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COLABORACIONES


Pespuntes terminológicos (II): del uso de siglas y abreviaturas

Las siglas y abreviaturas suelen constituir una de las peores pesadillas del traductor, que, en su inseguridad, se afana por compartir con el lector su ignorancia en un tema dado. Si bien gozan de mucho mayor predicamento en inglés y alemán que en las lenguas romances, por su gran utilidad, se usan en cantidades crecientes, ya que facilitan mucho la expresión, oral y escrita, de quien las usa y de quien las lee o escucha. Siempre que se conozca su significado. Y ahí está el quid de la cuestión. ¿Conoce el traductor su significado? ¿Lo conoce el lector? ¿Se deben explicar?

La respuesta no es fácil ni obvia, pero intentaremos dar nuestra visión del problema. Sin ánimo de ser exhaustivos, podemos decir que, básicamente, existen dos tipos de siglas y abreviaturas, las que son de uso corriente en una o más lenguas y las que son de uso universal en todas las lenguas en un ámbito muy determinado, generalmente en una jerga especializada. El traductor debe poder reconocer ambas situaciones sin dificultad.

En el primer caso, deberá comprender el significado y verterlo al español usando palabras corrientes, no siglas o abreviaturas, excepto si estas son de uso habitual en la lengua de llegada. Tal es el caso de los ejemplos siguientes: «The IT manager arrived at 10 sharp» se traduciría por «El jefe de informática llegó a las 10 en punto», «good PR is fundamental for SMEs» traducido por «es básico que las PYME tengan buenas relaciones públicas», «le PDG de la compagnie habite un HLM» que se puede traducir por «el presidente de la empresa vive en una vivienda de protección oficial» (nótese en este ejemplo que, si bien existe VPO, su uso no es corriente en España).

En el caso de las abreviaturas universales, como, por ejemplo, HPLC -conocida técnica cromatográfica-, conviene no traducir, y ello por dos motivos principales. El primero es por seguridad. Tratándose por lo general de siglas especializadas, es más fácil equivocarse y dar con la mala explicación, lo que estropearía irremediablemente la traducción. El segundo es por respeto al lector. El lector especializado conoce el tema sin necesidad de que se lo cuenten. Si el autor no consideró necesario expresar el concepto con todas las palabras y recurrió a una sigla, no debe el traductor hacer alarde de su ignorante soberbia diciéndole al lector que él sí que se ha enterado de su significado. Por lo general, el lector la conocía sin tener que recurrir a diccionarios, enciclopedias o bases de datos y prefiere usarla por mor de brevedad.

Recordemos el caso, quién sabe si cierto o falso, del locutor de la Televisión de Galicia al que despidieron por referirse en un noticiario a la Condesa de Fenosa como Condesa de las Fuerzas Eléctricas del Noroeste, Sociedad Anónima.

Josep Bonet
josep.bonet-heras@ec.europa.eu

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