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De la interpretación

Antes que nada, enhorabuena por vuestra revista; nos ha parecido una iniciativa excelente. Gracias por dar cabida en ella a nuestras inquietudes. Angeles Cualladó me ha pedido que escriba un artículo explicando en qué consiste nuestro trabajo.

Como es para una revista de terminología me ha parecido oportuno incluir al final un pequeño glosario de los términos más característicos de nuestra jerga profesional, la mayoría de ellos en francés, tal y como solemos usarlos. Seguro que a vosotros se os ocurre una buena traducción para evitar tanto barbarismo.

Vayan por delante algunas consideraciones generales, aunque un tanto frívolas, sobre nuestro quehacer cotidiano. Quizá en otro número, algún compañero más sesudo se anime a ahondar en el tema con un poco de fuste.

Hay quien asegura que la profesión de intérprete es la única en la que uno se ve obligado a hablar en público de lo que no sabe. Esta afirmación no es completamente cierta pues lo mismo les ocurre a los políticos y a los periodistas. La diferencia está en que el intérprete tiene algunas desventajas fundamentales con respecto a éstos: además de no poder mentir impunemente, trabaja al ritmo que le marca el orador y no puede (o no debe) inventar ni meter nada de su propia cosecha.

También se piensa a veces que los intérpretes se pasan la vida con la maleta en la mano, de aeropuerto en aeropuerto, o emparedados entre dos ministros o jefes de Estado. Ya será menos. Cuando esta profesión se ejerce a diario, como ocurre en nuestro caso, se convierte en una actividad rutinaria, como cualquier otra, con sus alicientes y sus servidumbres. La única diferencia es que es una rutina un poco más variada que otras y que deja, quizás, un poco más de libertad de lo que pueda parecer a simple vista.

Todas las tardes, a partir de las seis y media, tenemos que llamar a un robot telefónico llamado "Cristal" que nos comunica las actividades (ver "affectation") previstas para el día siguiente: "à dix heures, au Charlemagne, Questions économiques, vos collègues sont ... à quinze heures Comité de gestion fruits et légumes, au Loi 120, vos collègues sont...". En definitiva, lo que varía es el sitio, el horario, el tema y los compañeros de turno.

En cuanto al sitio - aparte del cuartel general de los intérpretes, situado en el Centro de Conferencias Albert Borschette - puede variar desde el edificio Breydel hasta el Comité Económico y Social, pasando prácticamente por todos los edificios comunitarios con salas de reunión que median entre uno y otro: Cortenberg, Charlemagne, Loi 120, rue de la Science etc. Los dos destinos más frecuentes son, sin lugar a dudas, Borschette y Charlemagne.

En cuanto al horario no creo que pueda calificarse de flexible, sino más bien de imprevisible, lo cual tiene muchas desventajas (más vale no hacer planes) y alguna que otra sorpresa agradable (ver "permanence" y "déparachever"). La única regla de oro es que han de darnos hora y media para comer. La nocturnidad, que sólo es habitual en algunos Consejos de Ministros, es para muchos más bien una atenuante que una agravante, puesto que da derecho a descansar durante el día y libertad total o parcial, según el caso, al día siguiente (ver "repos"). En realidad, la mayoría de las reuniones terminan entre las cinco y media y las seis y media.

Salvo algunas especialidades como carbón, acero o energía nuclear, que están reservadas a "especialistas", te puede tocar cualquier tema; desde "guisantes habas y haboncillos" hasta "derechos del obtentor" pasando por títulos tan enigmáticos como "Eurotoques" (asociación de cocineros) o "Amigos de la Presidencia" (grupo de Cooperación Política).

Por lo que se refiere a los compañeros de trabajo, un somero cálculo estadístico muestra que, incluyendo a los numerosos "free lance" que trabajan a diario con nosotros (un 40% del total aproximadamente), uno solamente tropieza con una misma cara - al menos en teoría - unas cuatro o cinco veces al año. A diferencia de lo que suele ocurrir en los despachos, no es probable que nadie llegue a hartarse de nadie.

En cierto modo, también es un trabajo rutinario porque la esencia es siempre la misma: desentrañar un mensaje más o menos oscuro, de un orador más o menos rápido, y comunicárselo de forma más o menos clara a uno o varios delegados que escuchan con más o menos atención. Salvo contadas excepciones, se trabaja en cabina, es decir en modalidad simultánea, en equipos de dos o tres intérpretes, según el número de idiomas de la reunión. El reparto del trabajo no siempre es cosa fácil; depende de la combinación lingüística que tenga cada uno. Siempre que se puede se trabaja por turnos teóricos de media hora. Aparte de eso, quienes tienen un idioma en exclusiva interpretan cada vez que hace falta. Si la combinación resultante en la cabina no permite cubrir todos los idiomas que se hablan en la sala, cosa harto frecuente en el caso de la cabina española con idiomas como el griego y el danés, se recurre al "relé" (ver glosario).

Las cosas que realmente rompen la rutina son habas contadas: las reuniones que se celebran en el país de la presidencia de turno, sobre todo si es un país "exótico" (ver "misión"), algunas reuniones especialmente interesantes o importantes, una sesión en consecutiva (ver "conseca") de Pascuas a Ramos, algún que otro almuerzo de trabajo (ver "chuchotage") o, sencillamente, algún incidente jugoso acaecido durante una reunión cualquiera. Además, hay quien prefiere la rutina de Bruselas a tener que ir a Luxemburgo, aunque sea para un Consejo de Ministros.

Por último, decía que esta profesión deja más libertad de lo que parece porque, para empezar, no tener despacho es como no tener jefe, lo cual no es moco de pavo. Además, la interpretación, por más que uno aspire a la precisión, no es una ciencia exacta. El resultado podrá ser siempre opinable, pero si se ha conseguido transmitir la esencia del mensaje pocas veces será discutible. El intérprete se apropia por unos instantes de las ideas del orador y las hace suyas para expresarlas luego en su propio idioma con entera libertad. Cada intérprete, cuando le toca el turno, es dueño de traducir el pensamiento del orador con arreglo a lo que le dicte su conciencia profesional y su sentido común, libertad que se va haciendo más patente a medida que el discurso se aleja de lo técnico para adentrarse en terrenos tan escurridizos como el de las imágenes, los proverbios o el humor. Cuando uno interpreta, el otro o los otros dos compañeros están para echarle un capote, con las cifras, los términos técnicos, los documentos o lo que se tercie. El resultado es una labor de equipo en la que cada uno conserva su estilo personal, su técnica, su forma de ver la realidad e incluso su acento, y se enriquece con esas mismas cosas de los demás. La otra cara de la moneda es que el resultado raras veces es plenamente satisfactorio para el propio intérprete, pues en interpretación no existe la perfección. Esta profesión constituye un ejercicio diario de modestia; uno puede sentirse brillante durante cinco minutos y estrellarse varias veces en la media hora siguiente. Y es que no dependemos únicamente de nuestras limitaciones personales (nadie es omnisciente) sino que estamos a expensas de factores externos, absolutamente incontrolables desde la cabina: velocidad y acento del orador, dificultades inherentes al tema, desconocimiento de los antecedentes, perturbaciones acústicas, falta de medios de consulta inmediata, etc. A fin de cuentas, tenemos que conformarnos con que el delegado que nos escucha se entere de lo que dicen los demás, o como suele decirse, con hacer una faena aseada pero sin mayor lucimiento.

Para ilustrar hasta qué punto el intérprete puede usar libremente sus recursos siempre que sea fiel a las ideas, termino con una anécdota. En cierta ocasión un compañero tropezó con un concepto que conocía bien pero que no sabía como traducir: la figura del "insider". Su primera reacción fue dejarlo tal cual con la esperanza de encontrar pronto la solución. El problema es que este tipo de situaciones acaban por resultar tan incómodas como una chinita al andar metida en el zapato: uno tropieza una y otra vez con la palabreja hasta que da con una traducción satisfactoria. Harto del anglicismo, optó mi compañero por pasar a llamarlo el "enterao" hasta que, mucho después, encontramos en un glosario la traducción oficial de "iniciado". La ocurrencia no sólo nos hizo reir a todos - incluyendo a los delegados (lo cual es todo un triunfo) - sino que nos reveló el significado de la palabra a quienes desconocíamos el concepto.

Situaciones como las que acabo de describir se nos presentan todos los días, aunque no siempre salimos de ellas tan airosos. De ahí la importancia de tener a mano un buen glosario. El problema es que éstos sólo nos resultan realmente útiles si nos sacan del apuro de inmediato. Para ello han de reunir una serie de características tanto de forma como de contenido. Exponerlas aquí rebasaría con mucho la ambición de este artículo. Quizá sea éste un buen tema para un próximo número.

GLOSARIO

administración:
1) conjunto de personas con despacho (sean intérpretes o no) dedicadas a gestionar el tiempo de los que no tenemos despacho.
2) actividades que se llevan a cabo en dichos despachos. Ejemplo: "quien lo desee puede trabajar en la administración".
affectation:
cada una de las actividades previstas para cada día y para cada intérprete. Ejemplo: "hoy tengo tres affectations"
cabina:
1) espacio acristalado, insonorizado y climatizado (a veces) en el que nos pasamos media vida
2) conjunto de intérpretes de una misma lengua (Unité linguistique). Ejemplo: "el martes hay reunión de cabina"
chuchotage:
variante de la interpretación simultánea, consistente en susurrar al oído del delegado lo poco que uno oye de lo que se dice en la sala. Ejemplo: "me tocó hacer el discurso en chuchotage" conseca (consecutiva): modalidad de interpretación cada vez menos frecuente, a la que hay que recurrir cuando uno menos se lo espera. Ejemplo: "en cuatro años que llevo aquí, sólo he hecho dos consecas"
déparachever:
reducir de tres a dos el número de intérpretes por cabina con motivo de la reducción del número de idiomas de trabajo (normalmente por la ausencia de una delegación).
misión:
Concepto ambiguo que se utiliza indistintamente para designar tanto una semana en el Caribe como un miércoles en Luxemburgo. Ejemplo: "Está de misión en Berlín"
mot-à-motear:
Técnica de interpretación tan socorrida como desaconsejable, de significado deducible.
permanence:
1) situación incierta que se produce cuando a uno no le encuentran "affectation" por el momento
2) especie de guardia o retén durante el cual uno ha de estar localizable inmediatamente y disponible en un plazo máximo de media hora.
planning:
departamento de la administración que se encarga de gestionar el programa de trabajo de la semana en curso
programación:
departamento de la administración que se encarga de realizar el programa de trabajo con una o varias semanas de antelación
recul:
en interpretación simultánea, desfase o distancia que ha de guardar el intérprete con respecto al orador si no quiere estrellarse o mot-à-motear
recuperación:
día libre que se obtiene en compensación por haber trabajado en fin de semana o día festivo
relais o relé:
1) técnica de interpretación indirecta consistente en pasar de un idioma a otro a través de un tercero. Ejemplo: "me he pasado toda la mañana en relé, porque el presi hablaba danés"
2) intérprete que hace las veces de "pivot". Ejemplo: tenemos un relé excelente para el griego en la cabina italiana"
repos:
jornada o media jornada que se concede a los intérpretes que han trabajado durante la noche anterior
sematone:
engendro diabólico de la compañía telefónica que permite localizar a los intérpretes que se encuentran en permanence
pivot:
intérprete que sirve de "relais" a otros intérpretes
soirée garantie:
una de esas pocas tardes para las que uno puede hacer planes sin temor a que se los chafen porque puede estar seguro de terminar antes de las seis y media. Ejemplo: el martes he pedido soirée garantie para poder ir al teatro
stage:
tormento de seis meses de duración por el que hemos pasado la mayoría para aprender el oficio

Rafael González
SCIC

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