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Saques de esquina (I)

1. 'Eburneum Litus' vel 'Eburnea Ora'?

Uno de los problemas que se planteaba en los rodajes españoles de películas de romanos, que requerían la participación de un gran número de extras carpetovetónicos, era la aparición en medio de un plano de uno o varios individuos con reloj de pulsera o calzados con zapatillas de la nunca bien ponderada marca "La Cadena". Incoherencias de este tipo acechan a cualquier escritor (García Márquez lo comentaba divertido acerca de un personaje de su novela Del amor y otros demonios) o a cualquiera que participe en la producción de textos, literarios o no.

Sin querer echar más leña al fuego, porque es un asunto en vías de concertación interinstitucional (o eso parece, al menos...), me gustaría insistir en que el uso de los nombres de países puede dar lugar a situaciones bastante "sorprendentes", como la del documento COM(94) 385 final. Si algún curioso, ignorante de los usos de cada institución o servicio, lo examina, se asombrará ante el siguiente panorama: desde la cubierta hasta la página 8 se utiliza la denominación Costa de Marfil. A partir de la página 9, sin embargo, el topónimo se convierte, en la versión española, en Côte d'Ivoire -que es, por otra parte, lo que figura en la Lista de países de las Naciones Unidas. Hasta aquí, podría darse fácil explicación a este desaguisado: en efecto, a partir de la página 9 se trata de un anexo que parece haber sido publicado con anterioridad en un diario oficial.

Pero la cosa no acaba aquí. Una mano misteriosa ha intervenido en la misma página 9 y ha añadido un párrafo nuevo al apartado 4, con el resultado de que en un mar de *Côtes d'Ivoire -es más: a tan sólo cuatro líneas de distancia-, se puede encontrar de nuevo el castizo Costa de Marfil. O sea que el repaso al COM ha sido chapucero y tiene aspecto de obedecer más bien a la regla de "mantenella y no enmendalla", aunque, eso sí, aplicada sin rigor: o se corrige en todos los casos, incluido el anexo íntegro, o se opta por la versión Côte d'Ivoire en todo el documento.

Ahora bien, lo que no me cabe en la cabeza es cómo le ha podido pasar desapercibido al autor del añadido algo que, vistas las características de su intervención, le va a hacer rechinar los dientes: ¿cómo ha permitido que el castizo Costa de Marfil se codee, en la cabecera de la solicitud de licencia de pesca marítima (pág. 13), con el horrígrafo Abidjan, y no lo ha cambiado por el casticísimo Abiyán?

Lo dicho: si jugamos a romanos, ¿por qué no lo decimos en latín?

2. El orden de los sintagmas altera el buen gusto

En las páginas de derechos o créditos de ciertas publicaciones de la OPOCE ha venido apareciendo en español una frase de resonancias ligeramente bárbaras: Una ficha bibliográfica figura al final de la obra.

Por fin, alguien ha afinado el oído y ha conseguido que se cambie por otra en que el orden resulta más natural: Al final de la obra figura una ficha bibliográfica. Sólo me queda dilucidar si, efectivamente, se trata de una ficha bibliográfica o más bien de los datos de catalogación bibliográfica, pero eso me parece hilar muy fino: se agradecerá la información.

3. Malos tiempos para la preposición

Lo primero que salta a la vista al examinar la cubierta del nuevo Estatuto (cosecha del 93) es que su diseño -imagino que similar en todas las lenguas- difícilmente recibiría el visto bueno de Garamond, Plantino o Bodoni. En segundo lugar, el lector con buena memoria visual se percatará de que se ha corregido el gazapo "functionarios", que nos taladraba las gafas desde la cosecha del 88. Sin embargo, nos va a seguir asediando la omisión de la preposición "de" en la fecha: Diciembre 1993, reza la cubierta -Julio 1988, figuraba en la anterior.

Ya estamos acostumbrados por nuestra tele nacional a esos abruptos rótulos, modelos de concisión braquigráfica y cadalsos de preposiciones, como: Asurbanipal Ramírez Subsecret. Minº O. Públicas, Dioclecià Destraler Cons. Deleg. FEGATOSA, etc.

Quizá debamos seguir avanzando por esa hermosa senda para acabar utilizando simplemente un alfabeto consonántico y una sintaxis donde se dé rienda suelta a este tipo de encabalgamientos más ásperos que la lija: ¡la de bytes que ahorraríamos mordiéndonos de ese modo la lengua! ¡Mldc'n!

Miguel Ángel Navarrete
PE - TOUR 1404

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