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Sobre los neologismos

Uno de los debates más interesantes que se han suscitado en PUNTOYCOMA desde el inicio de su publicación es el de los neologismos y, en especial, el de los neologismos semánticos. Con este último término nos referimos al empleo de una palabra autóctona con un significado distinto del que tiene normalmente por influencia de una palabra extranjera del mismo origen etimológico. Así, por ejemplo, en ciertos textos comunitarios se emplea elegible en la acepción "que reúne las condiciones" por influencia del fr. (comunitario) éligible.

En cambio, hablamos de neologismos fónicos o extranjerismos cuando se introduce en la lengua una palabra de otro idioma por no existir para el concepto que expresa una voz autóctona. Ejemplos de ello son (e)snob o club. En ciertos casos la palabra extranjera coexiste junto a un término acuñado en español para designar el mismo concepto. Piénsese, por quedarnos a ras de tierra, en balompié y fútbol. Suele estarse de acuerdo en que la condición para introducir un extranjerismo es que en la propia lengua no exista una palabra para el mismo concepto. Por ello es difícil que extranjerismos como partenariado (con adaptación de la terminación) se acepten, al menos a corto plazo. En efecto, para designar este concepto empleamos en español otras palabras como asociación o cooperación.

Si sobre la adopción de extranjerismos existe normalmente acuerdo, la introducción de neologismos semánticos es siempre objeto de apasionadas discusiones. Sobre este tema nos topamos siempre con dos posturas irreconciliables, que pueden resumirse a grandes rasgos del siguiente modo:

No es nuestro objetivo discutir en profundidad o con profusión de ejemplos estas opiniones. Sólo señalaremos, con respecto a la primera, que la lengua tiende a designar un concepto con una palabra o un sintagma lexicalizado (sintagma que se emplea siempre para designar a una misma realidad o concepto con un grado mayor o menor de fijación: compárese hombre rana con pan de molde, por ejemplo) y no con una paráfrasis oracional. Expresar cada concepto para el que no existe una palabra en la propia lengua mediante una paráfrasis sería a la larga demasiado poco económico. Puede decirse que la lengua prefiere la economía a la "tradición" cuando se trata de dar nombre a un concepto.

Con respecto a la segunda, hay que indicar que la consecuencia de prescindir de las palabras o sintagmas lexicalizados propios del español con los que puede traducirse una palabra extranjera y calcarla simplemente (caso de escenario como traducción del inglés scenario) es un empobrecimiento del léxico español no deseable.

En resumidas cuentas, a la hora de decidirse por la conveniencia de un neologismo semántico habría que tener en cuenta tanto la tendencia de la lengua a designar los conceptos con una palabra o sintagma lexicalizado como la necesidad de no empobrecerla léxicamente.

José Luis Martín Yuste
JMO A3/68 A
Tfno.: 34909

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