CABOS SUELTOS


El sacrificio de la matanza en el acervo unionense

Si hablamos de los términos «sacrificio» y «matanza», el primero nos retrotrae al tiempo de los mitos, en el que Ifigenia e Isaac debían morir para honrar a Artemisa y Yahvé, y el segundo recuerda a muchos acontecimientos históricos (y sin embargo actuales) en los que unos seres humanos perecen a manos de otros.

En cambio, si nos centramos en la explotación ganadera, «sacrificio» significa simplemente la muerte de un animal doméstico (sin necesidad de ofrecerlo a Dios ni al diablo). Y «matanza», el ritual secular que espera a cada cerdo cuando le llega su San Martín.

Directiva 93/119/CE

Mi perplejidad nació cuando leí un acto legislativo que establecía entre ambos conceptos una distinción que me era desconocida: «La presente Directiva se aplicará al desplazamiento, estabulación, sujeción, aturdido, sacrificio y matanza de animales». Está claro que desplazar, estabular, sujetar y aturdir no son lo mismo, pero me pregunté qué diferencia podía haber entre sacrificar y matar. Según el Diccionario de la lengua española, «sacrificio» significa «matanza de animales, especialmente para el consumo» (tercera acepción), lo que incluye explícitamente el acto de la matanza.

Pero la UE acababa de establecer una distinción entre el sacrificio y la matanza. ¿Cuál?

Sigamos leyendo la Directiva 93/119/CE y pasemos a su artículo siguiente:

A efectos de la presente Directiva, se entenderá por […] matanza: todo procedimiento que provoque la muerte de un animal; […] sacrificio: la muerte de un animal por sangrado1;

con lo que parece que la «matanza» es lo que todo el mundo entiende por sacrificio, y el «sacrificio» evoca más bien la matanza del cerdo ya mencionada, aunque puedo recordar haber visto sangrar también a algún conejo. Lo primero que me pregunté al ver que ya teníamos un problema fue: ¿cuándo empezó a hacerse esa curiosa distinción?

Directiva 74/577/CEE

El artículo 1 de esta Directiva reza así:

Los Estados miembros cuidarán de que, para el sacrificxio [sic] de animales de las especies bovina, porcina, ovina, caprina, así como solípedos [parece que no les gustó el término equina], se adopten medidas que garanticen el aturdido de los animales […].

Aquí se habla, simple y llanamente, de sacrificio, término totalmente apropiado en español, salvando la lastimosa errata. Como sabemos, la legislación europea es oficial en varias lenguas (y está claro que el español no habría intervenido para nada en esa Directiva, dado que España estaba ausente de las instituciones europeas en 1974 por razones obvias); veamos qué términos utilizaban otras versiones.

El alemán, Schlachten; el inglés, slaughter; el francés, abattage. Es decir, un único término para designar el mismo concepto. Igualmente, el Convenio Europeo sobre la Protección de los Animales de Sacrificio solo habla de «sacrificio» (en las dos lenguas del Consejo de Europa, slaughter y abattage). Yo seguía con mi pregunta, cuya validez acababa de comprobar para las diferentes versiones lingüísticas: ¿cuándo Schlachten se dividió en Schlachten y Töten?, ¿cuándo slaughter se dividió en slaughter y killing?, ¿cuándo abattage se dividió en abattage y mise à mort?

Cabe recordar la Decisión 88/306/CEE, cuyo objetivo era aprobar el Convenio del Consejo de Europa, y que obviamente solo habla de «sacrificio». Y la propuesta de la Comisión de lo que sería la Directiva 93/119/CE se publicó en 1991. En algún momento entre mediados de 1988 y 1991 se produjo el desdoblamiento del sacrificio.

¿Habría alguna razón?

Parece que hubiera debido existir una voluntad política de establecer esa distinción. En tal caso, una lectura atenta de la Directiva 93/119/CE tendría que aclarar sus motivos.

Ni su título ni sus considerandos nos sacan de dudas, pues hablan siempre de «sacrificio o matanza» (salvo al citar la Directiva 74/577/CEE o el Convenio del Consejo de Europa, claro). Al entrar en el articulado, el panorama se oscurece algo más: en efecto, en el artículo 6, el apartado 1 cita varias veces el término «matanza», mientras que el apartado 2 habla tranquilamente de «sacrificio», términos que se convierten así en perfectos sinónimos (¡y eso que el artículo 2 ya los había definido de forma diferente, como hemos visto!).

El artículo 5 cita los anexos A, B, C y D, y, el artículo 10, los E, F y G. Al parecer, el motivo de la distinción debería encontrarse ahí. El anexo A habla de traslado y estabulación; el B, de sujeción; el C, de aturdido y matanza. Los anexos E, F y G se refieren a casos concretos de matanza. El D debería ser el que tratara del sacrificio, y en el fondo lo hace, pero su título es… ¡sangrado de los animales!

Aquello era una pesadilla que nos amenazaba con tener que intervenir en todas las versiones lingüísticas. Lo innegable era que aquellas definiciones de «matanza» y «sacrificio» no eran de recibo. ¿Cómo era posible que tamaño sinsentido se hubiera deslizado en un documento que se había publicado en nueve lenguas? Huelga decir que el Real Decreto español que transpuso la Directiva 93/119/CE utilizó la misma equívoca definición.

Seguí investigando y me di cuenta de que el acto que incorporó la Directiva al Derecho británico fue redactado con un mínimo de sentido común. Recordemos la versión inglesa de la Directiva:

slaughter: causing the death of an animal by bleeding; […] killing: any process which causes the death of an animal

y veamos lo que pusieron en la legislación británica:

"slaughter", causing the death of the animal by bleeding; "killing", causing the death of the animal by any process other than slaughter […].

Es decir, los responsables británicos se atrevieron a apartarse de la letra de la Directiva para evitar equívocos y, por lo menos, eliminar el traslapo. Esto me animó a proseguir febrilmente mi búsqueda en todos los archivos posibles, reales y virtuales, que pudieran contener referencias a la legislación europea relativa al bienestar de los animales.

Reglamento (CE) n.o 1099/2009

Por fortuna, mis desvelos obtuvieron finalmente la merecida recompensa, y mi corazón se llenó de alborozo al leer el artículo 28, apartado 1, del Reglamento (CE) n.o 1099/2009:

Queda derogada la Directiva 93/119/CEE.

Bien, aparte de que la Directiva era de la CE, y no de la CEE2, podía gritar victoria: ¡la serpiente había muerto! Por desgracia, debía de tener algo de la sangre del Cid y seguía ganando batallas, pues sus restos coleaban aún en nuestras hemerotecas, bases de datos y memorias de traducción.

Debo aclarar que este benemérito Reglamento, al derogar la Directiva, estableció a su vez nuevas medidas de protección, ya que la UE no iba a tolerar que los animales volvieran a tener que morir sin gozar de un nivel aceptable de bienestar. Como de costumbre, su artículo 2 incluía las consabidas definiciones:

A efectos del presente Reglamento se aplicarán las siguientes definiciones: […] «matanza»: todo proceso inducido deliberadamente que cause la muerte de un animal; […] «sacrificio»: matanza de animales destinada al consumo humano […].

Cabe suponer que lo que se destina al consumo humano son los animales, y no la matanza, pero en conjunto el progreso es evidente: esta vez, la definición de «sacrificio» se ajusta al diccionario de la RAE y a su significado histórico en las demás lenguas europeas.

El sangrado desaparece de estas definiciones, pero sigue presente en el Reglamento con el mismo significado. Mucho me temo que esta sea una batalla perdida, pues varios diccionarios admiten ya esa acepción (aunque María Moliner no incluyó el término en el suyo, la edición que se hizo en 1999, tras «acción y efecto de sangrar las líneas de un texto», añade «sangría» como sinónimo, sin concretar en qué acepción, y el diccionario de Manuel Seco del mismo año también lo define como «acción de sangrar», sin más).

Lo que queda por hacer

Creo que habría que actuar en varios frentes:

  • tener siempre presente que las definiciones que estableció en su día la Directiva 93/119/CE han dejado de tener validez, por lo que no deben utilizarse nunca más; en consecuencia, hay que rechazar los textos originales que relacionen el término «sacrificio» (Schlachten, slaughter, abattage, etc.) con «sangría» o «sangrado» (Entbluten, bleeding, saignée, etc.);

  • rectificar las fichas de IATE y sustituir las que se refieran a la Directiva 93/119/CE [o a sus documentos preparatorios, como el COM(91) 136] por otras que tengan como base el Reglamento (CE) n.o 1099/2009;

  • corregir los segmentos de traducción presentes en la memoria Euramis, eliminando toda referencia a la Directiva derogada;

  • solicitar que se introduzca un sistema de aviso en EUR-Lex que advierta de que un acto dado ha sido modificado, codificado o, a fortiori, derogado;

  • sugerir a la RAE una minúscula modificación de su diccionario: suprimir el confinamiento del término «sangrado» en el sector de las artes gráficas.

Miquel Vidal
Comisión Europea
miguel.vidal-millan@ec.europa.eu

 

 

 

 

1 Por cierto, «sangrado», según la RAE, solo se refiere al cuadratín inicial en la primera línea de un párrafo. Supongo que aquí el traductor no se atrevió a escribir el término correcto, «sangría»: acción y efecto de sangrar (abrir o punzar una vena).
2 Cuando se publicó no hacía ni un par de meses que había entrado en vigor el flamante Tratado de la Unión Europea.

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