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En la sección «Colaboraciones» se recogen opiniones y propuestas firmadas por lectores o por miembros de la Redacción cuando intervienen a título personal. La responsabilidad de los cabos sueltos firmados y de las colaboraciones incumbe a sus autores. PUNTOYCOMA

COLABORACIONES


El español y las nuevas tecnologías

(Resumen de la conferencia organizada por la Asociación Achila y dictada por el autor en la Biblioteca Nacional de Luxemburgo el 27 de enero de 1994)

Las lenguas contemporáneas tienen que hacer frente en la actualidad a un gran reto: definir su posición en el contexto de la sociedad de la información.

Hemos entrado actualmente, por lo menos en Europa, Estados Unidos y Japón, en la sociedad de la información, caracterizada por la existencia de grandes flujos de información, la globalización de la economía y la producción industrial y comercial, y el desarrollo de las nuevas tecnologías, principalmente tecnologías de la información y de la comunicación.

Dos tercios de la mano de obra activa en Europa trabaja sobre símbolos de información (letras, cifras y grafos). La información se ha convertido en el elemento central de los sistemas de creación y distribución de riqueza hasta el punto de que la calidad y cantidad de la información y los conocimientos transmitidos decide la competición económica.

En el contexto de la sociedad de la información, el factor más importante que determina la pervivencia de una lengua es que esta esté ligada a las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación. En otras palabras, que los nuevos productos informáticos, por ejemplo los soportes lógicos y la documentación que los acompaña, y los nuevos sistemas de telecomunicaciones, por ejemplo las facilidades del correo electrónico por citar sólo un ejemplo, estén adaptados y se puedan usar en nuestra propia lengua materna y no sólo, como ocurre en la mayoría de los casos, en inglés.

Las lenguas que no sean usadas por los nuevos desarrollos tecnológicos, tenderán a quedar limitadas a lenguas para las relaciones personales y sociales, sin oportunidad para jugar un papel económico o industrial relevante.

Las lenguas contemporáneas deben resolver la contradicción inherente a la sociedad de la información. Cada día se genera más información y es más fácil intercambiarla. Uno de los grandes obstáculos al intercambio de información son las barreras lingüísticas. La comunicación humana y la comunicación entre el hombre y la máquina serían más fáciles si todos usásemos una misma lengua. Además, los costes de la producción industrial se rebajarían sensiblemente. Estudios recientes estiman que en 1992 el gasto mundial en traducción fue de 9.000 millones de ecus, lo que representa aproximadamente 250 millones de páginas traducidas por año. Y esta es probablemente sólo una parte de la necesidad real.

Sin embargo, la eliminación de la diversidad lingüística entrañaría la debilitación e incluso la desaparición de muchas lenguas. Las lenguas contemporáneas tienen que resolver esta contradicción, como han resuelto antes muchas otras.

Seguramente no tendemos hacia un equilibrio espontáneo entre las lenguas. La tendencia normal es hacia la superioridad de un reducido número de ellas, incluso una sola, el inglés, y la decadencia de las demás.

Las lenguas existentes hoy en día han experimentado, como cualquier objeto sometido a evoluciones, cambios constantes y selecciones. Los cambios tecnológicos no son ajenos a esta evolución lingüística. Las lenguas que en su momento no tuvieron acceso a un sistema escrito desaparecieron. Del mismo modo, las lenguas que no llegaron a imprimirse fueron reemplazadas por otras.

Los avances actuales en informática y telecomunicaciones han cambiado bruscamente la evolución de las lenguas. Nuestra propia lengua materna es el interfaz más natural con las nuevas tecnologías. Probablemente todos querríamos acceder mediante ella al procesador de textos que usamos diariamente, al video-juego o a un servicio de información cuando estamos en un país extranjero. Pero para que ello sea posible, los nuevos desarrollos tecnológicos tienen que estar adaptados para incluir nuestra lengua materna. Esta, a su vez, tendrá que adaptarse a unas nuevas necesidades de uso desconocidas hasta ahora.

Las nuevas tecnologías exigen, por ejemplo, que usemos una lengua de estructura reducida y que no contenga ambigüedades terminológicas. Así, el manual de utilización de un producto de alta tecnología debe ser preciso y no prestarse a interpretaciones que den pie a un mal uso que pueda causar daños al operador. Cuando se suministra un Airbus, el manual de mantenimiento del avión debe ser comprendido y utilizado por técnicos de muchos países que hablan lenguas distintas y tienen distintos niveles de conocimientos lingüísticos. La terminología usada en una documentación técnica debe ser precisa.

Sólo acciones voluntaristas en defensa de la lengua permitirán, probablemente, que nuestras lenguas maternas pervivan y evolucionen en la era de la información. Incluso acciones reivindicativas para fomentar el uso de nuestra lengua materna en nuestras situaciones de trabajo diario o en nuestras relaciones personales son necesarias para garantizar el mantenimiento de nuestra lengua materna en la era de lo inmaterial.

Josep Soler
JMO B4/44 - Tfno. 33291

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