capítulo precedentecapítulo siguientePágina principal

COLABORACIONES


Tony Blair tiene que devolver

El pasado 5 de agosto nos desayunamos con un editorial de El País titulado "La devolución de Tony Blair". ¿Qué devuelve el patrón del Nuevo Laborismo y a quién? El mismo editorial lo deja claro: "Escocia y Gales habrán de pronunciarse en sendos referendos sobre una devolución de competencias que supone un giro histórico". Cierto que, gracias a la cursiva, la píldora es menos indigesta. Pero, convencido el editorialista de que el lector aguantará lo que le echen, cierra el artículo comentando que "la devolución que propugna Blair se habrá convertido en una revolución". Lo bueno es que en el mismo texto se encuentra la clave para expresar con propiedad la idea que quiere transmitir: "Tony Blair se ha lanzado de cabeza hacia la descentralización del Reino Unido. [...] El intento anterior de otorgar autonomía local a estos dos territorios fracasó en 1979. [...] La elección directa del alcalde de Londres puede otorgar una mayor autonomía administrativa a la capital [...]". Claro que "devolución" le da al editorial un cierto toque de modernidad anglosajona...

La correspondencia devolution = devolución se encuentra también en nuestros documentos: "Cotidianamente surgen dificultades entre las diversas culturas y naciones, no sólo por el problema de traducir con precisión de una lengua a otra, sino también por las connotaciones culturales de frases y palabras. Un ejemplo característico en el contexto europeo es la palabra "federal", que para el súbdito de una federación significa una forma de gobierno basada en la devolución de competencias; en cambio, para el de un estado unitario significará probablemente la imposición de otro nivel de administración más lejano y centralizado."

Hay que tener imaginación —y tal vez nociones de inglés— para dilucidar qué quiere decir "una forma de gobierno basada en la devolución de competencias".

En los manuales de Historia del antiguo bachillerato, bregando con el embrollo de guerras franco-españolas del siglo XVII tropezábamos con una cuyo nombre nos sonaba un poco raro: la Guerra de Devolución (War of Devolution en la historiografía inglesa). Al morir el rey Felipe IV, su yerno, el monarca francés Luis XIV, reclamó a España los Países Bajos para su mujer María Teresa, hermanastra de Carlos II. Invocó para ello el droit de dévolution, una antigua costumbre del ducado de Brabante según la cual los bienes patrimoniales pasaban a los hijos del primer matrimonio si el viudo contraía segundas nupcias. De nada sirvió la brillante intervención de los juristas españoles, que desvelaron los turbios designios del Rey Sol y alegaron con acierto que éste pretendía acomodar a las relaciones entre Estados una costumbre que sólo regía en el derecho privado de algunas provincias flamencas. Los Tercios andaban ya de capa caída y Francia consiguió rapiñar un buen pedazo de los Países Bajos. Quedaba claro, en cualquier caso, que no se trataba de devolver nada a nadie, sino de reconocer un derecho hereditario que el soberano francés se había sacado de la real manga. Es evidente la relación directa entre aquel droit de dévolution y otros términos todavía vigentes como dévolution de la couronne, dévolution successorale, dévolution testamentaire, etc., relacionados todos ellos con el derecho hereditario o el orden de sucesión.

Volviendo a las cuitas de Tony Blair, el anglicismo que comentamos parece tonto, pero no es necesario ser jurista o nacionalista escocés para sacarle mucha punta. En el español actual, "devolución" poco o nada tiene que ver con el término inglés devolution. En todas las acepciones del DRAE, el verbo "devolver" corresponde a la segunda de dos acciones consecutivas en sentido opuesto: modificar el estado de una cosa - volver una cosa al estado que tenía, desposeer-restituir, recibir un favor-corresponder a un favor, comer-vomitar, etc. Uno se pregunta, sin ánimo de ofender, ¿el Reino Unido como tal tiene algo que devolver a Escocia y Gales? Está claro que "devolver" corresponde a los verbos ingleses to return, to give back, to restore, to render, etc. y no a to devolve. Este último supone una acción en un solo sentido (normalmente del vértice a la base) y está probablemente muy marcado por su significado primigenio (hoy arcaico, según los diccionarios): to roll down or cause to roll down. Actualmente, tiene el sentido de atribuir, delegar o transferir derechos, poderes, competencias, responsabilidades, etc. La cuarta acepción de devolution en el Collins English Dictionary es ésta: "a transfer or allocation of authority, esp. from a central government to regional governments or particular interests". En el Estado de las autonomías, si de algo estamos bien servidos es de términos y expresiones relacionados con el tema: descentralización (política o administrativa), regionalización; autonomía (política o administrativa); traspaso, transferencia, cesión, delegación de poderes o competencias, etc. Devolved parliament, por ejemplo, podría traducirse quizá por "parlamento regional" o "parlamento autonómico". Aunque no hay que perder de vista que muchos conceptos generados en torno al Estado de las autonomías son algo tan español como son genuinamente alemanes multitud de términos acuñados por el sistema constitucional de la RFA. Veremos qué nos depara en el plano terminológico el invento de Tony Blair.

El término devolution es bastante ambiguo; y ahí reside la dificultad de traducción. Por lo general se refiere a la descentralización política o administrativa de las estructuras del Estado. Este fenómeno tiene su reflejo en Estados Unidos en la noción de federal devolution, que consiste en la transferencia de competencias —por ejemplo en las áreas de sanidad y servicios sociales— del Gobierno federal a los estados y, por extensión, a los distritos y municipios. Pero se asocia también a nuevas tendencias en la gestión y organización administrativa, tanto en el sector privado como en los organismos públicos: desconcentración, delegación, responsabilización del personal... En este sentido, es evidente que entronca con la idea de empowerment, muy de moda en los países anglosajones, que, como era de esperar, ha irrumpido ya de forma masiva en los documentos de la Comisión.

Amadeu Solà
JMO A3/73
Tel.: 4301 33585

capítulo precedentecapítulo siguientePágina principal