notificado a la oficina EURES de Kalamata que en la Asociación Mesenia de Desarrollo y Mejora (ETAP) había una vacante para una persona con buenos conocimientos lingüísticos y experiencia en proyectos de desarrollo local, de manera que fue convocada para una entrevista casi al momento. Todo salió a pedir de boca, y Sibel, que habla con fluidez inglés, francés, rumano y ahora también griego, obtuvo contrato inmediatamente.

En marzo de 2006, Sibel empezó a trabajar a tiempo parcial en la coordinación de programas locales de voluntariado centrados en el turismo y el desarrollo sostenible. Se desempeñó con eficacia: a finales de ese año, se le amplió el contrato y pasó a trabajar a tiempo completo. Además, en enero de 2009 descongestionó ligeramente su volumen de trabajo en ETAP para aceptar un trabajo como coordinadora de eventos a tiempo parcial en el centro Europe Direct, que proporciona información a los ciudadanos sobre todo tipo de cuestiones relacionadas con la Unión Europea. Para Sibile, su variada y repleta agenda de trabajo constituye “una oportunidad única” de entrar en contacto con personas de muchos lugares de Europa: “siempre tiene una algo que aprender, y no me aburro en ningún momento.”

En la actualidad, Sibel disfruta de su vida en Kalamata y se siente plenamente integrada. “Al principio no todo fue fácil, porque se trata de una comunidad pequeña y el idioma suponía una barrera.” Poco a poco fue haciendo amistad con jóvenes de Kalamata que habían viajado fuera del país y estaban más habituados al trato con extranjeros. A través de estas amistades iniciales, entró en contacto con otros nativos y su dominio del griego mejoró rápidamente. “Aquí todo el mundo conoce a todo el mundo, y ahora yo no soy una excepción”

Prueba de esta integración, el hecho de que Sibel trabaja como voluntaria para varias organizaciones locales encargadas de formar a voluntarios de otros países. Sin embargo, al cabo de casi cuatro años, aún recuerda el asombro que le provocó al principio el ritual griego “del café”, horas que transcurren alrededor de una taza de café y de una charla distendida. Al cabo de un tiempo, esa manera griega de tomar las cosas como vienen (halarah), no la fascinó menos, y en la actualidad se considera una auténtica nativa.

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