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BUZÓN


Propiedad industrial e intelectual: las preferencias terminológicas de las grandes instituciones internacionales

Mario Haller, Jefe de la Sección de Traducción al Español de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), recuerda amablemente a la Redacción de puntoycoma que en este organismo «por propiedad intelectual se entiende la propiedad industrial, es decir, las patentes, las marcas y los diseños industriales, entre otros, y el derecho de autor y los derechos conexos».

De lo que queda aquí constancia, al tiempo que se recuerda que en el número 67 de PUNTOYCOMA se publicó el artículo de A. Pérez Vidal «Amistades peligrosas: propriété intellectuelle/propiedad intelectual», con una magnífica síntesis del problema que venía a remachar diversos artículos anteriores sobre la cuestión, en particular «Peculiaridades de la terminología de propiedad industrial e intelectual» de Verónica González Pérez (número 61 de PUNTOYCOMA).

Sin embargo, la tradición forense hispánica -es decir, no solo la española- hace una distinción entre derechos de la propiedad intelectual e industrial que no es caprichosa pues tiene consecuencias jurídicas materiales y formales. La opción de la OMPI, junto a otras como «Corte Penal Internacional» o «actos jurídicos», término que se emplea en el Tratado CE para referirse a las disposiciones jurídicas, me llevan a una reflexión sobre la preferencias de las instituciones internacionales en materia de terminología.

En los casos mencionados hay una sacralización de los tratados o documentos constitutivos de estos organismos, que se han traducido muchas veces sin entera conciencia de la complejidad que entraña la traducción de un término determinado, como se descubre lamentablemente cuando tales organismos empiezan a rodar. En los casos citados, es manifiesta la influencia del inglés y del francés.

Se plantean pues las cuestiones siguientes: ¿tienen validez universal los usos y costumbres de un directorio de traductores parapetados detrás de un convenio o tratado internacional? ¿Debemos asumir una suerte de superioridad ontológica de las organizaciones internacionales sobre lo nacional en lo referente a la terminología? ¿Ha de aceptarse la especificidad de una miríada de instituciones y organismos para traducir adecuadamente textos que tengan relación con ellos?

Propongo que actuemos con coraje y admitamos los errores. Una buena idea sería crear una conferencia de servicios de traducción al español de los organismos internacionales, que hiciese una relación de los problemas fundamentales, propusiese soluciones y las elevase a las autoridades políticas correspondientes. Nunca es tarde si la dicha es buena.

Joaquín Calvo Basarán
Comisión Europea
joaquin.calvo-basaran@ec.europa.eu

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