Medio ambiente

Milán: lecciones en materia de tasas por congestión

08/07/2013
Milan: lessons in congestion charging

Gracias a un sistema de tasas por congestión implantado en la ciudad de Milán, en el norte de Italia, se ha conseguido reducir el tráfico y la contaminación ambiental asociada en el centro de la ciudad; pero también se ha puesto de manifiesto la necesidad de contar con la aceptación pública para ese tipo de sistemas y la necesidad de transparencia respecto a los ingresos obtenidos a través de las tasas por congestión.

La aplicación de tasas por congestión para acceder al centro de las ciudades no es algo nuevo. Londres introdujo un sistema de este tipo en 2003. Igualmente, en Estocolmo se lanzó un sistema en 2006, oficialmente una tasa por congestión, deducible del impuesto sobre la renta. Pero también ha habido otros intentos infructuosos de aplicar la tasa por congestión que han fallado a causa de la oposición política o pública: en Edimburgo, por ejemplo, y en la ciudad de Nueva York.

En Milán, una de las ciudades con mayor tráfico de Italia, se introdujo en 2008 un sistema ECOPASS. Este impuesto, que se aplicaba a los vehículos más contaminantes al entrar al centro de la ciudad, tenía como objetivo persuadir a los conductores para que comenzaran a utilizar vehículos menos contaminantes. El sistema fue un gran éxito: se redujo drásticamente el número de vehículos muy contaminantes que entraban a la ciudad, pero no así el número total de vehículos, ya que se produjo un cambio general a vehículos poco contaminantes. El problema de la congestión seguía por tanto sin resolverse.

Milán organizó en junio de 2011 un referéndum urbano sobre medidas para sustituir el ECOPASS por un sistema de reducción de la congestión más completo. Casi un 80 % de los votantes respaldaron los planes del ayuntamiento. A principios de 2012 se introdujo una tasa general por congestión.

Los conductores deben pagar una tasa de 5 euros por día para entrar al centro urbano entre 7:30 y 19:30. Los residentes del centro de la ciudad están exentos del pago las primeras 40 veces, pero deben abonar una cantidad reducida de 2 euros a partir de la siguiente vez en adelante. Los conductores deben adquirir un tique en un parquímetro, un quiosco de prensa o cualquier otro punto de venta, o a través del sistema Telepass electrónico italiano, diseñado para el pago automático de los peajes en las autopistas. La supervisión del sistema se realiza mediante cámaras. La ciudad se ha preocupado para tener en cuenta los intereses de los negocios ubicados en el centro urbano. Los jueves, por ejemplo, el período de pago finaliza antes para que los ciudadanos puedan aprovechar que las tiendas cierran más tarde. No hay tasas para los coches eléctricos ni híbridos.

Pierfrancesco Maran, Consejero de Medio Ambiente y Transporte de Milán, comenta que gracias a la tasa por congestión, «el tráfico se ha reducido en más de un 30 %» y que esto ha dado como resultado una disminución de la contaminación; por ejemplo, un 33 % menos de negro de carbón (hollín procedente de los tubos de escape de los vehículos). Una cuestión de gran importancia, añade, ha sido la transparencia en el uso de los ingresos procedentes del sistema. En 2012, la tasa por congestión generó ingresos del orden de 20,3 millones de euros. Esta cifra se reinvirtió en el transporte público, en sistemas de uso compartido de bicicletas y en otras infraestructuras relacionadas con el transporte. Este uso de los ingresos ha contribuido a la aceptación pública de la tasa por congestión.

Hasta la fecha, comenta Maran, la tasa por congestión no ha tenido efectos en cadena, por ejemplo, respecto a un mayor uso del estacionamiento en las áreas colindantes a las zonas de pago o ni respecto a un cambio de los ciudadanos hacia modos de transporte público. Las principales repercusiones parecen ser que los conductores que atravesaban el centro urbano de camino a otro lugar han comenzado a evitarlo. No obstante, Milán se enfrenta a un importante reto a la hora de perfeccionar el sistema: tomar medidas contra los usuarios que no pagan. Los conductores de los países vecinos, como por ejemplo Francia, representan uno de los problemas más acuciantes, ya que Milán no tiene actualmente capacidad para perseguirlos por el impago de las tasas.