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En la sección «Cabos sueltos» se publican notas breves en que se exponen argumentos o se facilitan datos para solucionar problemas concretos de traducción o terminología. El carácter normativo o meramente orientador de las soluciones aportadas se desprende de la categoría de las fuentes. PUNTOYCOMA

COLABORACIONES


Multiple deprivation, race to the bottom

Como yo soy de las que piensan que estar en contra de la terminología no ha de ser privilegio de unos pocos, he decidido apuntarme también al carro y empezar a dejar el trabajo en las manos de ustedes, alentada, todo hay que decirlo, por las respuestas a mi llamamiento de socorro llegadas a la Redacción con ocasión de las making work pay policies. Decididamente, no puedo consentir que dilapiden el precioso capital de sus meninges haciendo sudokus, con lo necesitado que está el mundo de la trujimanería.

Multiple deprivation

Así que ahí van unos acertijos por si quieren seguir echando un cable: hoy trataremos de la tríada basic life-style deprivation, secondary life-style deprivation y housing deprivation, subconjuntos de la multiple deprivation que empiezan a menudear en los textos sociológicos y estadísticos centrados en el ámbito de la microeconomía. Es este, lamentablemente, un tema de lesa actualidad: «los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) sobre las condiciones de vida en España revelan que la buena marcha de la macroeconomía de un país, como es el actual caso nuestro, no tiene siempre un reflejo inmediato en la microeconomía. O mejor dicho, no llega con profusión al bolsillo de los más desfavorecidos»1. Crece la economía e inexplicablemente crece con ella la pobreza, pues la brecha de la desigualdad quiebra la ecuación «crecimiento/bienestar». Pues bien, a estas fatigas que pasan los nuevos pobres con techo y con trabajo es a las que alude el término deprivation, por cuya ascendencia teórica haremos a continuación un breve recorrido.

Eso sí, por deferencia hacia nuestras mentes románicas, propongo que lo hagamos destripando el sintagma basic life-style deprivation por orden inverso: el sustantivo primero y el adjetivo el último.

1. Deprivation

La noción de deprivation fue introducida por Peter Townsend a principios de los ochenta; hasta entonces se tendía a establecer una correspondencia biunívoca entre pobreza y pobreza monetaria, utilizándose el nivel de ingresos como única herramienta de medición. Con la introducción del concepto de «privación», Townsend provocaba un desplazamiento en la literatura sociológica hacia una relativización de la pobreza, considerada ahora más como desigualdad o privación.

Individuals, families and groups in the population can be said to be in poverty when they lack the resources to obtain the type of diet, participate in the activities and have the living conditions and amenities which are customary, or are at least widely encouraged or approved, in the societies to which they belong. Their resources are so seriously below those commanded by the average individual or family that they are, in effect, excluded from ordinary living patterns, customs and activities.2

2. Life-style

Esta privación se entiende como exclusión de la norma en una sociedad dada, una vez definido el life-style generalmente compartido y aprobado por esta. Se define, pues, en relación con un contexto social determinado, a partir de un umbral de pobreza relativa.

La relatividad se aplica igualmente al eje diacrónico: por ejemplo, tener un televisor no constituía la norma hace cuarenta años en la sociedad española, pero sí la constituye hoy en día3.

3. Basic/secondary/housing

Por último la pobreza, además de ser relativa, tiene muchas caras (muchas cruces, para hablar con propiedad). Los sociólogos consideran hoy que el análisis multidimensional resulta imprescindible para poder evaluar correctamente el nivel de vida.

Se trata de un enfoque bastante reciente, pues, tal y como apuntan Sara Ayllón, Magda Mercader y Xavier Ramos en un interesante estudio4:

[...] hasta la aparición del Panel de Hogares de la Unión Europea (PHOGUE), a mediados de los noventa, la falta de microdatos adecuados limitó el desarrollo de análisis multidimensionales sobre los niveles de vida de la población española, con lo que nuestro conocimiento sobre los niveles de bienestar de los grupos menos favorecidos se limita a la pobreza monetaria. La aparición de nuevos datos microeconómicos, sobre todo a nivel europeo y de panel (PHOGUE), ha animado el análisis multidimensional tanto teórico como empírico.5

En 1996, Callan y sus colaboradores6 agrupaban los indicadores de pobreza para Irlanda en tres dimensiones, las mismas cuya traducción hoy nos ocupa:

The three dimensions so identified are: (1) basic life-style deprivation consisting of basic items such as food and clothes (2) secondary life-style deprivation consisting of items such as a car, telephone and leisure activities and (3) housing deprivation consisting of items related to housing quality and facilities.

Los autores del estudio sobre Cataluña anteriormente mencionado establecen, por su parte, dos dimensiones, una básica y otra secundaria, subdividiendo la primera en «consumo» (poderse alimentar adecuadamente, poder comprar ropa o zapatos de vez en cuando) y «vivienda» (tener baño e inodoro, tener buenas instalaciones de agua, gas o electricidad). En la dimensión secundaria, por su parte, incluyen aspectos como poder renovar los muebles o los electrodomésticos, disponer de automóvil o poder ir de vacaciones una vez al año7.

4. Y ahora todo junto

Con todas las piezas sobre la mesa, veamos si conseguimos armar el puzzle.

Parece claro que basic y secondary se refieren (gramaticalmente) a deprivation y no a life-style. Se trata de carencias definidas respecto a un determinado modus vivendi, y son estas carencias las que cabe subdividir en fundamentales o accesorias.

El primer problema lo plantea, y no es ninguna novedad, la traducción de life-style, así como su engarce con «privación». Podríamos hablar de «privación en relación con un modo de vida», pero resulta francamente pesado, y además ¿es realmente necesario traducir life-style como tal? ¿No podríamos transformarlo en «privación relativa», pues en definitiva no de otra cosa se trata?8

Problema número dos: «privación básica» y «privación secundaria»: se diría que en español el sintagma cojea y es que, en realidad, tanto «básica» como «secundaria» remiten conceptualmente a las dimensiones teóricas en que se agrupan los indicadores de la penuria, y no al tipo de privación propiamente dicho.

¿Sería ir demasiado lejos proponer algo así como «privación relativa de primer orden» y «privación relativa de segundo orden»? ¿O «privación relativa de orden básico» o elemental y «privación relativa de orden secundario»?9

Para housing deprivation, podríamos recurrir a la solución habitacional. «Habitacional» parece un adjetivo consagrado por el uso en textos urbanísticos, arquitectónicos, políticos o sociales. Es fácil encontrar en internet el adjetivo acompañando a «política», «proyecto», «complejo», «unidad», «parque»… o incluso, a los efectos que hoy nos ocupan, a «déficit», «penuria» o «precariedad». No resulta, pues, descabellado hablar de «privación habitacional», aunque tampoco especialmente brillante, las cosas como son. Algunos adjetivos afines parecen, por su parte, abonados a sustantivos concretos (privación «residencial» sería una privación de lo más selecta y recoleta; privación «domiciliaria» una privación en tiempos de arresto). Otra posibilidad, «privación en relación con la vivienda», aunque más clara, se revela artificiosa; tal vez «privación de vivienda», de no confundirse con la falta absoluta de techo (el continente por el contenido), podría solventarnos la papeleta (y ha empezado a usarse)…

Race to the bottom

Otro hueso duro de roer para los traductores en los textos que conjugan pobreza y trabajo es la expresión race to the bottom, que se emplea para referirse a la competencia que se hacen algunas empresas en su afán por reducir al mínimo los costes y atraer la inversión extranjera mediante una deslocalización y precarización del empleo sin escrúpulos, imponiendo unas condiciones de trabajo inhumanas que serían inaceptables en su propia región y demoliendo con esta igualación a la baja las normas internacionales laborales o medioambientales.

Googleando un poco nos encontramos, como era previsible, con carreras hacia el fondo, carreras hacia abajo y hasta una «carrera hacia el abismo» de indudables ecos celinianos...

Pero también «carrera hacia los requisitos mínimos», «carrera de reducción de estándares», «carrera de degradación de los estándares», «carrera hacia la reducción de mínimos», o una que me ha gustado especialmente por su brevedad: «carrera hacia mínimos», que aparece en los documentos de Intermón Oxfam:

En la lucha por la competitividad y los márgenes de mercado, se debe evitar la precarización del trabajo como medio para recortar costes de producción y atraer la inversión extranjera. Esta carrera hacia mínimos, queda reflejada en las declaraciones de un proveedor marroquí [...]10

Otra posibilidad sería, por ejemplo, «carrera de igualación a la baja».

En fin, como ya anuncié, he decidido ponerme en huelga de meninges caídas, así que cuento con su colaboración para sacar algo útil de todo este embrollo11.

¡Hagan sus propuestas, rien ne va plus!

 P.D.: Añado a mi colección de making work pay policies dos nuevas propuestas: «políticas de trabajo rentable» (es posible que Andrés tenga razón al apuntar que el uso y el contexto disuelven las ambigüedades como el agua la aspirina efervescente, aunque no estoy segura de que, ya puestos, no fuera mejor «políticas de rentabilización del trabajo») y «políticas de estímulo al trabajo» (yo le quitaría «remunerativas», porque no siempre es el caso y así de paso se acorta algo el sintagma) que propone Marta Fernández (véase puntoycoma nº 94).

Carmen Torregrosa
Centro de Traducción de los Órganos de la Unión Europea

Carmen.Torregrosa@cdt.europa.eu

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1 «Pobres y ricos», editorial del diario EL PAÍS.es del 8 de diciembre de 2005.
2 Peter Townsend, Poverty in the United Kingdom, 1979.
3 Por supuesto, siempre y cuando no tener televisor no responda a una elección vital, como no comer carne en el caso de un vegetariano.
4 Sara Ayllón, Magda Mercader y Xavier Ramos: Caracterización de la privación y de la pobreza en Catalunya. Puede consultarse asimismo.
5 En el PHOGUE, por ejemplo, se solicita a los hogares información sobre si pueden o no permitirse cada una de las siguientes situaciones: 1. Una calefacción adecuada para la vivienda. 2. Vacaciones fuera de casa, al menos una semana al año. 3. Renovar parte del mobiliario. 4. Comprar prendas de vestir nuevas. 5. Hacer una comida de carne, pollo o pescado, al menos cada dos días. 6. Invitar a amigos o familiares a una copa o a una comida en el hogar, al menos una vez al mes.
6 Callan T., B. Nolan, B. Whelan, C. Whelan y J. Williams (1996): Poverty in the 1990s: Evidence from the Living in Ireland Survey. Dublín: Oak Tree Press.
7 En un reportaje del programa «Informe Semanal» emitido por TVE el pasado 17 de diciembre y pertinentemente titulado «Pobres con techo», aparecían, por ejemplo, jóvenes (con un altísimo nivel de educación) que afirmaban no poder salir nunca al cine o a tomar una copa, lo que claramente cabría incluir en esta dimensión secundaria de la privación.
8 Cabría pensar incluso en «privación humana» inspirándonos en el término «pobreza humana» que introdujo el Informe sobre Desarrollo Humano 1997 del PNUD para distinguir precisamente la privación de la mera pobreza de ingresos. De hecho, el PNUD utiliza el llamado «Índice de Pobreza Humana» (IPH), para medir la privación en cuanto al desarrollo humano.
9 En la emisión televisiva anteriormente mencionada, una mujer hablaba, precisamente, de «necesidades de primer orden». Por cierto, que en ese mismo programa se aludía a los «pobres con trabajo», excelente solución para «working poor», aunque difícilmente aplicable a otras expresiones afines.
10 Marcando tendencias: hacia un negocio socialmente responsable. Estudios Intermón Oxfam, 15 de julio de 2005.
11 Y aprovecho para agradecer nuevamente la colaboración de Maite Fernández Estañán y de Alfonso Salgueiro Lora, que me pusieron en la pista de algunos artículos muy interesantes sobre el tema.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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