COLABORACIONES


Éranse una vez cinco rusos blancos

Si al ver el título de este artículo, el lector ha pensado en cinco hablantes de lenguas eslavas, cabe aclararle que aquí no hay más que cuatro tipos distintos de «ruso blanco»: el quinto es solo una bebida, pero la incluyo también para poder eliminar toda duda residual cuando tenga que traducirse cualquier White Russian.

1. La «Gran Rusia» y las pequeñas

Hasta hace cien años, todos los atlas presentaban «tres Rusias»: la grande (la Rusia propiamente dicha), la pequeña (Ucrania) y la blanca (Bielorrusia o Belarús). En efecto, la raíz eslava biel- o bel- significa «blanco» (todos conocemos Belgrado, «la ciudad blanca»).

En alemán, el Schul-Atlas für höhere Lehr-anstalten de Diercke y Gaebler incluía una Völkerkarte en la que se distinguían perfectamente los «Groß-Russen» (los rusos) de los «Weiß-Russen» (los bielorrusos) y los «Klein-Russen oder Ruthenen» (los ucranianos).

En francés, el Atlas de géographie physique, politique et historique de Alexis M. G. señalaba una «Grande Russie» (aproximadamente sobre lo que había sido el Gran Ducado de Moscú) que finalizaba al oeste y al sur en Bielorrusia y Ucrania y al este y al norte en los límites de los pueblos no eslavos (urálicos, como los komis, maris y mordovos, o turcos, como los baskirios, chuvasios y tártaros).

En español, la Espasa hablaba en 1926 de «Rusia propia», «Ukraina» y «Rusia Blanca», aunque, para distinguir entre rusos y ucranianos, muchos atlas presentaban a rusos «de la Rusia grande» y rusos «de la Rusia pequeña». El Atlas Geográfico Universal de Salinas aún recogía el término «Rusia Blanca» a mediados del siglo XX.

Pero, en general, después de la Segunda Guerra Mundial tales términos fueron abandonándose, hasta el punto de que en Occidente las nuevas generaciones los ignoraban, por lo que fueron fuente de numerosos equívocos (como el que surgía al leer que una obra soviética calificaba a Lenin de gran ruso y, sin saber que era una simple reseña étnica, sospechar que podría tratarse de algún maléfico «culto a la personalidad»).

2. Rusos blancos contra rusos «rojos»

Sin embargo, el término que más se perdió tras la llegada de los bolcheviques no fue el de la «Gran Rusia», sino el de la «Rusia Blanca», que podía llevar a engaños mayores.

En efecto, los rusos opuestos a la revolución empezaron a ser llamados «blancos», por oposición a los comunistas, que, lógicamente, eran «los rojos».

La sangrienta guerra que siguió a la revolución, auspiciada por el apoyo dado a los generales zaristas por tropas británicas, checoslovacas, estadounidenses y hasta japonesas, no terminó hasta 1923 con la derrota completa de los «blancos», lo que llevó a centenares de ellos al exilio; en los años veinte del siglo pasado, París se llenó de archiduques venidos a menos.

Así, a partir de 1930, al menos en Europa occidental, el «ruso blanco» ya no era el bielorruso, sino sobre todo el exiliado anticomunista o el descendiente de rusos anticomunistas.

3. Rusos blancos y rusos «amarillos»

Fue el general De Gaulle quien, en los años cincuenta del siglo pasado, propugnó una Europa entre l'Atlantique et l'Oural. No es este un lugar apropiado para intentar interpretar el evidente trasfondo político de esa frase, pronunciada justo cuando estaba iniciándose paralelamente la obra que llevaría al nacimiento de la Unión Europea, pero es innegable que esconde la segregación entre una Rusia europea, «blanca» y civilizada, y otra Rusia asiática, «amarilla» y bárbara.

Afortunadamente, esa acepción descaradamente racista del «ruso blanco» no es muy frecuente, pero hay que admitir que también existe: no hace mucho, Ph. Rekacewicz afirmaba que la Europa preconizada por De Gaulle intégrait au moins la Russie dite «blanche»1. Y está claro que no estaba refiriéndose a Bielorrusia, la Rusia Blanca clásica.

4. Resurgir nacionalista

Desde el fin de la Unión Soviética se observa en Rusia una proliferación creciente de grupos de extrema derecha cuyo objetivo es una «Rusia blanca». Si bien en el resto de la «blanquitud» ese término no plantea dificultades de traducción, aquí puede llevar a confusión, pues ese «ruso blanco» (adepto del белый национализм, es decir, del nacionalismo xenófobo) no es otra cosa que el equivalente del WASP americano: una persona de orden, ferviente practicante de la religión ortodoxa, cabeza de familia monogámica y heterosexual y que no tiene problema alguno con los extranjeros… siempre que estos se queden en el extranjero.

5. Un ruso negro y un ruso blanco

El quinto ruso blanco es simplemente una bebida: un cóctel que hace quince años pusieron de moda los hermanos Coen en una película de culto: The Big Lebowski. La bebida original era el Black Russian, que contiene licor de café. Al añadirle nata o leche condensada, el «ruso negro» se transforma en «ruso blanco».

Por cierto, ninguna de estas dos bebidas tiene absolutamente nada que ver con Rusia. El nombre se debe a que su parte espirituosa procede del vodka (de hecho, podrían haberlo llamado tranquilamente «Black Polish»).

Propuestas de traducción

Creo que lo más práctico, con independencia de lo que hagan otras lenguas, es atribuir un término distinto a cada concepto. Siguiendo el orden:

1. Bielorruso (o «belaruso», según dictaminen los órganos responsables de la toponimia). Este es un caso claro en el que «ruso blanco» debe proscribirse sin duda alguna, so pena de calificar a un bielorruso comunista de «ruso blanco rojo», lo que más bien recordaría los colores de algún equipo de fútbol.

2. Ruso blanco (aunque en muchos casos también podría valer «zarista», pero sin olvidar que entre los rusos opuestos a la revolución bolchevique también había grupos republicanos, como los eseristas).

3. Ruso europeo. Aquí no caben «blancos» ni «amarillos»: esta es la única definición correcta de un ciudadano ruso que habite al oeste de los Urales (del mismo modo que los demás son «rusos asiáticos»).

4. Ruso eslavo. Evidentemente, porque la supuesta «raza blanca» es sinónimo de «raza caucásica», y lo último que quisieran los nacionalistas que propugnan una «Rusia blanca» sería verse rodeados de ciudadanos procedentes del Cáucaso, por muy «blancos» que fuesen.

5. White Russian. Creo que los nombres originales de los cócteles deben respetarse, del mismo modo que nadie traduce del español «Cuba Libre» o «Mojito» (sin contar que, si pidiéramos «un Martini Seco» en lugar de «un Dry Martini» nos arriesgaríamos a que nos sirvieran un vulgar vaso de aperitivo en lugar de aquella «copa de ginebra que recibe la sombra de una botella de vermut», según la conspicua definición de Winston Churchill).

Miquel Vidal
Comisión Europea
miguel.vidal-millan@ec.europa.eu

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1 Rekacewicz, Ph. «Un Vieux Continent à géographie variable», Le Monde diplomatique n.o 696, marzo de 2012, p. 15, http://www.monde-diplomatique.fr/2012/03/REKACEWICZ/47482.

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