capítulo precedentecapítulo siguientePágina principal

En la sección «Cabos sueltos» se publican notas breves en que se exponen argumentos o se facilitan datos para solucionar problemas concretos de traducción o terminología. El carácter normativo o meramente orientador de las soluciones aportadas se desprende de la categoría de las fuentes. PUNTOYCOMA

RESEÑAS


Reflexiones útiles sobre la traducción jurídica

Esther Monzó, Anabel Borja (eds.)
La traducción y la interpretación en las relaciones jurídicas internacionales
Publicaciones de la Universitat Jaume I,
colección «Estudis sobre la traducció», núm. 13,
Castellón de la Plana, 2005, 273 páginas.
ISBN: 84-8021-540-2

Este libro recoge las más destacadas intervenciones en las VII Jornadas de Traducción Jurídica, organizadas por el GITRAD, Grupo de investigación en traducción jurídica de la Universidad Jaume I de Castellón. Está dividido en cuatro bloques. El de alcance más general es, sin duda, el primero, que lleva por título una pregunta nada retórica: «¿Qué es la traducción jurídica?» Los encargados de responder son Leo Hickey, Jean-Claude Gémar y Anabel Borja. Ante el clásico dilema de la traducción de si «llevar el mundo de partida al lector o introducir al lector en el mundo de partida», Hickey opina que, ante un caso de traducción aparentemente imposible, el traductor debe ayudar al lector a trasladarse al mundo de la lengua de partida. Hickey propone efectuar este traslado de una manera que podríamos llamar «sintomática», es decir, que alerte de modo consciente al destinatario de que el texto que está leyendo no es algo totalmente equiparable a lo propio, aunque se parezca. La propuesta nos parece impecable, pero Hickey no insiste quizás suficientemente en que esta técnica, que es la prueba más evidente de que la traducción jurídica del inglés no solo es especializada sino también «especial»1, exige unos conocimientos relativamente enciclopédicos de los sistemas jurídicos de partida y llegada, es decir, una práctica de cierto comparatismo jurídico, para el que hay que estar, como lo está él mismo, debidamente preparado. La propuesta de traducción de Hickey para la expresión on indictment rezuma experiencia y oficio de traductor al ir dirigida simultáneamente a los dos grandes tipos de lectores potenciales españoles: los que conocen algo del sistema judicial inglés y los que no saben nada del asunto. Para el siguiente autor, Jean-Claude Gémar, esta práctica debe insertarse en un comparatismo cultural, en sentido amplio (político, ideológico), que nos obliga a tener en cuenta el contexto jurídico (unilingüe o bilingüe, con un solo sistema jurídico o con varios, etc.) en el que se realiza la traducción. Gémar propone entender la asimetría jurídica como parte de la asimetría cultural para poder resolver adecuadamente el problema de la equivalencia de efectos (equivalencia jurídica y no solo textual) que nos plantea la traducción jurídica. Cierra este primer bloque un estudio de Anabel Borja sobre la traducción de documentos británicos de sucesiones al español que viene a ser una excelente ilustración práctica, centrada en las restricciones y prioridades, de las reflexiones de Hickey y Gémar. Citamos este artículo en la sección «cabos sueltos» de este mismo número porque en él se aborda el problema de la traducción de trust, que fue objeto de sendos comentarios en el número anterior de este boletín.

La segunda parte, «Retos académicos de la traducción jurídica: docencia e investigación», presenta un interés particular para alumnos, docentes o investigadores en esta disciplina, aunque la propuesta tipológica de Emilio Ortega sobre la traducción jurídica, jurada o judicial y el llamamiento a la negociación y colaboración entre juristas y traductores que hacen Roberto Mayoral o Esther Monzó pueden interesar tanto a los traductores en ejercicio como a los futuros traductores.

La tercera parte nos ofrece un panorama de la práctica de la profesión de traductor jurídico en distintos medios: la empresa privada (José Luis Díaz de Liaño), el Parlamento Europeo (Fernando Hervás), el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia (Elena Martín), la Organización Internacional del Café (Fernando Pérez-Barreiro). Leo Hickey hace doblete en esta obra colectiva, doblete plenamente justificado, todo hay que decirlo, por la calidad y amenidad de sus dos contribuciones. Esta segunda es una interesante y divertida exposición, a partir de su propia experiencia, sobre la profesión de intérprete jurídico en Gran Bretaña.

En la cuarta y última sección se nos dan a conocer cuatro tesis recientes sobre traducción jurídica que se caracterizan por su calidad y enfoque innovador. El resumen de estos trabajos de investigación corre a cargo de las propias autoras: Cristina Valderrey (Universidad de Salamanca), Elena Ferran (Universidad Pompeu Fabra), Catherine Way y M.ª Carmen Acuyo (ambas de la Universidad de Granada).

Hay que agradecer a las editoras el planteamiento práctico de la obra (y de las Jornadas que dieron lugar a la misma). La variedad de contribuciones y enfoques que contiene no impiden la coherencia del libro en su conjunto porque se trata de profesionales en estrecho contacto con la realidad profesional del traductor o intérprete jurídicos. El mérito principal de este libro no es plantear las eternas preguntas sobre la posibilidad o imposibilidad de la traducción jurídica, sino ofrecer respuestas razonadas y concretas sobre las vías que el traductor habrá de tomar para conseguir, como dice el título de la primera intervención de Hickey, «que lo difícil sea tan fácil como lo imposible».

PUNTOYCOMA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1 Véase el artículo: «¿Especial o especializada?: La traducción al español del derecho inglés», Miguel Duro Moreno, accesible en la Biblioteca virtual de la Web del Traductor Jurídico de la Universitat Jaume I.

 .

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

capítulo precedentecapítulo siguientePágina principal