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En la sección «Cabos sueltos» se publican notas breves en que se exponen argumentos o se facilitan datos para solucionar problemas concretos de traducción o terminología. El carácter normativo o meramente orientador de las soluciones aportadas se desprende de la categoría de las fuentes. PUNTOYCOMA

CABOS SUELTOS


Dos comentarios sobre la traducción de trust

 Se ha recibido en la Redacción el siguiente comentario de la magistrada Mónica García de Yzaguirre sobre la traducción del término inglés trust. La respuesta de Mónica García Soriano, traductora de la Comisión Europea, aporta información sobre los criterios de traducción que se siguieron en este caso y abre, a nuestro parecer, un debate de mayor alcance sobre las estrategias de la traducción jurídica.

La traducción de trust en Derecho sucesorio

La institución inglesa del trust no tiene parangón en el Derecho español y las funciones de esta figura anglosajona se asemejan más a las de un albacea, pero en ningún modo pueden identificarse con la institución del fideicomiso, ya que el fiduciario tiene la condición de heredero aunque deba conservar la herencia y transmitírsela al fideicomisario. En la V Reunión de la REJUE (Red Judicial Española de Cooperación Internacional), que tuvo lugar en La Manga del Mar Menor los días 13 a 17 de junio del presente año, se sometió a debate el Libro Verde de Sucesiones y Testamentos que está elaborándose en el seno de la Unión Europea, y los reunidos (en el «taller I: Civil», Grupo de Trabajo sobre Nuevos Instrumentos Comunitarios, del que formo parte) convinimos en que este tipo de instituciones privativas de un Derecho nacional era preferible no traducirlas y simplemente referirse a ellas por su nombre en el idioma original, en este caso trust, quizá con un pie o un añadido que aclare que se trata de una figura del Derecho anglosajón.

 Mónica García de Yzaguirre
Magistrada
 monica.garciadeyzaguirre@justiciaencanarias.org

 


 

Trust y fideicomiso
(respuesta al comentario de Mónica García de Yzaguirre)

La traducción de trust al español es un tema clásico de debate en la traducción jurídica.

Por ser figuras de cierta complejidad, propongo que recordemos brevemente su origen y contenido antes de fijar posiciones. Precisemos que hablamos aquí solo de la institución sucesoria, no de otros trusts de carácter societario o mercantil que proliferan en el creativo mundo de los contratos de fiducia.

El trust created in will anglosajón es una creación de la Equity medieval, destinada a suplir las lagunas y arbitrariedades suscitadas por la aplicación estricta del Common Law. Mediante aquel contrato sucesorio, un trustor o settlor transfería a un tercero de buena fe, el trustee, la titularidad de la masa hereditaria en beneficio de sus herederos, que por ser mujeres o menores no tenían capacidad jurídica. En aquellos tiempos, el trustee pasaba a ser el propietario de los bienes y, como tal, podía disponer de ellos, aunque lamentablemente no siempre de acuerdo con la buena fe. Para evitar estos abusos, la figura del trust fue modificada a finales del siglo XIX y actualmente el trustee no adquiere la titularidad de los bienes, sino que, a menos que el testador expresamente le confiera algún derecho, tiene exclusivamente la obligación de administrarlos hasta que el beneficiario adquiera la mayoría de edad o se cumpla lo dispuesto en el testamento. En el marco de las operaciones de administración, el trustee está autorizado a enajenar bienes cuando sea necesario para pagar las deudas de la herencia o ello redunde en interés del beneficiario. Tampoco es un mero albacea o executor del testamento.

El actual trust created in will se parece mucho al arcaico fideicomiso puro de tradición romano-germana (que ya no existe en el ordenamiento jurídico español), porque en él el fiduciario no ostentaba ningún título de propiedad sobre los bienes relictos, sino que su titularidad se basaba exclusivamente en la relación de fiducia. Esta figura estuvo vigente en el Derecho foral catalán hasta 1991. Los claros paralelismos históricos entre el trust created in will y el fideicomiso puro, desde mi punto de vista, justifican ampliamente esta traducción.

La figura jurídica española que actualmente corresponde a esta dinámica sucesoria es la sustitución fideicomisaria, brevemente regulada en nuestro Código Civil en los artículos 781 y ss. En ella el testador fideicomitente instituye heredero o legatario en primer lugar al fiduciario y, en segundo lugar, al fideicomisario o beneficiario, de modo que el fiduciario es heredero y, por tanto, propietario (y esta es la gran diferencia con el trustee actual), pero con grandes restricciones, puesto que está obligado a conservar y entregar a su muerte el caudal hereditario al llamado a suceder en segundo término. Así, el fiduciario tiene derecho al uso, a los frutos y a las rentas, es acreedor de los créditos y deudor de las deudas, pero su radio de acción real siempre ha sido objeto de debate en la doctrina, que ha llegado a asemejarlo a un usufructuario, aunque la tendencia es considerar que, al igual que el trustee, puede disponer de bienes relictos cuando sea necesario satisfacer deudas hereditarias o para preservar el patrimonio fideicomitido.

En mi opinión, no hay duda de que, sobre la base de la historia y la etimología, nos encontramos ante la misma figura sucesoria, aunque todos estamos de acuerdo en que, a pesar de sus paralelismos, en la actualidad el trust created in will y el fideicomiso no son instituciones simétricas, puesto que el trustee anglosajón es una especie de administrador temporal y el fiduciario es propietario mientras viva. Por eso es comprensible que, mientras el trust created in will se refiera a un asunto de Derecho anglosajón, por ejemplo, galés, inglés, escocés o irlandés, se prefiera no traducirlo y, en su caso, añadir una nota explicativa. Sin embargo, el Libro Verde de Sucesiones y Testamentos (COM 2005/65 final) es un cuestionario que se envió a los 25 Estados miembros con el fin de conocer y comparar las instituciones sucesorias de cada país con vistas a su eventual aproximación. Formulaba preguntas teóricas y prácticas sin referencia a ningún ordenamiento ni sistema jurídico particular. En ese caso concreto, y partiendo de la base de la correspondencia al menos conceptual entre ambas instituciones sucesorias, nos pareció más útil preguntar a los destinatarios, las autoridades españolas, por el fideicomiso, si no vigente, al menos conocido en todos los ordenamientos continentales, que por el trust, existente sólo en los Estados miembros de raigambre anglosajona. Ello permitirá comprender y cotejar las distintas soluciones nacionales a situaciones similares en aras de una futura armonización, que era el objetivo del documento.

Este caso ilustra de manera ejemplar el problema de fondo que implica toda traducción jurídica, que es el riesgo que asume el traductor al extrapolar figuras propias de un determinado ordenamiento nacional o cultura jurídica a otro lenguaje o ideario en el que no acaban de encajar. Alegando razones de rigor jurídico, hay quien no traduce la palabra avocat. Es una opción impecable, pero ¿es traducción? Desde mi punto de vista, y dentro de lo imposible, la misión del traductor es traducir.

Mónica García Soriano
DGT, Comisión Europea
Monica.Garcia-Soriano@ec.europa.eu

 

 

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