COLABORACIONES


En octubre de 2012, Mariano Martín Rodríguez, miembro del GIT, se desplazó a Madrid en el marco
del programa VTS (Visiting Translator Scheme) de la DG Traducción de la Comisión Europea. Allí mantuvo varios encuentros con el MAEC, la RAE, la Fundéu y la OMT. Ahora nos presenta aquí sus resultados

Toponimia extranjera en las instituciones europeas
y la nueva Ortografía: informe de unas consultas

El Libro de estilo de las instituciones europeas incluye una «Lista de Estados, territorios y monedas»1, cuya confección corre a cargo del Grupo Interinstitucional de Toponimia (GIT). La nueva Ortografía de la lengua española (OLE) de 2010, realizada por las Academias de la lengua española, también incluye una «Lista de países y capitales, con sus gentilicios», de manera que esas Academias, y la española entre ellas, se han pronunciado sobre el espinoso problema de los topónimos extranjeros, sobre el que se lleva discutiendo durante años en distintos foros2. No hay que olvidar que las Naciones Unidas cuentan también con una lista de nombres de países en castellano, algunas de cuyas soluciones pueden extrañar. Asimismo, existía cierta confusión respecto de los topónimos, especialmente los transcritos de otros alfabetos a través del inglés u otros idiomas, cuya ortografía chocaba con las normas españolas. La nueva Ortografía académica trata de poner orden en este tema, lo que resulta sin duda muy útil pero plantea nuevos problemas a las instituciones que tienen listas propias, las cuales no coinciden en ocasiones con la lista de topónimos académica. La trascendencia práctica de esta última parece considerable, habida cuenta del prestigio de las Academias de la lengua entre los hispanohablantes y del hecho de que sus recomendaciones son seguidas por instituciones privadas con gran influencia en los medios de comunicación, tales como la Fundéu.

La existencia de esta lista hizo aconsejable modificar algunos topónimos incluidos en la lista interinstitucional europea. Así se procedió a fin de avanzar hacia la mayor armonización posible de las listas existentes, en beneficio de los usuarios de la lengua, incluidos los traductores. Sin embargo, algunas de las soluciones de la OLE despertaron perplejidad, por lo que se consideró útil hablar del tema directamente con la Real Academia Española (RAE), así como con el Ministerio de Asuntos Exteriores y de Cooperación (MAEC), en su calidad de autoridad española competente en materia de relaciones con el extranjero, además de con la Fundéu, como nexo principal con los medios de comunicación en asuntos lingüísticos, y la Organización Mundial del Turismo (OMT), único organismo de las Naciones Unidas con sede en España (su base de datos3 puede ser útil a efectos de toponimia)4. Se trataba de conseguir que la lista interinstitucional europea tenga la mayor calidad lingüística posible, manteniendo así su utilidad, máxime si se considera que es más amplia que la lista de la OLE. Además, en dichas consultas se plantearon otras dudas relativas a la toponimia extranjera referentes a territorios no incluidos en esa lista de la OLE, pero que aparecen tanto en los medios de comunicación como en los documentos de las instituciones europeas. Asimismo, se trataba de arrojar más luz sobre los criterios seguidos por las Academias a la hora de confeccionar su lista y de averiguar si otras posibles soluciones usadas ampliamente se consideraban correctas o no. El resultado de esas consultas se resume a continuación.

1. Criterios de la lista de topónimos de la OLE

Según la RAE, estos criterios son, principalmente, los dos siguientes: el uso y la adecuación grafofonológica, esto es, la aconsejable adaptación de los topónimos (al menos de los macrotopónimos, como los nombres de países) a las reglas fonológicas y ortográficas de la lengua española. Para evaluar el uso de un topónimo determinado, la RAE utiliza bancos de datos como el Corpus de Referencia del Español Actual (CREA)5, así como otras fuentes de internet (por ejemplo, Google books), la producción literaria reciente española e hispanoamericana, etc. Son estas fuentes las que indican si un (micro)topónimo extranjero existente en español ha caído en desuso, por lo que la RAE recomienda que se utilice preferentemente la versión original (por ejemplo, «Maastricht» y no «Mastrique») o la variante más utilizada, de existir varias y de adecuarse estas al régimen grafofonológico del español. En el caso de los macrotopónimos, y de no existir un uso exclusivo determinado (por ejemplo, «Ghana» y no *Gana, pese a no adecuarse el primero a las normas grafofonológicas españolas), se recomienda en general la adaptación grafofonológica, sobre todo a fin de evitar errores de uso en los hablantes, de manera análoga al procedimiento seguido para adaptar extranjerismos al español cuando se trata de nombres comunes. A este respecto, las posibilidades son tres:

a)  Conservación del nombre original como si fuera un extranjerismo crudo, sobre todo cuando el topónimo no ha sufrido ninguna adaptación a las normas grafofonológicas españolas en el uso real. Siempre que se trate de un topónimo de uso general y frecuente, instalado desde mucho tiempo atrás con su forma original en nuestra lengua y, especialmente, si es de difícil adaptación grafofonológica, se escribe exactamente como en el original. Por ejemplo, «Washington».

b) Adaptación fonológica, pero no gráfica. La palabra se escribe como en la lengua original, pero se pronuncia a la española. Por ejemplo, «Sarajevo» y no *Sarayevo, como hubiera debido escribirse para reflejar gráficamente en español la pronunciación original.

c)  Adaptación ortográfica. El topónimo se adapta de acuerdo con las reglas ortográficas del español. La mayor parte de las veces los topónimos que se adaptan ortográficamente lo hacen reflejando la pronunciación original más o menos aproximada, siempre que esa sea la que se ha generalizado entre los hispanohablantes. Por ejemplo, «Fiyi», cuya escritura como *Fiji podría inducir a confusión a los hablantes en cuanto a su pronunciación en español, o las ciudades de «Ámsterdam» y «Róterdam», cuya pronunciación española es distinta a la original neerlandesa. La adecuación grafofonológica constituye el procedimiento de hispanización preferido por la RAE a la hora de adaptar topónimos nuevos y solo deja de procederse a dicha adecuación si los topónimos se escriben sistemáticamente de acuerdo con el original en el uso común, tal como ocurre con Washington, Wellington6, etc.

Estos criterios pueden tener distintas aplicaciones en la práctica, por lo que la RAE admite la existencia de dobletes toponímicos en el caso de que ambas formas existan en el uso con igual peso o razón (por ejemplo, Kósovo o Kosovo), de manera que ambas son correctas. Los dobletes y las explicaciones de los mismos, así como de muchas de las soluciones dadas por la RAE a problemas de toponimia, figuran en el Diccionario panhispánico de dudas (2005). El ideal de una lista toponímica interinstitucional es que esos dobletes se reduzcan, de manera que los topónimos aparezcan en los documentos oficiales con una única forma armonizada, pero esta conveniencia es de una índole protocolaria ajena a la función propiamente lingüística de la RAE, por lo que esta puede admitir los dobletes sin ningún problema, conforme al uso, aunque tienda también a la unificación toponímica con el tiempo (por ejemplo, se prescribe «Serbia» como única versión correcta del nombre de este país, que antes se podía escribir también «Servia»).

Otro caso general en que la RAE admite varios usos correctos es el del artículo ante determinados nombres de países. En general, la RAE observa que los nombres de países se utilizan sin artículo de forma mayoritaria en la actualidad, pero indica esos artículos entre paréntesis en su lista toponímica. La aparición del artículo pospuesto al topónimo y entre paréntesis indica que este elemento, aun pudiendo ser obligatorio, no forma parte del nombre propio, razón por la que debe escribirse con minúscula. Lo que no distingue bien el modo de presentación de esta cuestión en la lista académica es en qué casos el artículo es de presencia obligatoria, como en «la Antigua República Yugoslava de Macedonia» o «las Bahamas», y en qué casos es opcional, como en «(el) Canadá» o «(la) Argentina». Esta presentación se presta a confusión. Aunque la no obligatoriedad del artículo ante un topónimo del que no forme parte (por ejemplo, «el Perú» frente a «El Salvador») se consigna en la OLE, se impone observar que la introducción del apartado toponímico de dicha Ortografía dista de ser clara a este respecto, pues se refiere a «los nombres de países que se usan opcional u obligatoriamente sin artículo», sin distinguir cuándo dicho uso es opcional u obligatorio7. Convendría sin duda reformular la frase en una edición posterior de la Ortografía para que los hablantes puedan saber exactamente cuándo el uso del artículo es obligatorio o meramente facultativo. Este problema de la obligatoriedad o no se plantea especialmente en el caso de los Estados de lengua oficial española en cuya denominación oficial aparece el artículo ante el nombre, aunque el artículo no forme parte de dicho nombre, como ocurre con la «República del Ecuador», la «República del Paraguay», etc. Al parecer, el uso o no del artículo varía en la práctica dentro de los mismos países: en la «República Oriental del Uruguay», por ejemplo, la omisión del artículo la recomienda la misma «Academia Nacional de Letras de Uruguay», esto es, con Uruguay sin artículo. En el estado actual de la lengua, el uso del artículo no está claro en estos casos, lo que no se refleja con la suficiente nitidez en la presentación actual de la lista toponímica de la RAE.

Otro posible defecto de presentación de la lista toponímica de la OLE es el hecho de que se indique en algún caso el nombre oficial del país, omitiendo el común, pese a que la lista no consigna los nombres oficiales, ya que aparece «Francia» y no «República Francesa», «Eslovaquia» y no «República Eslovaca», etc. En cambio, figura «República Checa», pero no «Chequia», nombre común muy frecuente para designar tal república y que la RAE considera también correcto. A este respecto, conviene señalar la inexactitud de la creencia de que a los checos les desagrada que se denomine a su país «Chequia» en español. Como indicio claro de que no es así, se puede señalar que el país se llama «Chequia» en la página de turismo en lengua española del propio Gobierno checo8.

Sería deseable que una reedición posterior de la OLE aclarara estos extremos. Asimismo, sería seguramente muy útil, de ser posible, que se formara una célula toponímica en el seno de la RAE. Esta podría pronunciarse, por ejemplo, acerca de la corrección en la actualidad de determinados topónimos con versión española acreditada diacrónicamente, pero sobre cuyo uso actual resulta difícil pronunciarse, al tratarse de lugares que no suelen aparecer en los medios de comunicación. A este respecto, sería muy útil que dicha célula o un grupo de investigación ad hoc de otra institución (universidad, centro de investigación, etc.) pudiera aportar elementos de juicio mediante estudios sobre los topónimos españoles de lugares extranjeros y su documentación histórica. De esta manera, los hablantes podrían saber si el nombre español de un lugar determinado existe y optar por utilizarlo hoy. Un ejemplo podría ser la ciudad rumana de Iaşi, capital histórica del principado de Moldavia y que aparece españolizada como Yasi en La obra de Trajano (1921), del poeta e historiador Ramón de Basterra. Como se trata de una ciudad que no se suele mencionar en los medios, no se puede decir que Yasi esté o no en desuso, pero su presencia en un repertorio toponímico, aunque sea diacrónico, podría orientar a los hablantes.

2. Consultas varias

1)  Kosovo o Kósovo. Ambas posibilidades son válidas lingüísticamente, pero «Kosovo» constituye el topónimo tradicional y preferible.

2)  Nagorno Karabaj o Alto Karabaj. Sucede lo mismo que con Kosovo. En este caso, la versión preferible parece ser Nagorno Karabaj.

3)  Azawad o Azauad (ente no reconocido situado en el territorio de Mali y que persigue su independencia con ese nombre). Ambas versiones son correctas. A este respecto, se plantea la cuestión del cambio de «w» en un topónimo original por «u» en el topónimo español, que la RAE considera necesario cuando la «w» va precedida de consonante. Sin embargo, hay casos en que la RAE recomienda el mismo cambio cuando la «w» es intervocálica, como en «Malaui», frente a su conservación en «Taiwán», por ejemplo. En este caso, prevalece el criterio de uso exclusivo para no proceder a la hispanización gráfica: no hay tradición de *Taiuán, al contrario que de «Malaui». Al ser «Azauad» un topónimo nuevo, no se aplica el criterio del uso. Los arabistas de la RAE o consultados por esta recomiendan (y las Academias parece que seguirán esta recomendación) que aquellos nombres propios y topónimos procedentes del árabe que presenten la letra «wau» en posición intervocálica sean adaptados al español utilizando la «u»; por ejemplo, «Azauad» mejor que «Azawad».

4)  Topónimos precedidos de la palabra «isla(s)». Existe una regla útil para la duda frecuente de si la palabra «isla(s)» debe ir o no con mayúscula inicial en español cuando va seguida de un topónimo. Esta regla es que se debe poner esa palabra con minúscula inicial cuando no forme parte de la denominación completa (oficial) del país o ente geopolítico. Por ejemplo, «islas del Canal» o «islas Canarias» (su nombre oficial es simplemente «Canarias»), frente a «Islas Salomón» o «Islas Marshall».

5)  Entidad serbia de Bosnia y Herzegovina. Se denomina en español correcto «República Serbia». No hay por qué denominarla con el nombre calcado, e impronunciable para la mayoría de los hablantes hispánicos, de «República Srpska», ya que no coinciden el nombre de la «República Serbia» de Bosnia y Herzegovina y el del Estado independiente de Serbia, con capital en Belgrado, que se denomina oficialmente «República de Serbia».

6)  Curazao, Curasao o Curaçao. La primera es la preferida por la RAE, aunque son válidas las dos primeras. La RAE indica que no es adecuado el uso de la grafía «Curaçao» en español debido a la presencia de un grafema ajeno al abecedario del español actual. El gentilicio correspondiente es, en cualquier caso, «curazoleño».

7)  Vilna o Vilnius. Como en los puntos 1) y 2), se puede recomendar el uso institucional de la variante recomendada como más tradicional y frecuente por la RAE, esto es, «Vilna».

8)  Bielorrusia o Belarús. La RAE recomienda la forma tradicional española «Bielorrusia». Se podría plantear la duda de si la denominación de «Belarús» correspondía a un cambio de nombre del país, a la manera de «Alto Volta» (nombre antiguo) y «Burkina Faso» (nombre actual), o si se trataba de un cambio de idioma, esto es, que el país hubiera insistido en imponer simplemente la denominación en su lengua, sin previo cambio de nombre del país, a la manera de la pretensión de Costa de Marfil de imponer un nombre igual, pero en su lengua oficial, «Côte d'Ivoire», en cuyo caso se sigue utilizando normalmente la denominación acuñada en español. En el caso de Bielorrusia, no se trata de un cambio de nombre del país, pues «Belarús» es simplemente el calco bruto de su denominación tradicional en bielorruso.

9)  Qatar o Catar. La «q» no se utiliza en español fuera de las secuencias grafemáticas «que» y «qui», por lo que la RAE se ha inclinado por hacer desaparecer esta anomalía ortográfica, recomendado la forma «Catar», para guardar la coherencia gráfica con el gentilicio correspondiente «catarí». No obstante, esta ortografía no es tradicional y, hasta que circule ampliamente en los medios hispanos, el Grupo Interinstitucional de Toponimia ha decidido no adoptar por el momento la versión de la OLE. Además, este topónimo sugiere la escasa nitidez en la distinción entre macrotopónimo (por ejemplo, países), que tendería a adaptarse grafofonológicamente al español, y microtopónimo (por ejemplo, accidentes geográficos), ya que el topónimo Qatar/Catar procede de un accidente geográfico, la península del mismo nombre. ¿Habría que llamar al país «Catar» y a la península «Qatar»? Quede esta cuestión para que la diluciden los sabios en la materia.

10) Bosnia-Herzegovina o Bosnia y Herzegovina. Ambos topónimos son correctos. La preferencia de la RAE por el guion se debe a que hace más clara la referencia a una única entidad político-territorial. Sin embargo, el uso de la conjunción copulativa en «Trinidad y Tobago» o «Castilla y León», por ejemplo, no supone en absoluto ninguna ambigüedad en cuanto al hecho de que se trata de entidades únicas. Aunque «Bosnia-Herzegovina» es frecuente, no se usa con exclusividad, por lo que se ha considerado oportuno mantener, al menos por el momento, «Bosnia y Herzegovina» en la lista toponímica interinstitucional. El gentilicio correspondiente sería, en cualquier caso, «bosnioherzegovino», sin guion, según el modelo de «austrohúngaro», por ejemplo.

11) Port Louis o Port-Louis. El primer nombre de la capital de Mauricio es inglés y el segundo, francés. Es el último el que figura en la lista de topónimos de la RAE. Para dilucidar la ortografía correcta, se recabó información de las autoridades del país. La respuesta fue que la capital del país es Port Louis, sin guion, lo que seguramente tendrá en cuenta la RAE en ediciones posteriores de su lista de topónimos.

12) Lesoto o Lesotho. La RAE recomienda escribir Lesoto, porque la secuencia gráfica «th» no existe en español. Sin embargo, la palabra «apartheid» sí figura en el Diccionario de la lengua española de la RAE (edición 22.a), aunque sea en cursiva, como extranjerismo crudo. El representante de la Fundéu indicó que la «th» de Lesotho representa en su lengua un sonido (una «t» aspirada) parecido al representado por «th» en afrikaans en palabras como «apartheid», por ejemplo. En español no existe ese fonema, por lo que la adaptación grafofonólogica se ha realizado correctamente según el diverso destino fonológico del grafema «th» original a su paso al español. En «Lesotho», se pronuncia como /t/, por lo que se ha de escribir «Lesoto» en español, mientras que en «apartheid» se pronuncia como dos consonantes /t/ + /h/, por lo que se justifica el mantenimiento de la «h» en el «apartheid» del español, lengua en que la «h» puede servir para escribir el mismo fonema /h/ (h aspirada; por ejemplo, «Sáhara»).

13) Gagauzia. La grafía con «z» en lugar de la normal en «c», admitida por la RAE en este caso, se justifica no solo por el nombre de dicho ente en rumano/moldavo («Găgăuzia»), sino también en gagauzo («Gagauz Yeri» o «Gagauziya»).

3. Cambios en la lista toponímica interinstitucional europea a raíz de estas consultas

A título informativo, facilitamos la lista de las modificaciones de la lista europea a raíz de este trabajo. De este modo, los lectores podrán tener más a mano las nuevas versiones, que coinciden en su mayoría con las de la OLE. En principio, no están previstas grandes nuevas reformas de la lista interinstitucional europea. Las posibles modificaciones futuras serán seguramente puntuales.

1)   Adopción de la lista de monedas de la RAE en el apartado correspondiente de la lista interinstitucional europea. En concreto:

a)   «kuanza» en lugar de «kwanza» (Angola),

b)  «leva» en lugar de «lev» (Bulgaria),

c)   «dírham» en lugar de «dirham» (Emiratos Árabes Unidos y Marruecos),

d)  «gultrum» en lugar de «ngultrum» (Bután),

e)   «gurde» en lugar de «gourde» (Haití),

f)   «forinto» en lugar de «forint» (Hungría),

g)  «séquel» en lugar de «sheqel» (Israel),

h)  «tengue» en lugar de «tenge» (Kazajistán),

i)   «ariari» en lugar de «ariary» (Madagascar),

j)   «rufiya» en lugar de «rufiyaa» (Maldivas),

k)  «ringit» en lugar de «ringgit» (Malasia),

l)   «kuacha» en lugar de «kwacha» (Malaui y Zambia),

m) «uguiya» en lugar de «ouguiya» (Mauritania),

n)  «kiat» en lugar de «kyat» (Birmania/Myanmar),

o)  «esloti» en lugar de «zloty» (Polonia),

p)  «leona» en lugar de «leone» (Sierra Leona),

q)  «bat» en lugar de «baht» (Tailandia),

r)   «paanga» en lugar de «pa'anga» (Tonga),

s)   «dong» en lugar de «dông» (Vietnam).

2)   Sustitución de «Bangladesh» y de su gentilicio «bangladeshí» por «Bangladés» y «bangladesí», respectivamente.

3)   Sustitución de «Belarús» y de su gentilicio «belaruso» por «Bielorrusia» y «bielorruso», respectivamente.

4)   Sustitución del gentilicio «bosnio-herzego-vino» por «bosnioherzegovino».

5)   Sustitución de «Timpú» por «Timbu» como capital de Bután.

6)   Sustitución de «Curaçao» por «Curazao», cuyo gentilicio es «curazoleño».

7)   Sustitución del gentilicio «irakí» por «iraquí».

8)   Sustitución de «Lesotho» y de su gentilicio «lesothense» por «Lesoto» y «lesotense», respectivamente.

9)   Sustitución de «Vilnius» por «Vilna» como capital de Lituania.

10) Sustitución de «Malawi» y de su gentilicio «malawiano» por «Malaui» y «malauí», respectivamente.

11) Sustitución de «Chisinau» por «Chisináu» como capital de Moldavia.

12) Sustitución del gentilicio «qatarí» por «catarí».

13) Adición del gentilicio «sursudanés» para Sudán del Sur.

14) Sustitución de «Tashkent» por «Taskent» como capital de Uzbekistán.

15) Sustitución de «Sanaa» por «Saná» como capital de Yemen.

Mariano Martín Rodríguez
Comisión Europea
mariano.martin@ec.europa.eu

 

 

 

 

1 http://publications.europa.eu/code/es/es-5000500.htm.
2 Además de los numerosos artículos sobre toponimia publicados en puntoycoma, véase el n.o 34, dedicado íntegramente al tema.
3 http://unterm.un.org/.
4 Mi más sincero agradecimiento a las personas que me atendieron en dichas instituciones, con ocasión de mi visita de trabajo sobre la toponimia extranjera, y que han hecho posible este trabajo gracias a sus respuestas, a saber: Elena Hernández Gómez y Encarna Raigal Pérez, especialistas de la RAE; Leandro Valencia Alonso, director de la Oficina de Interpretación de Lenguas del MAEC, y los lingüistas de dicho Ministerio participantes en las reuniones; Javier Bezos (Fundéu), y Maite Fernández (OMT).
5 Véase su descripción en http://www.rae.es/rae/gestores/gespub000019.nsf/
voTodosporId/B104F9F0D0029604C1257164004032BE?OpenDocument
.
6 Según la RAE, el hecho de que estos topónimos tengan su origen en antropónimos, así como su procedencia de una lengua familiar como la inglesa, podría ser una de las razones que explicaran su resistencia a la adaptación.
7 El único ejemplo señalado por las representantes de la RAE de uso del artículo obligatorio (cuando este no forma parte inherente del topónimo) es en (la) «Antigua República Yugoslava de Macedonia». Sin embargo, la construcción de la frase exige gramaticalmente el uso del artículo, al igual que ante (el) Reino Unido, de manera que el uso del artículo no integrante como un todo en el topónimo sería, pues, siempre facultativo en realidad, de tratarse de una cuestión meramente toponímica y no gramatical.
8 http://www.czech.cz/es/Conocer-Chequia (fecha de consulta: 25 de enero de 2013).

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