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NEOLÓGICA MENTE


Entre fractura social y cisma político: el clivaje

La palabra «clivaje» no figura en el diccionario de la Real Academia Española. Sin embargo, cleavage y clivage, sus equivalentes en inglés y francés, ya han aparecido varias veces en las publicaciones de nuestras instituciones.

Se trata de un término que procede del ámbito de la cristalografía. De hecho, el Vocabulario Científico y Técnico de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales sí lo recoge:

clivaje. Hendidura en un cristal con la formación de dos superficies lisas. Se produce en planos cristalinos.

De la mineralogía y la joyería (sobre todo de la talla de las piedras preciosas), el término pasó a otros ámbitos, como el de la psicología profunda y el de la politología, y es este último el que nos interesa desarrollar aquí.

Hasta ahora, los traductores de español han estado recurriendo, con mayor o menor imaginación, a una gran variedad de términos para traducir el cleavage/clivage: en los últimos diez años podemos encontrar, solo en los documentos oficiales de la Unión Europea, «brecha», «conflicto», «desdoblamiento», «división», «fractura», «segmentación» y «separación».

No alcanzo a explicarme el motivo de la ausencia de la palabra «clivaje» en español. En el caso del catalán, la influencia europea hizo que clivatge se adoptara ya a principios del siglo XX, a pesar de que en esa lengua siempre había existido el término clivella, que también podríamos traducir como «fisura»1.

¿Por qué el español sigue considerando superfluo ese término? La primera pregunta sería: ¿es necesario adoptar ese neologismo, o se puede seguir funcionando con «brechas», «conflictos», «divisiones» y similares?

Requisitos del clivaje político

Para que exista un clivaje en una sociedad son necesarias cuatro condiciones:

a)  que exista una división entre sus miembros;

b)      que esa división se base en unas características objetivas (por ejemplo, entre siervos y aristócratas, entre trabajadores y propietarios o entre miembros de distintos grupos étnicos o religiosos);

c)  que haya miembros de la sociedad que sean conscientes de esa división: es decir, que perciban como distintos a quienes se hallan al otro lado (conciencia de clase, sentimiento de pertenencia a un grupo étnico o subétnico o a una comunidad religiosa, etcétera);

d) que esa división se refleje en alguna forma de organización (si no en ambas partes del clivaje, al menos sí en una de ellas).

La necesidad de que existan esos cuatro requisitos (división social, base objetiva, conciencia y organización) hace que ninguno de los términos citados anteriormente responda con precisión a esta definición, y por ello me parece necesaria la introducción del neologismo.

La segunda pregunta es: ¿por qué importar esa terminología política, cuando siempre nos habíamos apañado bien con el eje clásico izquierda/derecha? No es este el lugar para un debate politológico, pero el mero hecho de que los cleavages/clivages lleven años presentes en textos de la UE impide que se nos acuse de estar «importando» el concepto.

Modelos de clivajes

Los teóricos de los clivajes han determinado los momentos clave de la historia que han ido provocando su aparición, como la Reforma, la Revolución burguesa o la Revolución industrial. Sus clásicos han establecido la presencia de cuatro clivajes históricos principales2:

·         entre centro y periferia

·         entre religión y laicismo

·         entre agricultura e industria

·         entre propietarios y trabajadores.

Estos clivajes pueden superponerse y, por ende, reforzarse (reinforcing cleavages), o ser transversales (cross-cutting cleavages) y dar lugar al nacimiento de fuerzas políticas que se separan de otras debido a un nuevo clivaje (aun situándose en el mismo lado en el antiguo clivaje).

A partir de esta tabla, los politólogos aspiran a construir una auténtica taxonomía que pueda incluir a todas las organizaciones políticas de los países más diversos. Está claro que algunos de estos clivajes son más visibles en unas zonas que en otras, e incluso hay países en los que algunos de ellos no han existido nunca. Pero haberlos, haylos. Sin ir más lejos, sería inconcebible que los dos partidos mayoritarios en España, que en estos últimos años no han dejado de lanzarse mutuamente acerbas críticas, hubiesen podido llegar a un acuerdo estable de gobierno en el País Vasco entre 2009 y 2012 sin la presencia de un clivaje muy potente entre el centro y la periferia.

Si imaginamos un camino ascendente desde lo concreto e instantáneo hasta la cronología histórica más larga, el primer estadio lo representa la nota de prensa que informa de un acto dado; el segundo, la campaña en la que se inscribe este acto; el tercero, la organización u organizaciones que impulsan dicha campaña; el cuarto, el clivaje político que ha provocado el nacimiento de esas organizaciones, y el quinto y último, la fractura social que está en el origen del clivaje.

Espero con esto haber sabido aclarar los motivos que me llevan a abogar por la adopción de este neologismo en español. Sobre todo porque, si hay algún lugar en el espacio y en el tiempo donde ese término se está volviendo cada vez más imprescindible, es en esta Unión Europea ampliada en la que la clasificación de todos los partidos políticos presentes en el Parlamento Europeo pronto va a ser más compleja que la filogenia de las bacterias grampositivas o la genealogía de las lenguas de Nueva Guinea.

Miquel Vidal
Comisión Europea
miguel.vidal-millan@ec.europa.eu

 

 

 

 

 

 

 

 
1 La obra The cleft, de Doris Lessing (2006), que en español se tradujo como La grieta, se denomina en catalán La clivella.
2 Sobre todo, la obra seminal de S. M. Lipset y S. Rokkan, Party systems and voter alignments: cross-national perspectives, Nueva York y Londres, 1967.

 

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