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En la sección «Cabos sueltos» se publican notas breves en que se exponen argumentos o se facilitan datos para solucionar problemas concretos de traducción o terminología. El carácter normativo o meramente orientador de las soluciones aportadas se desprende de la categoría de las fuentes. PUNTOYCOMA

RESEÑAS


De cómo ser un traductor literario documentado

Consuelo Gonzalo García, Valentín García Yebra (editores)
Manual de documentación para la traducción literaria
Arco/Libros, S.L., Madrid, 2005, 415 páginas.
ISBN: 84-7635-600-5

En el nº 89 de PUNTOYCOMA se presentó el Manual de documentación y terminología para la traducción especializada, compilado por los mismos editores y publicado también por la editorial Arco/Libros, que goza de un merecido prestigio como difusora de publicaciones sobre filología, lingüística, biblioteconomía e historia.En esta ocasión, con idéntico empeño de exhaustividad, Consuelo Gonzalo y Valentín García Yebra han recogido las intervenciones que expertos documentalistas y profesionales de la traducción literaria presentaron en el seminario Instrumentos documentales y terminológicos del traductor literario, celebrado en 1999 con el patrocinio de la Fundación Duques de Soria.

El planteamiento metodológico de este segundo volumen es esencialmente el mismo que el del anterior. Insisten los autores en que el oficio de traducir (bien) la literatura no se basa tanto en la inspiración como en (perdón por lo manido de la imagen) la «transpiración». Esta obra nos recuerda, y nos ilustra con ejemplos muy pertinentes, que la documentación (el acceso estructurado a la información o, en definitiva, a la cultura) es esencial para ejercer el oficio de traductor de manera profesional. También ante un texto literario, la documentación es fundamental para resolver airosamente problemas planteados por el registro, la intertextualidad o las referencias culturales y extralingüísticas. Es un trabajo arduo, quizás más complicado que el que nos exige la documentación especializada, por la abundancia en la literatura de elementos significativos implícitos y a veces intencionadamente velados a un lector/traductor no advertido. Pero es también esta dificultad la que convierte a la documentación en una tarea grata para el traductor literario, repleta de enseñanzas, de descubrimientos detectivescos sobre los términos (como nos cuenta Carlos Fortea al referirse a la traducción del término Speichengriffe) o sobre las vicisitudes de los textos y sus ediciones (en el texto de Ángel Luis Pujante sobre las ediciones de Shakespeare).

Lamentablemente, no suelen brillar nuestros textos (porque tampoco lo hacen los originales) por sus cualidades literarias. Es más, en general, cuando un tecnócrata o un político se ponen líricos o hacen una incursión literaria suele ser para crear polémica1. El «traductor oficinista» que suspire (¡quién no lo hecho alguna vez!) por cambiar la traducción de una Directiva por la de un poema, tendrá que tener en cuenta que, para enfrentarse con éxito a la traducción de unos versos, no le bastarán la inspiración, ni la vena literaria, ni el hartazgo de prosa gris. Necesitará también buenas dosis de paciencia y mucha «transpiración», seguramente mucha más de la que exige la prosa técnica o administrativa. En cualquier caso, las reflexiones, ideas y consejos de este libro le serán muy útiles.

PUNTOYCOMA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1 Recordemos la puntualización sobre la cita de Tucídides en el proyecto de Constitución Europea  (cf. PUNTOYCOMA, nº 84).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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