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CABOS SUELTOS


Proactive

El miedo del traductor ante el neologismo, aunque esté bien construido, hace palidecer al del portero ante el penalty. Recientemente leíamos en estas páginas que cierto término, según cierto especialista, es un barbarismo. Toda la ciencia está plagada de barbarismos, la mayoría helenismos, aunque también latinismos y otros. Pero este desdén por la palabra nueva se acentúa en cuanto se percibe tras ella la mano del anglosajón. Ya no hay derivación que valga, ni lógica que justifique el nuevo término y conviene —como dice la legislación comunitaria— buscar una alternativa más castiza.

Un ejemplo de lo dicho es el término proactive, construido como contraposición a reactive y de reciente aparición; no aparece en el Merriam-Webster de 1986, ni en Le Petit Robert de 1993, aunque sí en la Británica como término surgido en 1933 en el contexto de la psicología de la educación, y más concretamente de las escuelas conductistas, que en su día los modernos llamaron behavioristas. Suele traducirse por anticipativo, por miedo, suponemos, a usar proactivo y tratando de encontrar una palabra que exprese la misma idea. Pero anticipativo no tiene las connotaciones de actividad que forzosamente tiene proactivo. Anticipar puede muy bien significar estar a verlas venir, preparar remedios para el mal que se avecina, mientras que proactivo significa actuar para evitar el mal, para no tener que reaccionar. Es como la diferencia entre preparar palas y camiones para desviar las aguas tóxicas que bajan desbocadas hacia el humedal y eliminar o no permitir la construcción de la presa que supone un riesgo de catástrofe.

Al igual que nuestros hermanos mayores gritaron aquello de "hoy activos o mañana radiactivos", nuestros hermanos menores quizá griten "hoy proactivos o mañana reactivos".

Josep Bonet
josep.bonet-heras@ec.europa.eu

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