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RESEÑAS


Lenguas, lenguaje y derecho
Jesús Prieto de Pedro
Cuadernos Cívitas - Madrid 1991
192 páginas. Prólogo de Luciano Parejo Alfonso

El lenguaje jurídico es uno de los sectores de la lengua al que los legos se acercan con más aprensión. Cuando yo estaba en la Facultad de Derecho, la tradición solía exigir que los juristas se expresaran con largas frases llenas de subjuntivos y gerundios, salpicadas de latinajos.

Aún hoy vagan por los ministerios algunos personajes como ese funcionario de Educación y Ciencia, al que llaman «el Normero», que está especializado en redactar los reglamentos y que, según dicen, es capaz de escribir una página de dos mil setecientas matrices sin poner una sola coma. Contaba un joven director general que, inocente él, tras leer uno de los proyectos que este hombre le presentara, no acababa de entender prácticamente nada. Lo llamó a su despacho y le preguntó:

— Oye fulano, ¿por qué escribes tan complicado?

Fulano se le quedó mirando tan sorprendido como si estuviera viendo un extraterrestre. El inocente director general, que al fin y al cabo era un profesor de la Facultad de Derecho, se puso pedagógico y le dijo:

— Mira, llévatelo y simplifica un poco, no sé, ponle algunas comas...

— Si señor director, como usted disponga...

Volvió el hombre al día siguiente con el proyecto corregido. El director general lo leyó, pero seguía sin entenderlo.

— Bueno, mira, voy a hacer yo una prueba.

Al cabo de un rato la secretaria entregaba al Normero el reglamento que acababa de dictarle el director general.

— Dice el Sr. Director General que cuando lo haya leído usted, vaya a su despacho, por favor.

El buen hombre lo leyó, y poco a poco fue poniéndose como la grana. Se levantó, con el proyecto en la mano, fue al despacho del director, llamó respetuosamente, le dieron la venia y entró.

— Pero, Sr. Director, así no vale...¡es que así se entiende!

Este joven director general es de esa nueva generación de juristas, algo «soixante-huitards», que piensan que el Derecho no está ahí para impresionar a los legos, sino para regular las relaciones entre los seres humanos. Y que para eso lo que hace falta de verdad es que se entienda.

Pues bien, Jesús Prieto profesor de Derecho Administrativo de la UNED, es uno de los abanderados de esa manera de entender las leyes. Ya en la Facultad de Derecho de la Complutense, cuando era un simple estudiante, daba gusto oírle aplicar su ingenio crítico dentro y fuera de clase, así que no me extraña ver cómo, ahora que es profesor, es capaz de escribir un libro sobre el lenguaje forense, perfectamente en serio (porque en broma hace siglos que se vienen publicando) y perfectamente crítico, de una forma amena y relajada.

Este libro es una recopilación de cuatro ponencias, elaboradas entre 1987 y 1989 para otros tantos seminarios organizados por las Comunidades autónomas vasca y catalana, publicadas ya por separado en la Revista de Llengua i Dret de la Escuela de la Administración Pública de Cataluña (EAPC) y en el libro del Gobierno vasco La Calidad de las Leyes.

Tiene pues cuatro capítulos que tratan de la modernización del lenguaje jurídico administrativo, escrito éste en colaboración con el sociolingüista Gonzalo Abril, de las libertades lingüísticas y la cooficialidad, del conocimiento de las lenguas no castellanas y extranjeras para los funcionarios de las administraciones, y por último, lo que podria interesar más a los traductores que se enfrentan con ese «estilo forense» tan del gusto de nuestro amigo el Normero y sus pares, de los vicios del lenguaje legal.

Son temas polémicos, hoy aún más que entonces. El haberlos recopilado en un volumen tiene sentido, porque presenta cuatro facetas complementarias u ordenadas de un asunto general, de forma que acaban componiendo un programa bastante completo de iniciación a un problema que, estudiado a escala española, se puede extrapolar con poco esfuerzo hasta la escala europea.

Tras haber sido víctima profesional, por estudios y por ejercicio de la abogacía y de la traducción jurídica, de esa verborrea oscurantista, que a la postre no es más que pretensión de ocultar ignorancia, de tantos jueces y picapleitos de habla española y extranjera, no puedo dejar de agradecer el esfuerzo pedagógico del profesor Prieto de Pedro, heredero en cierto modo de Juan de Mairena.

Iñigo Valverde Mordt
PE - TOUR/1416

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