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COLABORACIONES


¿Qué hacemos con el pinyin?

En 1956, un Comité de Reforma Lingüística adoptó en China un nuevo sistema de transliteración del dialecto pequinés del chino o Putonghua, lengua oficial en todo el Estado. El sistema, que fue elaborado por especialistas nacionales y extranjeros y modificado en 1958,recibió el nombre de Hanyu Pinyin Wenzi («alfabeto fonético del chino») y tenía como finalidad sustituir a los diversos existentes en la época, entre los que destacan la romanización Wade-Giles1 y el sistema llamado Zhuyin Zimu (en inglés, Mandarin Phonetic Symbols [MPS2). En 1979, el Pinyin adquirió, por decisión gubernamental, carácter normativo para el uso en las relaciones exteriores. Pasado no poco tiempo desde entonces, su paulatina infiltración en nuestra lengua viene causando cierta perplejidad en los hablantes, sobre todo en su calidad de lectores, de modo que en la actualidad, al menos en el mundo hispánico, la transcripción del chino se debate entre dos opciones: la alternancia más o menos caótica de diversos criterios (no siempre conscientes) o la adopción sistemática y excluyente del más extendido de ellos, precisamente el Pinyin. Si examinamos brevemente los motivos por los cuales ambas opciones resultan inadecuadas o incómodas, nos será más fácil hallar una vía intermedia.

La ventaja más evidente del Pinyin es su carácter unificador y sistematizador, especialmente útil para los hablantes de lenguas que, como el español, carecen de un sistema propio. Hasta hace poco la alternancia se producía entre formas de diversa procedencia; actualmente, la progresiva extensión del Pinyin sin la necesaria información multiplica esa alternancia y, con ella, la confusión. Por el contrario, la adopción sistemática y razonada (no excluyente) del Pinyin evitaría ese problema, así como la proliferación de formas espurias: *Tienanmen por Tiananmen, *Shangai por Shanghai,etc.

A esta ventaja general se añaden otras: el Pinyin tiene rango oficialenlos ámbitos gubernamental y diplomático (también en las Naciones Unidas), se enseña en las escuelas junto con los caracteres chinos, se utiliza en los códigos para ciegos y sordos y en la informática, se ha adoptado casi universalmente para la enseñanza del chino como lengua extranjera (con su consiguiente vigencia lexicográfica) y su uso es ya generalizado en la prensa mundial, especialmente en el mundo anglosajón; además, sirve para transcribir, siempre de una sola forma, junto con todos los nombres propios de la lengua china, también los de otras lenguas de las distintas nacionalidades de la RepúblicaPopular.

Desde el punto de vista estrictamente lingüístico, el Pinyin adolece de los mismos defectos que cualquier otro alfabeto fonético. Como todo lo que atañe a la lengua, es pura convención: para quien no es consciente de este hecho, algunas de sus soluciones resultan inevitablemente arbitrarias. No obstante, hay que señalar que, en comparación con otros sistemas, constituye una notable simplificación, pues elimina (oreduce al mínimo, por ejemplo para representar los tonos) los signos diacríticos, apóstrofos, guiones y complejas secuencias que tradicionalmente entorpecen la transcripción y la lectura del chino en caracteres latinos, al tiempo que combina con rigor las letras para representar los paralelismos entre los distintos fonemas. Pero no faltan inconvenientes.

En un ensayo de 1986 sobre poesía china, reprochaba Octavio Paz al Pinyin que «vuelve irreconocibles muchos nombres propios muy conocidos» y, tras citar varios ejemplos aduciendo como forma supuestamente conocida la del sistema Wade-Giles, concluía: «Naturalmente yo escribo Tu Fu y no, como quieren las nuevas reglas, Du Fu». Sin embargo, esta claridad de criterios (¿u obstinación?) no parece servir de mucho, pues en el mismo texto bailan las diéresis (Hsuang Tsung/HsüangTsung, Po Chu-i/Po Chü-i) y las grafíasWade-Giles conviven incómodamente con las del denostado nuevo sistema (aparece el título*Li-ren xing, que en Pinyin no lleva guión y en Wade-Giles debería escribirse Li-jen hsing)3. Hoy en día son frecuentes estas vacilaciones.

A pesar de esa incoherencia, la objeción de Paz no carece de fundamento en un sentido general: las nuevas formas chocan con el acervo onomástico y toponímico de cada lengua. Pero debe recordarse que, en el caso del español, ese acervo es muy reducido, por no decir insignificante (Pequín/Pekín, Nankín, Cantón y, si acaso, algunas provincias chinas cuyo nombre fue en su día transcrito por los jesuitas españoles); por otro lado, muchas de las formas que se consideran autóctonas son en realidad préstamos del inglés (Tao Te King) o del francés (Yangtsé). En cualquier caso, se trata de ponerse de acuerdo en las esferas institucional, científica, comercial y cultural, no de proscribir formas acuñadas hace siglos y perfectamente válidas en otros estratos o registros de la lengua.

Continuación


VI Encuentros Complutenses en torno a la Traducción

(28 de noviembre-2 de diciembre de 1995)

El Instituto Universitario de Lenguas Modernas y Traductores de la Universidad Complutense de Madrid celebró en el ya lejano otoño de1995 sus VI Encuentros en torno a la Traducción, que congregaron, como es habitual, a numerosos traductores, profesores y estudiantes. Los temas propuestos abarcaban prácticamente todas las perspectivas posibles, desde la teoría de la traducción hasta el análisis tipológico de textos, la traducción literaria, la interpretación, la terminología, la traducción automática, la historia de la traducción, su didáctica y el propio ejercicio de la profesión. El centenar de ponencias que se presentó a los Encuentros respondió a tal variedad de planteamientos. Abundaron los estudios relacionados con la didáctica de la traducción, lo que constituye una muestra de la intensa actividad que han emprendido desde hace algún tiempo las escuelas y facultades de traducción en España, y los trabajos sobre traducción literaria, más ligados a los estudios filológicos de corte clásico, pero también se presentaron interesantes ponencias relacionadas, por ejemplo, con la traducción publicitaria, periodística, audiovisual, jurídica y técnica.

Entre los conferenciantes invitados a estos Encuentros se contó con la presencia de prestigiosos traductores y profesores universitarios de Francia, Suiza, Bélgica, Alemania, Italia, Reino Unido, Austria e Israel. Las dos mesas redondas, sobre didáctica de la traducción y sobre la intervención del traductor en el proceso editorial, sirvieron para la confrontación de puntos de vista y la incorporación del público a los debates. Hay que lamentar, sin embargo, algunos fallos en la organización de estas jornadas, como la simultaneidad entre las intervenciones de los pesos pesados y las ponencias del resto de los participantes en los Encuentros, que obligaba en muchos casos a los asistentes a renunciar a escuchar ponencias de gran valor. Habría sido preferible, dada la indudable heterogeneidad de los intereses del público, celebrar una serie de sesiones plenarias que abarcaran las intervenciones de mayor alcance y las mesas redondas y repartir el resto de las ponencias en secciones temáticas paralelas que hubieran permitido un debate ceñido a aspectos más específicos. De cualquier modo, la futura publicación de las Actas permitirá aprovechar todo el caudal de investigación, especulación y análisis de estos Encuentros. Este tipo de iniciativas siempre representa un estímulo para la callada labor del traductor ante sus textos.

Alberto Rivas
CCE, JMO A3/76A
Tel. 4301-32094

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