TRIBUNA


Traducción y lengua materna

La denominación «lengua madre» se aplica en español a la lengua «de que han nacido o se han derivado otras» (como el latín), mientras que «lengua materna» es «la que se habla en un país, respecto de los naturales de él», es decir, el diccionario de la Real Academia se remite al «hablante nativo», al «native speaker». Sin embargo, el título inglés de este debate es «Translation and Mother Tongue», y es evidente que la expresión se utiliza en él en el sentido de «lengua de la madre».

El concepto de mother tongue parece bien establecido, pero no resulta tan claro cuando se examina de cerca. ¿Se trata realmente de la lengua de la madre? ¿Es, necesariamente, una lengua única? ¿Se aplica no solo a las madres biológicas sino también a las adoptivas, o de alquiler? «Madre» es una palabra cargada de emoción en todos los idiomas y, desde luego, también en español. Un poeta popular (Rafael de León), escribió un «Homenaje a la soleá» que casi todo español conoce: «A la madre de mi alma / la quiero desde la cuna. / Por Dios no me la avasalles / que madre no hay más que una / y a ti te encontré en la calle».

Parece, pues, que solo puede haber una «lengua materna». Sin embargo, desde el punto de vista individual, ¿es esa lengua realmente la de la madre? ¿O simplemente la que se aprende primero? ¿O la que una persona, por la razón que sea, conoce mejor? ¿O es la lengua que esa persona siente como su lengua materna? Cuando se aborda este tema no puedo dejar de pensar en Kafka, que en su diario confesó que nunca había podido querer a su madre como hubiera debido, porque la palabra alemana Mutter le parecía ridícula aplicada a una madre judía. Para acabar de complicar las cosas, se podría hablar de la turca Emine Sevgi Özdamar, escritora en alemán que inventa la palabra Mutterzunge (Zunge en alemán solo significa el órgano humano y no el idioma), o de la japonesa Yoko Tawada, perfectamente bilingüe (japonés y alemán), que llamaba a su máquina de escribir la Sprachmutter, la madre de su lenguaje.

Durante un par de siglos, el paradigma monolingüe ha predominado claramente en la vida cultural, y la multiplicidad de lenguas se ha considerado como una amenaza para la cohesión de individuos y comunidades. Se suponía que una persona solo podía hablar o escribir bien una lengua, la cual determinaba su etnia, su cultura y su nación. Herder, Wilfred von Humboldt o Friedrich Schleiermacher mantuvieron que una persona solo podía pensar, sentir y expresarse debidamente en su «lengua materna».

Sin embargo, sin necesidad de citar a numerosos escritores bilingües sobradamente conocidos (de Conrad a Nabokov, pasando por Beckett o Emil Cioran), lo cierto es que la propia Unión Europea demuestra a diario las inmensas ventajas del bilingüismo e incluso del multilingüismo. No quiero hablar ahora de casos excepcionales; Jorge Luis Borges escribió en «Los traductores de las mil y una noches»: «En algún lugar de su obra, Rafael Cansinos Assens jura que puede saludar a las estrellas en catorce idiomas clásicos y modernos. Burton soñaba en diecisiete idiomas y cuenta que dominó treinta y cinco: semitas, dravidios, indoeuropeos, etiópicos...». Una persona es la suma de sus lenguajes, escribió Eva Hoffman, autora de un libro (Lost in Translation) que toda persona interesada por el idioma y la identidad debería leer. Y George Steiner ha dicho que puede ser muy bien que una conciencia auténticamente monolingüe sea histórica y culturalmente la excepción, y cita a Goethe: ningún monolingüe conoce realmente su propio idioma.

Sin embargo, hay que recordar que el tema de este debate es «Translation and Mother Tongue», y aquí parece haber unanimidad: como dice Simon Leys, es imposible traducir a un idioma que se conoce imperfectamente. Es cierto que ha habido quien lo ha puesto en duda, pero sus ejemplos no se sostienen.

¿Qué efectos tiene la traducción en la lengua materna? El debate queda abierto. Sin embargo, cabe anticipar que la traducción, sin lugar a dudas, «modela» la lengua del traductor y la enriquece. Valentín García Yebra, el insigne lingüista ya fallecido, dedicó su discurso de ingreso en la Real Academia Española a analizar ese enriquecimiento a lo largo de la historia de la traducción, destacando la importancia de esta para «la creación y el desarrollo de nuevas literaturas».

Por su parte, Antoine Berman, en La traduction et la lettre ou l'auberge du lointain, ha subrayado lo que llama «el corazón maternal de la lengua». La misión del traductor es buscar y encontrar en su lengua materna lo que no está sometido a normas, para introducir en ella la lengua extranjera y su manera de decir. El traductor está en contacto con lo que su lengua materna tiene de más «acogedor» (accueillant).

Para concluir, me atrevería a citar a Umberto Eco, que, en La ricerca della lingua perfetta nella cultura europea (1993) escribió:

Una Europa di poliglotti non è una Europa di persone che parlano correntemente molte lingue, ma nel migliore dei casi di persone che possono incontrarsi parlando ciascuno la propria lingua e intendendo quella dell'altro, che pure non saprebbero parlare in modo fluente, e intendendola, sia pure a fatica, intendessero il «genio», l'universo culturale che ciascuno esprime parlando la lingua dei propri avi e della propria tradizione.

 

 Miguel Sáenz
Traductor y miembro de la Real Academia Española
msaenz99@hotmail.com

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