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COLABORACIONES


De las bases de datos

A diferencia del lenguaje más general (sea coloquial o elevado), el lenguaje especializado o técnico se caracteriza por ser esencialmente unívoco, por su objetivo intrínseco de describir con precisión un campo determinado. En este sentido, precisión significa definir un concepto con un solo término: lo contrario sería restar exactitud a lo definido. Por eso, a mi modo de ver, en los lenguajes técnicos no existen (o no deben existir) lo que la Semántica denomina sinónimos, que el DRAE define como "términos de igual o parecida significación". Aunque no venga al caso en este momento, es evidente que habría que distinguir entre "sinónimos de igual significación", que se dan en la dimensión sincrónica del lenguaje, y "sinónimos de parecida significación", más propios de la diacronía de la lengua.

En los lenguajes técnicos no deben existir sinónimos del primer tipo, so pena de erosionar su eficacia. Su frecuencia es inversamente proporcional a la exactitud que debe presidir toda definición técnica que se precie de tal. O lo que es lo mismo, su abuso no hace sino "coloquizar" un lenguaje que en principio se creó para delimitar nítidamente un campo concreto de la realidad. Uno es general; el otro, particular. Son diferentes en sus objetivos y, por tanto, diferentes en su consideración.

En el lenguaje jurídico, por ejemplo, la repetición de lo indebido (el sentido de la etimología latina es "reclamar en justicia lo detraído o dado sin causa") es una acción jurídica que, al menos que yo sepa, no se conoce por otro nombre. Distinto es que se trate ahora de sustituirla por términos como "reclamación" u otros análogos (es un caso típico de dimensión sincrónica de los sinónimos). Hay que tener en cuenta que a veces los sinónimos (del segundo tipo, claro) se utilizan para distinguir "casos" dentro de una misma figura jurídica cuando la realidad que aquélla pretende regular es muy amplia o se presta al matiz distintivo ("exoneración"/"exención",...), matiz por cierto nada desdeñable (de eso saben bastante los abogados, sobre todo, penalistas: la diferencia entre tenerlo o no en cuenta puede medirse en años de cárcel). Como se ve, el matiz de la ciencia jurídica (y de los lenguajes especializados, en general) nada tiene que ver con el otro, con el del lenguaje de todos los días.

Por esta univocidad del lenguaje técnico (=aparición nula o excepcional de sinónimos del primer tipo), las bases de datos más fáciles de hacer y mantener son las monotemáticas (el término "local" con su referencia a algo físico o geográfico es un engendro monstruoso que no me dice absolutamente nada).

Toda esta introducción ha venido a cuento porque considero que las bases primigenias tienen que ser por fuerza monotemáticas; la GRAN BASE sólo puede realizarse de forma piramidal o stemma invertido o, dicho de otro modo, no se construye una casa empezando por el tejado. A mi modesto entender, hay que dar mayor importancia a las monotemáticas (a fin de cuentas, el traductor es monotemático o casi). La gran base es la referencia última.

Estas bases deben hacerlas los traductores, los que están en contacto con el término vivo y, si son filólogos o con experiencia análoga, mejor aún. ¿Cómo? Desde luego, en grupos terminológicos reducidos, dedicados cada uno de ellos a un campo muy concreto. En la Unidad A trabajamos desde hace tiempo en Recursos Propios (aunque no existe un grupo formalmente constituido), recientemente se ha creado uno de Licitación con resultados palpables en poco tiempo. El siguiente paso lógico es una coordinación terminológica entre Unidades (en el caso de la Licitación es claro; en el de Recursos Propios, no tanto).

Interesado desde hace tiempo por los términos, vi la posibilidad de hacer una base informática a medida, en la que figurasen sólo aquellas funciones que yo necesitaba y que, además, pudiera ser consultada y modificada, al tiempo que trabajaba en WordPerfect, con un simple, pero potente, clic de ratón. Cualquier programa de base de datos comercial es, sin duda alguna, mejor, pero ésta cumple los mismos objetivos con toda su simplicidad. Ni que decir tiene que aquellos que estén interesados en este campo pueden pedirme una copia y utilizarla si lo desean.

La filosofía de la base es la siguiente:

Las funciones de que dispone son las usuales: extracción de datos por n° de ficha, orden alfabético, fecha de creación, traductor, referencia (extrae los términos entrados que corresponden a un mismo documento); copia de seguridad (backup); protección en caso de "apagón"; test inicial de estado de los datos; copia y pegado de texto; impresión (en pantalla y por impresora), etc. Todo ello sin salir del programa ni del entorno Windows naturalmente.

La Base lleva por título, como es lógico, "Glosario de Recursos propios" (lo de glosario es porque incluye un campo Glosa, donde se incluye el comentario o definición del término correspondiente), pero puede "personalizarse" sin problemas.

Datos técnicos: campos lingüísticos (uno por lengua, aunque no he incluido todas), un campo "Referencia", otro "Glosa" y otros campos no lingüísticos, éstos automáticos, como la fecha de creación de la ficha, n° total de fichas,etc. El n° máximo de fichas que puede acoger la base es de 8.000.000. Para los aficionados a la informática como yo, el programa está compuesto fundamentalmente por el ejecutable *.EXE (unos 20.000 octetos), una biblioteca externa (unos 250.000 octetos) y ficheros de control y protección de datos. En total, contando con los ficheros de datos, en disco ocupa aproximadamente 2 Mo. La instalación en disco D:\ es automática. Los interesados en el tema pueden contactarme, tanto para probar esta base como para intercambiar ideas.

José Balsera
JECL 1/107B
Tfno. 60 831

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