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Aplicar la normativa europea

Los desafíos medioambientales —atmósfera y agua limpias, por ejemplo —no saben de fronteras. Por eso es lógico aplicar normas válidas para toda Europa: hoy en día la UE fija muchas de las normas que siguen los Estados miembros.

En un campo como el del medio ambiente, la legislación europea tiene muchas ventajas. El río Danubio, por ejemplo, discurre a través de diez países. Tiene sentido que se pongan todos de acuerdo en torno a una serie de normas comunes. Estés donde estés en Europa, puedes tener la seguridad de que gran parte de la normativa medioambiental de tu país procede de la legislación europea.

Hoy en día, las cerca de 200normas medioambientales europeas contemplan la mayoría de los supuestos. La Directiva sobre calidad del aire establece límites para muchos contaminantes y partículas y obliga a las autoridades a tomar medidas cuando se superan. La Directiva sobre tratamiento de las aguas residuales urbanas obliga a los Gobiernos a establecer sistemas de recogida y purificación, mientras que la normativa REACH sobre sustancias químicas obliga a los fabricantes a demostrar que sus productos químicos son seguros.

La mayor parte de la normativa necesaria para conservar nuestro medio ambiente ya está en vigor. Ahora el desafío es garantizar que se ponga en práctica. Una de las tareas de la Comisión consiste en velar por que las normas se cumplan.

Aplicar la legislación medioambiental de la UE casi siempre ahorra dinero a largo plazo. No aplicarla puede ser perjudicial para la salud humana, el medio ambiente y las industrias de las que dependemos. Muy a menudo, eso significa que otros tendrán que correr con los costes.

Las encuestas indican que una gran mayoría está a favor de una misma normativa medioambiental para toda la UE. Son normas muy exigentes, y cuando un país pide la adhesión a la UE, a veces no le es fácil conformar su legislación medioambiental a las normas de la Unión. Pero se trata de una parte fundamental del proceso de adhesión, pues no en vano compartimos un mercado único, con normas comunes que comportan ventajas para todos.