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COLABORACIONES


El Mundo al Revés

Xavier Valeri me anima a vencer la aversión que siento por exponerme de nuevo en este foro a las furibundias de los compañeros. Se trata de lo siguiente:

Por mor del eurospeak yo tenía ya asumida, hasta cierto punto, una utilización de las iniciales mayúsculas contraria a la que aprendí (nombres comunes en minúsculas, nombres propios con inicial mayúscula). Me parecía que algunas influencias eran inevitables, como la de que el inglés tienda a poner con inicial mayúscula todos los miembros de, por ejemplo, un título de libro, o la de que el francés suela presentar totalmente en mayúsculas los apellidos de las personas.

En esas andaba yo, aceptando a regañadientes poner iniciales mayúsculas en nombres de unidades administrativas del tipo de «Salud Pública y Seguridad en el Trabajo», cuando he empezado a ver aparecer, en los membretes que el ordenador nos da como modelo al crear un documento, verdaderas narraciones explicativas como «Análisis, Política y Coordinación de Programas de Salud Pública, Desarrollo y Evaluación».

Al comentarlo con algunos colegas he visto que hay opiniones para todos los gustos. Que si la influencia del inglés, que si la Administración española, que si no queda mal hasta un máximo de cinco miembros con iniciales mayúsculas, que si se discutió en un comité interinstitucional, etc.

Ironías del destino (sigo citando un único ejemplo, que es el de la DG V/F/1), ahora resulta que el membrete original en inglés reza "Public health analysis, policy and programme coordination, development and evaluation", con un delicioso bullicio de minúsculas que me encanta, mientras que nuestro evolucionado neoespañol dice "Análisis, Política y Coordinación de Programas de Salud Pública, Desarrollo y Evaluación". Vamos, el mundo al revés.

Y el colmo de la ironía es que dicha unidad figura en el último organigrama de la Comisión (del 15/3/95) como "Salud pública: análisis, coordinación, desarrollo y valoración de políticas y programas". De nuevo, pues, minúsculas (¡sí, sí!), pero una denominación distinta de la que nos da la informática.

No quiero ni pensar los resultados que se obtendrían de un estudio completo de todas las unidades y divisiones administrativas de las diversas direcciones generales. Por otra parte, como decía Sacha Guitry, "la vida sería insufrible si dejáramos de dar importancia a las cosas que no la tienen".

Miguel A. Turrión
(mejor que TURRIÓN)
JMO A3/60
Tel. 34836

 

Nota dirigida a nuestros colegas femeninos y masculinos o de ambos sexos//nuestros/as colegas1

La política de igualdad de la Comisión parece exigir que en todo texto referido a ambos sexos, éstos tengan una expresión léxica o gramatical explícita. Por ello, se habla de trabajadores masculinos y femeninos, del cuidado de los niños y las niñas y los concursos se convocan para traductores/as, administradores/as, etc.

Otra exigencia actual, en este caso de la igualdad de (oportunidades, trato, etc), es colocar (en el discurso) a las mujeres por delante de los hombres: la igualdad de oportunidades entre la mujer y el hombre/ las mujeres y los hombres/mujeres y hombres.

Un compañero me indicaba, con buen criterio, que los trabajadores masculinos y femeninos no son otra cosa que los trabajadores y las trabajadoras. También me señalaba su extrañeza ante el cambio de orden de los hombres y las mujeres en expresiones como la igualdad entre mujeres y hombres. Sin duda, sus reticencias se debían a una tendencia apreciable en nuestra lengua, que puede formularse del siguiente modo: cuando se unen dos palabras con la conjunción y, la más corta suele ocupar el primer lugar (hombres y mujeres). Por eso, las otras dos posibilidades (la mujer y el hombre/las mujeres y los hombres) nos "suenan" mejor. En efecto, en estos casos hay dos grupos fónicos equivalentes [la mujer (3 sílabas), y-el hombre (3 síl.); las mujeres (4 sílabas), y los hombres (4 síl.)]. Otra cuestión es la pesadez de tener que anteponer siempre el artículo cuando dichas expresiones se repiten constantemente en un texto.

No menos pesado resultaría tener que escribir siempre las dos formas genéricas de una palabra (los trabajadores y las trabajadoras). En gramática el "género" masculino es el género "no marcado", es decir el que aparece en el discurso cuando se neutraliza la oposición de género. En frases como la remuneración de los trabajadores o el cuidado de los niños, trabajadores se refiere tanto a los trabajadores como a las trabajadoras y niños tanto a los niños como a las niñas. Ante este "sexismo" del lenguaje, puede adoptarse una postura revolucionaria: colocar detrás del sustantivo y las palabras que concuerdan con él las dos terminaciones genéricas separadas por una barra: el/la traductor/a; el/la administrador/a o plegarse ante el hecho de que la lengua (o sus hablantes), como sistema convencional, ha optado por el masculino como miembro "no marcado" de la oposición (gramatical) "masculino/femenino". La primera posibilidad puede resultarle a algunos antiestética. La segunda puede ser para otros una claudicación ante un sexismo lingüístico que no ha de ser aceptado por el mero argumento de una tradición que, por otra parte, siguen todas las lenguas. Más difícil, resultaría, claro está, intentar que una comunidad lingüística decida o acepte que el femenino pase a ser el término no marcado de la oposición de género.

Lo más adecuado, neutral y justo sería utilizar una palabra para los dos géneros. Esto funciona, por ejemplo, en alemán, con el sustantivo Mensch, pero hablar en español de ser humano cada vez que queremos aludir a las mujeres y los hombres resultaría extraño y, sobre todo, difícil de "imponer". Por otra parte, esta solución sólo es posible en el caso de esta oposición léxica hombre/mujer.

Después de toda esta disquisición y más allá de la neutra exposición de los hechos, parece adecuado dar la propia opinión. A mi juicio, la mejor solución, por la dificultad de sustituir el masculino por el femenino en casos de neutralización y por la farragosidad de las barras, es seguir utilizando el masculino como miembro "no marcado" de la oposición masculino/femenino. Puede ser que en mi posición influya mi condición de ser humano masculino, pero creo, con todo, que el no sexismo ha de plasmarse en cuestiones más importantes que la tratada, tanto gramaticales como no gramaticales. Por quedarnos en el primer nivel, diré que considero más importante acuñar, cuando se pueda, un equivalente femenino para los nombres de profesiones y hablar, por ejemplo, de juezas o carpinteras.

José Luis Martín Yuste
JMO A3/68 A
Tel.: 34909

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