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En los países desarrollados, los accidentes de tráfico son la principal causa de mortalidad en el grupo de población de entre 15 y 24 años. Este joven grupo de edad comprende a la mayoría de los nuevos conductores.
La tasa de mortalidad entre los conductores de entre 15 y 24 años dobla a la de los conductores más experimentados. Los conductores noveles no sólo suponen un mayor riesgo para sí mismos, sino también para los demás: por cada conductor joven que fallece en un accidente, mueren 1,3 personas. Los accidentes en los que están implicados conductores jóvenes suelen ser consecuencia de la pérdida del control o el exceso de velocidad y son más frecuentes por la noche.
Para reducir el riesgo de accidentes entre los conductores noveles, se plantean medidas como tasas de alcoholemia más bajas, restricciones de la conducción nocturna, o conducción en compañía de pasajeros experimentados. Asimismo, las tecnologías como los sistemas de asistencia a la conducción, los alcohol interlocks y las cajas negras pueden contribuir a la seguridad de los conductores inexpertos.
La Comisión Europea está tomando medidas para aumentar la seguridad de los conductores noveles y desviando la importancia que se confiere en las clases de conducir al control del vehículo y la percepción del tráfico para centrarla en el reconocimiento de los riesgos en la carretera y en el modo de evitarlos. En el marco del proyecto HERMES, financiado con fondos comunitarios, se ha publicado un dosier formativo para los profesores de autoescuela.
Como parte de las iniciativas del proyecto Close To, se cuentan casos de accidentes graves de tráfico a los jóvenes aspirantes. Según demuestra la investigación, esto hace a los jóvenes menos proclives a la conducción temeraria y peligrosa.
