Medio ambiente

Consecución del estado estacionario: entrevista con el pionero en economía ecológica, Herman Daly

02/09/2013
Achieving a steady state: an interview with ecological economics pioneer Herman Daly

Europa atraviesa una crisis de crecimiento económico. Los economistas se esfuerzan por presentar recomendaciones que los políticos puedan convertir en políticas que restauren el crecimiento y, con él, la promesa de más empleo y prosperidad. Pero, en gran parte del planeta, el crecimiento se ha basado en la explotación de los recursos, una práctica insostenible en un mundo donde estos últimos son limitados y cuya población va en aumento. Una de las respuestas a este dilema es la ecoinnovación, definida como

No obstante, hay un grupo de economistas que va más allá y reclama la creación de una economía de estado estacionario. Según este concepto, existe un conflicto entre el crecimiento económico tradicional y la protección del medio ambiente, la sostenibilidad económica y la estabilidad internacional. Los recursos ya están sobreexplotados y el patrón de crecimiento actual desembocará tarde o temprano en una lucha por los recursos. El Center for the Advancement of the Steady State Economy (CASSE), cuya sede se encuentra en Arlington, Virginia (EE. UU.), argumenta que «nos hallamos en una situación mundial de rebasamiento de los límites, en la que continuamos acumulando deuda ecológica y agotando el capital natural para mantener la economía en marcha».

El CASSE define la economía de estado estacionario en estos términos: «una economía con existencias constantes de personas e instrumentos, mantenida en niveles deseados y suficientes por medio de tasas reducidas de "consumo" de mantenimiento, es decir, por los flujos más bajos posibles de materiales y energía desde la primera fase de la producción hasta la última fase del consumo». Esta definición aparece en el libro Steady-State Economics (1991) de Herman Daly, una importante personalidad en el ámbito de la economía ecológica. Se le atribuye haber conseguido que el Banco Mundial (donde trabajó como economista experto en medio ambiente) se plantease el desarrollo sostenible en la década de 1990. Además, es cofundador de la International Society of Ecological Economics.

El Profesor Daly, catedrático emérito en la School of Public Affairs de la Universidad de Maryland y miembro del consejo de administración de CASSE, nos comenta sus opiniones sobre la economía de estado estacionario en tanto que concepto de ecoinnovación:

¿La idea de la economía de estado estacionario es constitutiva de ecoinnovación por sí misma?

Herman Daly: Sí. O, más exactamente, es el contexto político y económico en que la ecoinnovación será rentable. La ecoinnovación economiza el consumo: el flujo entrópico procedente de la naturaleza, que empieza con la extracción de recursos y finaliza con la contaminación. Este coste fundamental se infravalora o se desprecia por completo en los mercados, lo que da lugar a un proceso selectivo perjudicial, pues descarta las innovaciones que ahorran aquello que no se considera escaso. Si limitamos el consumo a los niveles ecológicamente seguros, ya sea mediante regímenes basados en límites máximos, subastas y comercio, ya sea por medio de una reforma de la fiscalidad ecológica (que aplicaría los impuestos al consumo de los recursos y no al valor añadido), se elevará el precio de los recursos naturales y de los servicios naturales de absorción de contaminación. Además de proporcionar una fuente más eficaz y justa de ingresos al erario público, a través de los impuestos o de las ganancias de las subastas, este planteamiento incentivará las iniciativas de ecoinnovación que economicen estos costes que antes no se tenían en cuenta (rentas no recaudadas). La frugalidad (reducir la cantidad de recursos utilizados) genera eficacia al adaptarse a la escasez que, por fin, sí se reconoce. En la actualidad, tratamos de lograr la eficacia como alternativa a la frugalidad, en un intento por eludir la escasez, en lugar de adaptarnos a ella. El resultado es la «paradoja de Jevons», según la cual las mejoras de la eficacia en el uso de un recurso a menudo incrementan la cantidad total del recurso empleado (el consumo), que es precisamente lo que habría que reducir a un nivel sostenible desde el punto de vista medioambiental. La economía de estado estacionario limita el crecimiento del consumo para estimular el desarrollo de la eficacia técnica de uso de los recursos y mantener el nivel de consumo total de recursos dentro de límites ecológicos.

¿Nos dirigimos inevitablemente hacia una economía de estado estacionario? ¿Va a ser una consecuencia impuesta por las limitaciones de los recursos?

Herman Daly: Yo creo que sí. Pero ¿va a ser un estado estacionario con un nivel inferior de uso de recursos en función de la población actual y de la renta per cápita, que sea suficiente para una vida digna y sostenible a largo plazo? ¿O será un estado estacionario posterior a un derrumbe total del sistema, en el que el planeta solo conserve capacidad para soportar a una pequeña población con una calidad de vida mediocre? Esta es la gran pregunta que, sin embargo, pasan por alto todos los economistas tradicionales, orientados al crecimiento, convencidos de que este se va a mantener para siempre. El modelo de aumento incesante del crecimiento evita tener que compartir la capacidad limitada de la Tierra con los pobres, con el futuro y con las demás especies. La economía del crecimiento no es una ciencia, sino una religión idólatra. No es ciencia porque desafía la primera y segunda leyes de la termodinámica y deja de lado la ecología. Es idolatría porque concibe la humanidad como un creador todopoderoso, en lugar de considerar al ser humano como una criatura con sus limitaciones.

¿Qué medidas pueden tomar los responsables políticos, también regionales y locales, para avanzar hacia una economía de estado estacionario? ¿Se trata principalmente de convencer a la opinión pública sobre este concepto o existen medidas prácticas que ya se pueden adoptar?

Herman Daly: He dirigido mis esfuerzos principalmente a convencer al público en general (e incluso a los economistas) de este concepto. Sin embargo, posiblemente las actuaciones locales y las medidas concretas sean más eficaces. Los movimientos hacia la autosuficiencia local, la agricultura basada en la comunidad, la banca local, las monedas alternativas, el reciclaje en la comunidad, las cooperativas de consumo y producción, las estructuras fiscales locales, etc., son importantes. Sin embargo, para que este tipo de iniciativas prospere, requieren protección contra las fuerzas de la globalización y de la monopolización de las grandes multinacionales, así como la separación de las tierras comunales que todavía quedan. Considero fundamental una acción política colectiva, guiada por la visión de una economía de estado estacionario que se remonte a los economistas clásicos, por muy improbable que pueda parecer en este momento.

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