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Sobre la propuesta de reforma ortográfica

En el último número de puntoycoma que me ha llegado figura un magnífico artículo de José Luis Martín sobre una posible reforma ortográfica del castellano. Lo califico de magnífico por su claridad de exposición, su rigor científico y la ponderación de sus propuestas. Pero por estar totalmente en contra de una reforma tan radical, y salvado ya el honor del articulista, me permitiré las observaciones siguientes.

No veo por qué el ideal de un lingüista deba consistir en alcanzar la correspondencia biunívoca entre la lengua hablada y la escrita. Afortunadamente, un idioma no está sometido al dictado ciego de la lógica o las matemáticas, cual es el principio mencionado. En otro orden de ideas, la libertad propia del idioma nos permite requebrar a Rosita diciéndole "que tiene dientes de perla y labios de rubí". Con este tipo de dotación anatómica a Rosita le resultaría muy difícil comer y, en todo caso, nunca podría sonreír.

La reforma ortográfica propuesta arrasaría con una serie de valores etimológicos, culturales y estéticos. Estos últimos no me parecen nada desdeñables y, personalmente, uno de los detalles que más me han chocado de la transcripción del texto de García Márquez es que está salpicado de kas. Aunque la Academia diga otra cosa, yo nunca consideré la ka como una letra española y la tolero solamente para los prefijos científicos o algún nombre de origen extranjero. Se me dirá que los valores estéticos son relativos y que los esquimales, por ejemplo, encuentran guapas a algunas de sus mujeres. Pero a mí, la verdad, es que la estética esquimal me deja frío. Otro peligro de la reforma es que consagremos vicios de dicción que se producen por pereza enunciativa o que son propios de algunas capas sociales o regiones españolas. Me limitaré a un solo ejemplo. ¿Vamos a consagrar la grafía "ojeto" porque así se pronuncia en muchas partes la palabra "objeto"?

Finalmente, hay otro aspecto que posiblemente haya escapado a la atención de nuestro colega Martín. Un traductor será el último en negar la importancia del aprendizaje de lenguas extranjeras. Pues bien, la reforma ortográfica del castellano propuesta alejaría la grafía patria de la grafía de algunos de los idiomas extranjeros más importantes, con graves consecuencias didácticas. Me limitaré a una sola lengua y a un solo ejemplo, aunque podría citar muchos más. ¿Vamos a sacrificar en el altar de la correspondencia biunívoca la lozana voz "mucho" para convertirla en un "muko" sanguinolento? ¿Vamos a facilitar con ello el estudio del inglés a los jóvenes, a los que habría sido mucho más fácil retener que "much" se traduce por "mucho"?

Alfonso Torrents dels Prats

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