capítulo precedentecapítulo siguientePágina principal

NECROLÓGICA


La traducción en la obra de Agustín García Calvo

Agustín García Calvo (Zamora, 1926-2012), fallecido recientemente, es uno de los heterodoxos españoles más brillantes y originales de los últimos tiempos. Su marginación respecto a las corrientes dominantes del pensamiento y de la creación contemporáneos, en buena medida voluntaria pero en parte derivada de la escasa generosidad intelectual de las minorías del país y de la excesiva compartimentación de nuestra producción cultural, es solidaria de su firme anclaje en la filología clásica, en un profundo conocimiento del Mundo Antiguo, en una filosofía basada en el rechazo de toda Autoridad y al mismo tiempo del individualismo (puesto que el Individuo es para García Calvo la base del Poder y del Estado) y en un extraordinario talento creativo que ha discurrido por cauces muy alejados de las modas y de los géneros literarios de más éxito. Su apelación permanente al Pueblo anónimo e innumerable no se quedó en mera retórica, puesto que, al lado de la aparente dificultad de sus escritos filosóficos y lingüísticos, su producción poética bebe de la tradición y la rítmica populares y entronca con ciertas facetas de la poesía de Antonio Machado. Su amor a la lengua, unido al ejercicio consiguiente de la filología, le llevó, inevitablemente, a frecuentar la traducción (a veces practicada, como dice de sus versiones de los Sonetos de amor de Shakespeare, «a lo largo de sucesivos ratos de tristeza, a modo de raciones bien medidas de un placer un tanto recoleto y hasta delicuescente»1), de la que también ha sido un maestro.

En la presentación de Hablando de lo que habla2, García Calvo esboza una clasificación de sus principales escritos sobre cuestiones lingüísticas, que abarcan sus trabajos de filología clásica (entre los que destacan de manera muy especial los dedicados a la rítmica, la prosodia y la métrica) y de «gramática prehistórica», y sus ensayos y tratados sobre lingüística y gramática (como los tres volúmenes de Del lenguaje, admirable síntesis de su teoría del lenguaje en forma de diálogo). En ese texto preliminar señala la curiosidad del público «por la lengua que uno habla o habla en uno», que explica así:

[…] cuanto más se va entrando por los estudios de una lengua y de las lenguas, más crece en cualquier biennacido la maravilla del tinglado, tan complejo y fino y bien armado, de la gramática que, sin saber él nada de ella, maneja corrientemente cada día, y del que los estudiosos logramos apenas, con mil desvelos y maquinaciones, ir dando cuenta y razón de alguna parte de la maquinaria.3

Sus intereses filosóficos abarcaron muy diversos ámbitos, desde la lógica (De los números) a la teología (De Dios), pasando por la política, entendida como rebelión contra el Orden, el Estado, la Democracia, el Dinero («el Dinero es Dios»4) y los que denomina Medios de Formación de Masas. Muchas de sus ideas políticas de madurez ya estaban presentes en el Manifiesto de la comuna antinacionalista zamorana5, inspirado por él y firmado en el exilio parisino en diciembre-febrero de 1969-70, en el que se postula para el proyecto de comuna la desaparición de la contraposición entre la esfera pública y la privada y la disolución del poder, la propiedad y la familia hasta la desaparición del individuo mismo. A lo largo de toda su vida y en particular en sus últimos años, una vez retirado de su actividad docente en la Universidad, difundió y desarrolló su filosofía en múltiples charlas y tertulias6 (como las célebres del Ateneo de Madrid, de 2005 a 2012, y las que animó, en un contexto que ni pintado, durante los meses de acampada del movimiento 15-M en la Puerta del Sol madrileña), en las que exhortó sin desmayo a auditorios por lo general jóvenes al descreimiento y la denuncia de toda autoridad.

Para García Calvo «no hay poesía que no sea práctica de uno u otro modo»7, pese a declararse dudoso «o más que dudoso sobre las relaciones entre un libro y su aparente autor»8, puesto que, escribió, «no son cuestiones de responsabilidad las que me importan, sino más bien la posible utilidad, para quien sea, para lo que sea»9. Su dedicación a la poesía durante toda su vida queda plasmada, entre otros volúmenes, en sus libros de Canciones y soliloquios; una parte de sus canciones han sido musicadas por Amancio Prada, Chicho Sánchez Ferlosio y hasta por cantantes abiertamente comerciales, uno de los aspectos en los que la poesía de García Calvo enlaza con cierta tradición española, en particular la de los grandes poetas del Siglo de Oro. Además, no hay que dejar de lado sus libros de poesía moral («poesía impura»), filosófica o narrativa; un ejemplo de este último género es su conmovedora «endecha» Relato de amor, dedicada a Joaquín García Gallego, el padre del autor, que le enseñó a leer, y, según la dedicatoria de su edición de la obra de Don Sem Tob, «el primero para quien escribo»10.

Nuestro autor también cultivó en sus últimos años la prosa narrativa, pese a su desconfianza por «el solo género que se vende» y a ser «lector escaso» de él, en forma de cuentos en los que «son siempre esos personajes los que se lo hablan y se lo cuentan todo», para «poner en evidencia lo que pasa en este mundo y en sus almas»11. Dentro de la prosa de ficción puede considerarse también la obra, de estructura epistolar, Cartas de negocios de José Requejo.

La producción teatral de García Calvo, que no ha recibido la atención suficiente por parte de las empresas e instituciones teatrales (con la excepción del Teatro de la Abadía de José Luis Gómez, que llevó a escena Baraja del Rey Don Pedro, premio nacional de Literatura Dramática de 1999), fue otro de sus géneros predilectos. Iliu Persis, tragicomedia musical en una noche, obra ambiciosa y extensa, está aún pendiente de estreno.

Su labor traductora no es una mera derivación de su obra filológica, puesto que en sus traducciones se propone hacer entender y sentir lo mismo que puede sentir y entender un lector que domine la lengua en la que fue escrita la obra. En el caso de su versión rítmica de la Ilíada, no duda en crear un «dialecto» al servicio de la comprensión del texto homérico por el lector actual, con el fin de producir en él la misma sensación de extrañeza y artificio que producía su lectura en un lector del siglo III antes de Cristo12. Por consiguiente, su pretensión no es tanto acercar los textos traducidos (en particular, griegos y latinos) al lector de hoy (como se observa en otros traductores de obras clásicas, con resultados brillantes o mediocres), sino acercar al lector al texto original, a despecho de un indudable extrañamiento del texto traducido.

García Calvo era consciente, declara en la «Presentación» de su volumen Poesía antigua (de Homero a Horacio), de haber «tenido que ir haciéndome una tradición con el curso de mis propios años»13. Tal como recuerda mi compañero Miguel Ángel Navarrete, los estudiantes de filología clásica que, hace ya varios decenios, leían sus traducciones de textos antiguos, se sorprendían por su preocupación por acercarse lo más posible a los esquemas rítmicos originales y por su audacia en la creación léxica, plasmada en palabras o compuestos inesperados e innovadores que pretendían reflejar la calidad del texto original y constituían auténticos hallazgos poéticos. Tales versiones conjugaban la fidelidad extrema al texto original y una belleza y una riqueza de matices inigualables.

Además de la mencionada versión rítmica de la Ilíada, García Calvo ha publicado traducciones de textos griegos, tanto filosóficos (desde los presocráticos, recogidos y glosados en sus volúmenes de Lecturas presocráticas, hasta Platón) como teatrales (Esquilo, Sófocles y Aristófanes) o historiográficos (Jenofonte). También se le deben las versiones de los textos poéticos griegos y latinos recogidos en su antología Poesía antigua, así como otras de textos de Plauto, Lucrecio y Virgilio. A todo ello hay que añadir su traducción del latín humanístico de un tratado de urbanidad de Erasmo de Rotterdam.

García Calvo es además un traductor de referencia de Shakespeare, no solo de sus Sonetos de amor, sino también de Macbeth y Sueño de noche de verano. Y en su obra traductora no ha descuidado tampoco otras lenguas modernas, como el francés (Sade, Valéry, Georges Brassens) y el italiano (Giuseppe Gioacchino Belli). Su actitud al traducir estos textos es análoga a la de sus traducciones de textos antiguos, incluso en el caso de los sonetos shakespearianos, acerca de los que confiesa «una paradójica participación de la experiencia más íntima y propia de uno mismo»14 y, en contraste, señala «la armadura y el lastre de una época y de una retórica»15 que el traductor siente ajenas a su sensibilidad poética, pese a lo cual se esfuerza por «respetar todas las costumbres retóricas del original»16. En 2006 obtuvo el Premio Nacional de Traducción en reconocimiento al conjunto de su obra traductora.

La figura de García Calvo pervivirá como la de un humanista un tanto al margen de su época pero que nunca rehuyó la controversia, marcado por el pensamiento y la estética de la Antigüedad grecolatina, pero también por la tradición ácrata contemporánea y por el espíritu de revuelta sesentayochista, con su mirada y su oído puestos en los grandes textos de la poesía y la filosofía universales y al mismo tiempo en la tradición popular más humilde y anónima, la del pueblo «que no se cuenta». Personalmente, siempre recordaré la bonhomía que desbordaba por detrás de su máscara (su persona) levemente histriónica en los tiempos, en las postrimerías de los setenta, en los que tuve el privilegio fugaz de ser alumno suyo y de participar en un montaje dirigido por él del Miles gloriosus de Plauto, que permaneció nonato.

Alberto Rivas Yanes
Comisión Europea
alberto.rivas-yanes@ec.europa.eu

 

 

 

 

 

 

 

1 W. Shakespeare, The Sonnets. Sonetos de amor, ed. y trad. de A. G. C., Anagrama, Barcelona, 1983, p. 7.
2 A. G. C., Hablando de lo que habla. Estudios de lenguaje, 2ª ed., Lucina, Zamora, 1990, p. 9. Por esta obra, García Calvo recibió el Premio Nacional de Ensayo.
3  A. G. C., Del lenguaje, Lucina, Madrid, 1979, p. 11.
4 A. G. C., Contra el hombre, Fundación de Estudios Libertarios Anselmo Lorenzo, Madrid, 1997, p. 32.
5 Manifiesto de la Comuna Antinacionalista Zamorana, La Banda de Moebius, Madrid, 1978.
6 En el sitio Baúl de Trompetillas, http://bauldetrompetillas.creacicle.com/, se recogen muchas transcripciones y grabaciones de la obra oral de A. G. C., así como otros materiales relacionados con su figura y su obra.
7 Don Sem Tob, Glosas de sabiduría o Proverbios morales y otras rimas, ed. de A. G. C., Alianza, Madrid, 1974, p. 11.
8  A. G. C., De los números, La Gaya Ciencia, Barcelona, 1976, p. 13.
9 Ibidem.
10 Don Sem Tob, ed. cit., p. 8.
11 A. G. C., Eso y ella. 6 cuentos y una charla, Lucina, Madrid, 1987, p. 15.
12 Homero, Ilíada, versión rítmica de A. G. C., Lucina, Zamora, 1995, pp. 31-32.
13 A. G. C., Poesía antigua (de Homero a Horacio), Lucina, Madrid, 1987, pp. 9-10.
14 The Sonnets. Sonetos de Amor, ed. cit., p. 26.
15  The Sonnets. Sonetos de Amor, ed. cit., p. 24.
16 The Sonnets. Sonetos de Amor, ed. cit., p. 26.
 

capítulo precedentecapítulo siguientePágina principal