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Mucho ruido y pocas jueces

Es de todos sabido que la búsqueda de vocablos que denoten un uso no sexista del lenguaje no es siempre tarea fácil. La lengua es como es, y si, como dice Cela (perdón por la cacofonía), el castellano es un regalo de los dioses, no deja de ser un regalo imperfecto. Con todo, la solución a los pequeños problemas que a veces se presentan a la hora de referirse a personas del sexo femenino cuya profesión era, hasta tiempos recientes, coto exclusivo de la otra mitad de la humanidad (es decir, de la humanidad propiamente dicha), es a veces tan obvia que sorprenden los esfuerzos por encontrar otra.

Es éste el caso de la palabra juez. Si nuez, hez, vez y casi todas las palabras terminadas en -ez, son femeninas, no veo por qué pueda resultar soez llamar a una señora juez, en lugar de jueza. No parece que opinen igual en la redacción del ente público RTVE ni en la de otros medios de comunicación españoles.

Si bien de la definición de juez que da el nuevo DRAE se deduce que se puede aplicar a cualquier persona con independencia de su sexo, por lo que podemos utilizarla para referirnos a una mujer sin exponernos a ser tildados de sexistas o patanes, el uso alternativo de jueza con el mismo significado vienen también avalado por el Diccionario como segunda acepción de la entrada correspondiente, después de la tradicional y desueta de «mujer de juez». Si alguna vez tengo que ser juzgado, preferiría serlo por una juez antes que por una jueza. Pero la batalla la doy por perdida de antemano: acabarán por imponerse las juezas.

Por cierto, ¿cómo se llama a las mujeres que alcanzan el grado de alférez en el ejército?

Xavier Huguet

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