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GLOBEDISK, LA PELÍCULA

Relato de la tragedia cotidiana de un traductor

Hoy me ha vuelto a salir el término "scientific park", que traduje hace algún tiempo. Dudo entre "parque científico" y "parque tecnológico", más frecuente en la prensa. Consulto Eurodicautom. No viene. El único terminólogo español se encuentra haciendo un curso de suahili para anticiparse a la posible integración de Tanzania en la UE. Telefoneo a un "experto" nacional que jura por los suyos que la traducción correcta es "parque escientífico". Me decido a buscar entre los documentos más recientes del servicio cliente. En los tres últimos, encuentro tres versiones distintas: "parque científico", "parque tecnológico" y "tecnopolo", para acabar de enredar la cosa. Me entran sudores fríos pensando lo que harán con estos documentos en las instituciones que traducen sobre nuestras traducciones. Opto por "parque tecnológico". Bajo al comedor. A los dos días, pongamos, el revisor me asegurará que lo correcto es "parque científico". Haré el cambio. El jefe me indicará después que no se me ocurra volver a usar "parque científico". Haré el cambio del cambio. Yo también.

Terminología local, por fin

Los traductores tratan de hacer frente a situaciones calamitosas como ésta con sus ficheros personales, que, limitados por naturaleza, no pueden ser consultados por otros ni ofrecen soluciones aceptadas o sancionadas por los demás. A iniciativa de Ludo de Prins, consejero temático del grupo G, se ha puesto en marcha un proyecto de modernización que consiste en informatizar los ficheros personales y conectarlos entre sí para que se traduzca con mayor coherencia terminológica. Con la mejora de la fiabilidad y la rapidez de las consultas, los plazos de traducción y revisión serán más breves. Se espera también añadir valor al trabajo merced a la elaboración de glosarios para free-lancers, vocabularios multilingües del Servicio de Terminología, listas de pretratamiento electrónico de los documentos, etc.

Pueden distinguirse tres fases dentro del proyecto; en la primera, se eligió el programa "Globedisk", que parecía reproducir las características del fichero personal convencional, es decir, sencillez de utilización y flexibilidad; en la segunda, se debatió lo que podríamos llamar "ficha estándar". Se optó finalmente por un enfoque "minimalista", basado asimismo en la sencillez y la flexibilidad, con pocos campos y ausencia total de códigos y vocabularios controlados (véase fig.), para asegurar la participación de un máximo de traductores.

Ahora el proyecto se encuentra en fase de aplicación. Se ha distribuido el programa entre la mayor parte de los hombres y mujeres G y han surgido, naturalmente, los primeros problemas, entre los que destacan el de organizar la validación de los términos y la posible falta de respuesta de los traductores, así como las relaciones con el Servicio de Terminología.

La validación se efectuará periódicamente, haciendo circular entre los traductores listas de los términos dudosos (que van precedidos del símbolo #, como en la figura). Una vez efectuada ésta, los diccionarios serán modificados y copiados "en lugar seguro" para evitar riegos derivados de la debilidad del programa como herramienta colectiva (la célebre corrupción de los ficheros, cuando consultan dos personas al mismo tiempo, independientemente de sus intenciones).

En cuanto a la respuesta de los traductores, no hay duda de que las ventajas de Globedisk -de cualquier programa de terminología local- terminarán por convencer a los más remisos. Sin embargo, para que éstos se convenzan de que el sistema es útil, los contenidos tienen que alcanzar masa crítica, es decir, los diccionarios tienen que contar con un número de entradas suficiente, que haga rentable el aprendizaje y la consulta. Para ello, además de empezar a trabajar de inmediato, debe encargarse al Servicio de Terminología listas de apoyo, glosarios, sobre los temas de traducción habituales en las unidades.

No será ésta la única actividad del Servicio de Terminología, que desde el comienzo ha participado activamente en la definición del proyecto. Terminología ayudará a validar los términos más difíciles y compondrá colecciones multilingües a partir de las bilingües de cada unidad, que servirán también para completar éstas. El problema aludido es que este servicio tiene una concepción "exhaustiva" de la terminología, que choca con la "ligera" de los traductores. Debe quedar claro, y creo que ésta es una de las primeras conclusiones del proyecto, que la terminología local verdaderamente interesante y eficaz para las unidades de traducción es la bilingüe, unidireccional (inglés-español, francés-español, por ejemplo) y efectuada en el seno de la unidad respecto de los temas de traducción más inmediatos. Lo demás es valor añadido, pero sólo valor añadido. Para terminar se presenta una figura que ilustra las posibilidades del sistema.

Joaquín Calvo Basarán
JMO A3/70
Tel. 34442

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