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COLABORACIONES


Interpretar los conectores/ transferir la argumentación

Respondiendo amablemente a las insistentes peticiones de puntoycoma, la profesora Tricás nos ha enviado el siguiente artículo a guisa de síntesis o colofón de las lecciones que dictó en Bruselas y Luxemburgo a finales de 1993, sobre el tema: "Conectores lógicos del discurso en francés":

Un texto define un espacio de comunicación en el interior del cual tienen lugar una serie de relaciones semánticas y pragmáticas. En él, una serie de segmentos verbales, que forma parte del sistema abstracto de la lengua, se convierte en un proceso coherente, dirigido por unas reglas constitutivas de sentido y por unas regulaciones comunicativas determinadas.

La interpretación textual requiere un análisis detallado tanto de las unidades lingüísticas como de los elementos presuposicionales vehiculados por aquéllas y de las relaciones argumentativas que todo discurso establece, así como del marco cultural que hace coherentes las relaciones entre los signos y la realidad exterior. Dicho de otro modo, el lector que desee llevar a cabo un proceso interpretativo profundo, o el traductor que se encuentra en la obligación de realizarlo, deben poner en funcionamiento una serie de competencias entre las que se destacan:

  • una competencia lingüística que le permite reconocer los elementos informativos del discurso.
  • una competencia enciclopédica que le da acceso al contexto sociocultural e histórico del texto.
  • una competencia argumentativa que le permite detectar la orientación argumentativa del discurso y las distintas operaciones argumentativas desarrolladas por el mismo.
  • A esta tercera competencia quisiera referirme más directamente.

    Anscombre y Ducrot, que han desarrollado la teoría del valor argumentativo de la lengua, ponen de relieve la importancia de este tipo de relaciones en el proceso interpretativo. Si alguien pronuncia un frase del tipo:

    Il est gentil mais il a les yeux bleus

    la falta de contradicción aparente entre el color de lo ojos y un rasgo psicológico como la amabilidad forzará a establecer un marco argumentativo capaz de otorgar coherencia al conjunto. (Podríamos pensar, por ejemplo, en una novela policíaca en la que se busca un sospechoso de ojos azules).

    Algunos conectores -como mais, or, parce que donc, enfin...- introducen relaciones entre elementos expuestos y presupuestos, por lo que la búsqueda del sentido obliga a trasladarse desde elementos verbalizados a elementos implícitos que el marco textual pone en funcionamiento.

    El problema de detectar dichas relaciones se presenta aún de modo más acuciante en el caso del traductor que, como ya se ha indicado otras veces, está realizando una operación enunciativa especial intentando recuperar un discurso anterior, cuyas claves interpretativas no controla del todo porque se halla ya alejado del momento en el que el discurso vio la luz.

    La complejidad de nuestros actos mentales tiene como consecuencia que desde la significación literal de las frases hasta el sentido real de los enunciados medie un largo recorrido. Por ejemplo, este párrafo de La Bruyère citado por Ducrot:

    Je vois un homme entouré et suivi; mais il est en place. J'en vois un autre que tout le monde aborde; mais il est en faveur. Celuici est embrassé et caressé, même des grands; mais il est riche. Celuilà est regardé de tous avec curiosité; mais il est savant et éloquent. J'en découvre un que personne n'oublie de saluer; mais il est méchant.

    aparentemente no parece satisfacer la coherencia exigida a cualquier acto de comunicación. Los valores contrapuestos por el conector mais parecen orientados argumentativamente en la misma dirección y por lo tanto incapaces de vehicular la oposición que el enlace mais les confiere. Pero la continuación del texto revela la clave interpretativa con estas palabras:

    Je veux un homme qui soit bon, mais qui ne soit rien davantage, et qui soit recherché

    Entonces el lector deduce que la cualidad que el autor persigue (bon et rien davantage) hace aparecer como excluyentes, y por lo tanto negativas, características que habitualmente se consideran positivas, esto es, estar bien situado (il est en place), tener el favor de los poderosos (il est en faveur), ser rico o ser elocuente.

    Muchos textos establecen mundos referenciales especiales, con una coherencia propia, cuya esencia no es de tipo semántico sino pragmático. En virtud de esta coherencia se establece una peculiar orientación argumentativa, es decir, un locutor considera que un enunciado "p" posee un estatuto argumentativo para una conclusión "r" en función de una serie de presupuestos -ideológicos, culturales- que sustentan sus formulaciones discursivas. Por ejemplo, un enunciado como el siguiente:

    L'Europe oui, mais lentement

    recoge dos movimientos argumentativos que los elementos verbales reflejan sucintamente. El análisis de los mismos revela que el primero de ellos corresponde a la aceptación de la realidad de la construcción europea y el segundo establece una restricción importante que matiza las expectativas iniciales.

    Las exigencias de la operación traductora fuerzan a una interpretación minuciosa de todos estos elementos subyacentes como único medio de dilucidar el verdadero alcance de la progresión argumentativa.

    Un error en el análisis de esta trayectoria argumentativa y las leyes inferenciales que la rigen lleva, por ejemplo, a Julio Cortázar a explicitar inadecuadamente la relación de este segmento de Mémoires d'Hadrien:

    Il me comprit à demi-mot; il me plagnait; il ne pouvait que me donner raison.

    Cortázar interpreta la argumentación sustituyendo la parataxis por un conector antiorientado:

    Me comprendió inmediatamente; me compadecía, aunque estaba obligado a darme la razón.

    Pero en tal interpretación ha sido víctima de sus propias expectativas de enlace, que no se corresponden a las establecidas por la autora de la obra. En realidad, los tres argumentos están orientados en la misma dirección pues apoyan los tres una misma expresión de la sintonía y la complicidad que el texto establece entre médico y enfermo. El esquema de esta coorientación nos daría un esquema del tipo: "a, b, y además c", y la traducción debería formularse así:

    Me comprendió con medias palabras; se compadecía de mí; y no podía sino estar de acuerdo conmigo.

    Lo cual se corresponde perfectamente con la relación que, con toda razón, establece la traducción inglesa del mismo fragmento:

    He understood me at once: he pitied me; he could but admit that I was right.

    La actividad lingüística consiste pues en producir sentido, pero también en realizar una serie de operaciones inferenciales entre el locutor, los interlocutores, el discurso y los elementos implícitos subyacentes al mismo. Esta coexistencia de factores lingüísticos, que asignan un sentido literal, con otros de tipo pragmático, que interpretan el enunciado en función de una determinada situación, es la razón de que en estas frases:

    1. Enfin la liberté!
    2. On ne tue plus par amour. Enfin, presque.
    3. Mais enfin pourquoi tu ne m'as pas invité?
    4. Les pays socialistes ont dû rendre les armes: d'abord en acceptant le marché, puis le libreéchange, enfin en renonçant au dogme de la propriété publique.

    El conector enfin, que posee ciertamente un mínimo significado estable (la estabilización final tras una serie de vacilaciones), se recubra de distintos valores pragmáticos en función de la intencionalidad y la relación argumentativa que el locutor le otorga en cada enunciado: la expresión de la satisfacción por la llegada de algo esperado (1), la corrección del alcance de lo inicialmente expresado (2), la expresión de la indignación (3), o la enunciación de una serie estructurada de elementos (4). Por ello, las traducciones diferirán sensiblemente:

    1. Por fin la libertad.
    2. Ya no se cometen crímenes por amor. Mejor dicho, muy rara vez.
    3. ¡Pero bueno!, ¿cómo no me has invitado?
    4. Los países socialistas han tenido que rendir las armas: en primer lugar aceptando el mercado, a continuación el libre comercio y por último renunciando al dogma de la propiedad pública.

    El acto interpretativo debe combinar, pues, propiedades semánticas y pragmáticas, factores expuestos y presupuestos. Al enlazar una serie de enunciados, el texto da valor a ciertas relaciones y descarta otras, adelantando expectativas y delimitando un recorrido argumental. El traductor debe examinar con cuidado este recorrido y dilucidar las reglas inferenciales que lo rigen pues son determinantes para una feliz consecución de su tarea.

    Mercedes Tricás Preckler
    Universidad Pompeu Fabra

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