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«Déroger» y derogar

Aunque ya no tan a menudo como hace unos años, aún se sigue confundiendo déroger, que quiere decir en realidad exceptuar o eximir, es decir, establecer una disposición por la que se prevén excepciones o exenciones, según los casos, a una ley que sigue por lo demás vigente (ing. derogate, al. ausnehmen), con abroger, que significa derogar o abrogar, anular una ley por disposición de otra posterior de igual o superior rango (ing. abrogate, al. aufheben).

En efecto, déroger era en origen: «manquer à l'observation d'une loi, à l'application d'une règle, d'une convention». En el uso jurídico actual se convierte en una «exception aportée, dans une matière spèciale ou un cas particulier, à une règle générale, qui par ailleurs demeure». No hay que olvidar que, al menos en francés, «on déroge à une loi», mientras que «on abroge une loi». Es decir, se establecen excepciones a la aplicación de determinada disposición, mientras que se deroga una ley, se cancela su vigencia.

Sería conveniente, pues, prestar atención a este «falso amigo» y buscar, cuando salga la dérogation y según el sentido común del traductor, la solución que más le vaya al contexto, teniendo en cuenta que, por ejemplo, en un área económico-fiscal, eximir o exención pueden ser preferibles a exceptuar o excepción y, sin la menor duda, a exceptuación. Para abroger, acción menos corriente en la etapa actual del proceso legislativo de la Comunidad, en la que se están creando más normas nuevas que se sustituyen viejas, hay que recordar que en castellano suele usarse más derogar, algo anticuado.

«Il convient de...»

En las exposiciones de motivos de sentencias u otras resoluciones jurisprudenciales o legislativas escritas en francés suele utilizarse la expresión «il convient de...» para introducir una justificación de lo que va a decidirse al término del razonamiento.

Así, por ejemplo, «Il convient de noter que le réquérant...». Este convenir tiene en francés un sentido muy fuerte: no es posible dejar de observar lo que señala el tribunal o el legislador. En español, sin embargo, el que le convenga a uno algo tiene alguna connotación condicional que puede dar pie a mucho incumplimiento, por no hablar de la demasiado frecuente resignación ante lo inevitable de que se frustre la propia conveniencia.

En un texto jurídico, pues, más que convenir, procede, es necesario o preceptivo que ocurra, sin remisión, lo que al traducir suele tildarse de meramente conveniente. Al fin y al cabo, se supone que las resoluciones de tan altos órganos son órdenes y no simples consejos paternales...

Íñigo Valverde

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