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COLABORACIONES


El pensar en inglés: algunas reflexiones sobre la traducción jurídica

Dos propuestas extremas suelen preocupar a quienes traducen textos jurídicos. Una sostiene que cada palabra y cada concepto pueden verterse de un idioma a otro. La otra ve con desconfianza toda traducción y pone en duda su esencia como los teólogos del Islam quienes desautorizan las traducciones del Corán, que por ser un texto de revelación divina, frustra cualquier traducción hecha por el hombre. Si bien los lectores de Blackstone o de los codificadores del Corpus Iuris no son ulemas, no faltará quien abrigue dudas parecidas respecto de la validez de la traducción jurídica. Como la caridad bien entendida empieza por casa, vale la pena reflexionar sobre cómo estos cuestionamientos afectan a la lengua española.

En muy alto porcentaje, el inglés es hoy el idioma de partida de los documentos jurídicos del ámbito internacional, especialmente en las organizaciones intergubernamentales. Además, es incuestionable que el francés jurídico y el español jurídico, por ejemplo, están naturalmente emparentados por su linaje romanista; no así el derecho anglosajón. Y de ahí que las traducciones de textos legales del inglés al español presenten mayores dificultades.

El inglés es un idioma desprejuiciado. Pone pocos reparos a palabras o conceptos de otras lenguas y va evolucionando casi sin darse cuenta. Nuestra lengua, en cambio, trae consigo una tradición más marcada y preceptiva. El inglés es la lingua franca de este siglo crepuscular, como lo fueron el arameo, el griego y el latín. Pero esas lenguas pertenecían a entornos geográficos y culturales más definidos, mientras que el inglés es el medio inevitable de comunicación de sociedades ubicadas en las antípodas, de aliados, neutrales o enemigos. Y que se hable y escriba internacionalmente en inglés significa muchas veces que se piensa en inglés. Esta afirmación conlleva consecuencias radicales y obliga a reparar en los puntos de contacto donde puedan producirse "cortocircuitos" de traducción entre el inglés y el español, es decir, en materia de cognados, de polisemia y de neologismos.

Al traducir textos legales es preciso estar alerta respecto de los falsos cognados o "falsos amigos": palabras idénticas o casi idénticas que, sin embargo, tienen significados distintos y a veces opuestos. El inglés, además, es polisémico por excelencia. Usa sin empacho la misma palabra para marcar significados diversos y para indicar distintas funciones gramaticales. Chair es silla, pero también se puede chair a meeting -presidir una reunión-; deliver a lecture from the chair -dictar cátedra-; be awarded a chair, -ser designado profesor-. Nadie diría en español "sillar" una reunión, hablar desde la silla o ser designado a la silla, salvo, tal vez, en Derecho Canónico.

Esa pluralidad de significados también ocurre en contexto jurídico y con términos aparentemente claros. Tomemos administration. Sin entrar en usos obsoletos o literarios, administration se traducirá, según su contexto, como el gobierno del Estado, la gerencia de una empresa, o un período presidencial de los EE.UU. Un administrator es sí, un administrador, pero también puede ser un gerente, un liquidador, un síndico o un albacea. Bond quiere decir bono, no hay duda, en el sentido de título de la deuda pública, pero también puede significar un pacto o compromiso, un mero vínculo o nexo, un pagaré, una cédula hipotecaria, una fianza o una garantía. Estate puede referirse a los bienes raíces y otras pertenencias de una persona viva o describir su patrimonio sucesorio. Fee puede ser la denominación del dominio absoluto sobre un inmueble en el Common Law, un honorario por servicios prestados, una tasa o un derecho fiscal, y los ejemplos se multiplican.

En los organismos políticos internacionales, dada la naturaleza de los temas que se suelen tratar y la urgencia con que éstos deban resolverse, sería ingenuo pensar que todas las soluciones se encuentran en los diccionarios, cuyo destino inevitable es nacer ya viejos. No es prudente, pues, rechazar por dogma los neologismos, puesto que la realidad impide que el idioma se ciña a normas o teorías rígidas. Pero cuando hay en español palabras, giros o expresiones claras, descriptivas y lícitas, es preciso resistirse a la moda de turno para forzar una ampliación semántica que corrompa el idioma. En otra palabras, cierta medida de prudencia y sentido común es necesaria para no acabar hablando en "cocoliche" anglosajón, como se diría en el Río de la Plata.

Es cierto que el paso de falso amigo a neologismo y de éste a término consagrado no es siempre evitable. Algunas nociones suelen machacar tanto la materia gris que acaban por ser aceptadas en la práctica e incorporadas a los diccionarios, por ejemplo, los cognados franchise/franquicia. Tradicionalmente franquicia es el pago de derechos de aduana, o la porción de pérdidas y daños no reembolsable por el asegurador, o la utilización gratuita de servicios o la exención del pago de ciertos derechos. Por obra y gracia de la globalization, franquicia se utiliza cada vez más para referirse a un contrato del derecho angloamericano con características especiales de distribución y comercialización de productos y prestación exclusiva de servicios, que solía traducirse como contrato de concesión.

También pueden afectar a los textos jurídicos en español términos y conceptos nacidos en contexto angloamericano, en un entorno cultural distinto. Además del manido globalization -preferimos seguir diciendo "mundialización"- valga mencionar empowerment, governance o governability, estos dos últimas palabrejas rescatadas del inglés del siglo XVIII, pero muy en boga en estos días. Governance quería y quiere decir ni más ni menos que "buen gobierno", "buena administración y gestión públicas". Como ahora está bien visto predicar que la administración de la res publica, -de la cosa pública- debe ser "buena", es decir honesta y ordenada, pues ahí va "gobernabilidad" como nueva reinvención de la pólvora. Otro par semántico que ha hecho correr ríos de tinta y librar batallas campales en que se esgrimen diccionarios y otros objetos igualmente contundentes es el de gender/género. Género, no en sus significados gramaticales o textiles tradicionales, sino como eufemismo de sexo, o de condición o conducta sexuada o "sexoespecífica". Este eufemismo, cuya aplicación lleva a planteos casi victorianos, se emplea para indicar la identidad social o cultural y las prácticas que el medio asigna o que ciertos grupos se asignan, con independencia del sexo biológico del sujeto.

Un ejemplo ya histórico y no meramente anecdótico del "pensar en inglés", en que negociación política y traducción del diálogo internacional casi se fusionan, se dio a raíz de la Guerra de los Seis Días de 1967. Establecida una tregua, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobó la resolución n° 242 en que consagraba ciertos principios para el establecimiento de la paz.

El examen de los borradores del texto de la resolución revela que ésta fue sobre todo una criatura del representante británico, Lord Caradon. El texto -naturalmente en inglés- de la resolución establecía como uno de los principios que entramaban la búsqueda de un consenso el retiro de las fuerzas armadas israelíes from territories occupied in the recent conflict [inciso i) del párrafo 1.]. Esta frase se tradujo al español como retirada de las fuerzas armadas israelíes "de los territorios que ocuparon durante el reciente conflicto". El análisis formal de las dos frases refleja que mientras que el inglés ignora el artículo definido the/los antes de territories, la traducción al español lo incluye.

Aunque en inglés y en español el uso del artículo no siempre se ajusta a los mismos cánones, para algunos, la ausencia del artículo definido en el texto en inglés de la resolución reflejaba una ambigüedad deliberada que permitía negociar la fijación de fronteras futuras que no coincidieran con las líneas de cesación del fuego de antes de 1967. Otros en cambio sostenían enfáticamente que territories occupied [territorios ocupados] significaba todos los territorios, interpretación que imponía el restablecimiento del status quo ante, es decir, el regreso a las líneas de cesación del fuego de 1948. Las aclaraciones de voto en uno u otro sentido que siguieron a la aprobación de la resolución confirman que la inclusión o exclusión de ese modesto artículo definido no era un mero tiquismiquis traductoril y reiteran la importancia que adquiere el idioma oficial en que se redacte -y en consecuencia se piense- el original de un texto.

Quizás, pues, la dificultad en traducir conceptos jurídicos dimana a veces de que distintos idiomas reflejan la realidad de manera diferente y que es preciso al traducir hacer abstracción de nuestra formación intelectual y profesional y sumergirse en la realidad mental del "otro" cuyo texto y, sobre todo, cuya intención procuramos entender. Por ejemplo, para un abogado de formación civilista las primera lecturas de derecho angloamericano suelen ir acompañadas de desconcierto ante un aparente caos didáctico. Acostumbrado a doctrinas y códigos ordenados y jerarquizados, debe navegar un mar picado de Common Law and Equity, en que sus categorías jurídicas, de aplicación de la jurisprudencia y de división de poderes, o hacen agua o se van a pique.

¿Y por qué no buscar una solución en la poesía?

En su ensayo sobre la "Oda al Ruiseñor" de John Keats, Borges se preguntaba por qué los comentaristas literarios ingleses no percibieron que el poeta no se había referido a un ruiseñor específico escuchado una noche en un jardín de Hempstead, sino al arquetipo del ruiseñor, al ruiseñor de todos los lugares y todos los tiempos. Y dice Borges:

"Observa Coleridge que todos los hombres nacen aristotélicos o platónicos. Los últimos sienten que las clases, los órdenes y los géneros son realidades; los primeros, que son generalizaciones; para éstos, el lenguaje no es otra cosa que un aproximativo juego de símbolos; para aquéllos es el mapa del universo. El platónico sabe que el universo es de algún modo un cosmos, un orden; ese orden para el aristotélico, puede ser un error o una ficción de nuestro conocimiento parcial. ... de la mente inglesa cabe afirmar que nació aristotélica. Lo real, para esa mente, no son los conceptos abstractos, sino los individuos; no el ruiseñor genérico, sino los ruiseñores concretos ... Que nadie lea una reprobación o un desdén en las anteriores palabras. El inglés rechaza lo genérico porque siente que lo individual es irreductible, inasimilable e impar."

Si trasponemos la argumentación borgiana al derecho, veremos que muchas veces tratamos a nuestros códigos y leyes como arquetipos platónicos a los que la realidad de cada caso, litigio o controversia debe ajustarse, mientras que un matiz aristotélico colorea la doctrina jurídica angloamericana, que parte de hechos particulares y examina en qué medida se ajustan a los hechos de otra controversia anterior, cuya solución judicial -the precedents contained in the case law- será invocada y aplicada a los hechos del presente.

Cuando ideologías diversas coexisten, or otherwise, la traducción jurídica suele ser uno de los entornos en que se deben procurar esas inefables "soluciones de avenencia" de la diplomacia para conciliar a platónicos y a aristotélicos. El derecho y las doctrinas y normas por cuyo conducto se expresa responden a una realidad mucho más cambiante que la de las ciencias de la naturaleza. Es el producto de una lenta, dolorosa evolución, interrumpida constantemente por hipos de barbarie. En el mejor de los casos, permite establecer cierto orden y armonía en las relaciones cotidianas de los individuos y de las agrupaciones o entidades en que los individuos se conglomeran, sean Estados o sociedades anónimas. En consecuencia, concebirlo como una estructura rígida, merecedora de respeto cuasi-religioso, sería imprudente y peligroso. Cuando, además, se confrontan dos sistemas jurídicos, elaborados en idiomas diferentes y que responden a evoluciones históricas distintas, la rigidez se torna, si es posible, aún más peligrosa, porque aumenta posibles animosidades e impide comprender, como decíamos antes, al "otro", cuya formación lo inclina, tal vez, a concebir las cosas con una óptica diversa a la nuestra. Supongamos que debiéramos traducir una frase tan sencilla -aparentemente- como the importance of jurisprudence as a source of law, ¿es que acaso podemos ser fieles al original sin indagar el contexto en que esa frase fue pronunciada, sin saber quién la expresó ni con qué propósito? A falta de un marco de referencia más preciso, diremos "la importancia de la jurisprudencia como fuente del derecho". Podríamos habernos equivocado radicalmente o, tal vez, podríamos haber acertado. Veamos: si esa frase fue pronunciado o escrita en su sentido habitual, nos habremos equivocado: para los anglosajones jurisprudence es lo que denominamos doctrina, ciencia o conocimiento del derecho expresado en las obras de los tratadistas y no "jurisprudencia" como interpretación judicial de la ley, como práctica judicial constante reflejadas en las colecciones publicadas de fallos y sentencias. Y sin embargo, si el "otro" que pronunció o escribió esa frase ha empleado la terminología jurídica de los Estados Unidos, en cuanto jurisprudence puede ser sinónimo de case law o decisional law, habremos traducido fielmente el concepto.

Estos problemas de contexto y de mensaje no solo afectan al derecho sustantivo. El derecho procesal suele ser también campo fértil -o espinoso- para la traducción. La imaginación de nuestros procesalistas penales se vería por cierto acicateada para acertar con la traducción de plea bargaining, del mismo modo que sus colegas anglófonos deberán recurrir a más de una pirueta semántica para conceptualizar en inglés a nuestro "juez de instrucción".

Quienes hayan leído "Alicia en el País de las Maravillas" recordarán ese diálogo delicioso entre Alicia y el muy morondo Humpty Dumpty:

"'Cuando yo digo algo", dijo desdeñosamente Humpty Dumpty, 'lo que digo significa lo que a mí se me ocurre, ni más ni menos'
'Pero', respondió Alicia 'la cuestión es saber cómo te las arreglas para que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes'
'La cuestión es saber quién manda; eso es todo' retrucó Humpty Dumpty"

El destino de Humpty Dumpty, al igual que de otros orondos y ovoides personajes fue acabar en tortilla. Destino similar merecerían tal vez quienes, amparados en una autoridad temporaria o cuestionable, acuden a la terminología jurídica para instrumentar al derecho en pro de intereses, políticas y objetivos a veces mezquinos o muy pasajeros y ofrecen traducciones oportunistas y reñidas con el verdadero sentido de las normas.

Por su historia y proyección geográfica, y por el peso específico que vayan adquiriendo sus hablantes en el mundo, el español es una de las lenguas con más futuro. La pereza con que ha evolucionado en los cien años pasados no justifica que se lo atropelle con invasiones que ignoran vocablos y conceptos existentes. Con justificada iracundia, el Director de la Real Academia Española fulminaba en una editorial a quienes -y lo habremos comprobado más de una vez en la jerga administrativa- nos endilgan a todos la condición de "usuarios", sin atender a la riqueza de posibilidades que esconde ese sustantivo, ya que puede significar automovilistas, peatones, parroquianos, bañistas, drogadictos, pasajeros, paseantes, clientes, lectores o fieles, ya sea que "usemos" automóviles, aceras, bares, playas, narcóticos, trenes, parques, supermercados, libros o templos. Son esas carencias de matiz las que empobrecen al idioma y reducen es español a dialecto de factoría.

El derecho es uno de los instrumentos imperfectos pero necesarios del diálogo entre distintos sistemas de vida. El ámbito internacional y los idiomas en que se expresan sus actores debe ser un entorno de préstamos y de enriquecimiento recíproco at arm's length = en un pie de igualdad. Tal es quizás el equilibrio que debemos procurar en la traducción jurídica. "Pensemos en inglés", sí, para comprender a nuestro interlocutor anglófono, pero una vez que hayamos comprendido, escribamos en español.

David Deferrari
Naciones Unidas - Nueva York
deferrarid@un.org

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