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Gran Gobierno, Gran Hermano, Gran Administración

Al leer un largo artículo publicado no hace mucho en El País (15 de noviembre de 1998) a raíz de las elecciones parciales al Congreso de Estados Unidos, resultaba chocante la insistencia con la que el autor hablaba de que una de las obsesiones del Partido Republicano es acabar con el «Gran Gobierno» (se puede aventurar que en inglés se decía Big Government). Dejando a un lado las primeras reminiscencias del «Gran Hermano» (y, curiosamente, por ahí va la cosa), se podía continuar leyendo que uno de los grandes logros de la presidencia de Ronald Reagan había sido la «reducción del Gobierno» (esto, en español, significa literalmente reducir el número de ministros). Poco tiempo después, en la película Dead Man Walking, en los subtítulos de las palabras del preso a punto de ser ejecutado se podía leer que «matar está mal, aunque lo haga el Gobierno». Está claro que en la mente del autor de la crónica y de los subtítulos hay cierta confusión, originada una vez más por un problema de traducción, entre dos conceptos, «Gobierno» y «Estado», que en el caso estadounidense se complica muchas veces por el empleo que allí se hace del término Administration, que a veces se vierte equivocadamente en español como «Administración». El calvario del presidente Clinton está dando lugar a la aparición de nuevos patinazos en este terreno, menos resbaladizo, en mi opinión, que otros. El corresponsal de El País escribe en limpio angloespañol: «'No creo que nadie desee paralizar las tres ramas del Gobierno durante los próximos meses (...)', declaró ayer el senador demócrata Christopher Dodd».

Aunque hay que decir en primer lugar que el Diccionario de dificultades del inglés de Torrents dels Prats resuelve perfectamente, con su habitual precisión y agudeza, este problema -al que ya se refirió también Miguel Candel en el nº 38 de puntoycoma-, tal vez se pueda insistir en que, obviamente, estamos mezclando tres conceptos distintos en español. El diccionario Bosch define al Gobierno como el «órgano constitucional encargado de realizar la política gubernamental representando a la mayoría parlamentaria». El Gobierno, pues, se compone de su Presidente, los vicepresidentes, si los hay, y los ministros. En inglés, se designa a este órgano Government y en el inglés norteamericano Administration. De ahí las chirriantes traducciones del estilo de «la administración Clinton», censuradas por todo libro de estilo que se precie. De todos modos, según el Derecho español, los órganos del Gobierno «en determinados casos» actúan como órganos de la administración, pero en los ejemplos que nos ocupan su actuación es «política».

Porque, de hecho, la «administración» es otra cosa. La administración sirve a los intereses generales, es decir, no es partidista, y es, como dice el DRAE, el conjunto de órganos públicos que se ocupan de «dictar y aplicar las disposiciones necesarias [órdenes ministeriales, reglamentos, etc.] para el cumplimiento de las leyes y para la conservación y fomento de los intereses públicos». En realidad, como dicen especialistas en la materia como García de Enterría, habría más bien que hablar de «administraciones públicas», porque junto a la estatal hay también administración autonómica, municipal, etc. En cualquier caso, se trata, por lo tanto, de una institución neutra: uno de los grandes logros de la historia política fue evitar que «un cambio de Gobierno dé lugar a un cambio de administración». Es decir, pueden cambiar los titulares de ciertos cargos, pero nadie pierde su condición de funcionario público porque cambie el titular del ministerio u órgano para el que trabaje, como sucedía antaño con los pobres «cesantes».

Y el Estado es el concepto más amplio, que engloba los otros dos y más cosas. El «cuerpo político de la nación», como dice el DRAE, que contiene un pueblo y un territorio, amén de todos sus órganos representativos, y que es sujeto de relaciones internacionales. Forman parte del Estado todos los órganos (los de las administraciones públicas, así como el Gobierno, los órganos de la administración de justicia, etc.) a través de los cuales ejerce aquél su actuación e interviene en la vida pública e incluso privada de los ciudadanos. Y este es el concepto clave al que aluden los norteamericanos cuando hablan del Big Government, esto es, al «intervencionismo estatal». «Reducir el Gobierno» no es reducir el número de ministerios, sino dejar si cabe aún más juego a la autonomía privada frente al poder del Estado. De la misma manera, el reo de la película a que antes me refería no se lamentaba de estar a punto de ser ejecutado a manos del «Gobierno», que en principio no interviene en tales cuestiones directamente, sino del Estado: en Estados Unidos, el poder judicial (que es el que impone la condena) y el poder ejecutivo, pues suele ser competencia del Gobernador de cada uno de los estados la posibilidad de conmutar la pena, aunque eso ya depende del ordenamiento particular de cada uno de ellos.

Se puede señalar también una nueva acepción de Government que plantea otro problema. Se trata del término utilizado en las universidades británicas y norteamericanas, en cuyos programas aparecen Government Studies y facultades o departamentos llamados School of Government o Government Department. En este caso, parece que de lo que se trata es de «Ciencias Políticas», dado su contenido, que suele girar en torno a la teoría política, estudio de la administración pública, sistemas políticos comparados, etc.

Y para terminar, y añadir si es posible un poco más de confusión al asunto, recientemente aparecía en la prensa la noticia de que Yeltsin había salido del hospital exclusivamente para destituir a unos miembros «de su Administración», a la que el periodista calificaba de «Gobierno paralelo»... ¿Alguien da más?

Ramón Garrido Nombela
ramon.garrido-nombela@ec.europa.eu

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