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Proposición (no de Ley):

Habida cuenta de las reacciones suscitadas en algunos lectores de PUNTOYCOMA por determinadas contribuciones controvertibles y controvertidas, se me ocurre que, aunque debería ser cosa sabida, quizá no estuviera mal que nuestra revista llevara siempre bajo la cabecera, o en cualquier otro lugar bien conspicuo, una advertencia del siguiente tenor:

«Salvo indicación expresa de lo contrario, ninguna de las propuestas aquí publicadas tiene valor normativo».

Lo cual no quita que un servidor sea partidario de que determinadas convenciones respecto a fórmulas, términos o giros que mayoritariamente se considere oportuno fijar de manera unívoca sean elevadas a rango de norma con el aval del coordinador lingüístico (que para eso está, digo yo). El apartado en que esas normas aparecieran podría titularse, por ejemplo: «Armonización lingüística».

Dicho esto, y a la vista de algunas de las propuestas aparecidas en el último número («escenario», «facilidad»), sin quitar mérito al esfuerzo de buscar soluciones económicas para la traducción de expresiones engorrosas, creo que PUNTOYCOMA debería tener como «línea ecuatorial» el promover ante todo aquellas soluciones que vayan más en el sentido de la recreación que en el del calco, es decir, dar preferencia a la afinidad semántica con respecto a la afinidad morfosintáctica a la hora de escoger la traducción de una expresión extranjera problemática (v.g.: mejor «situación hipotética» que «escenario», mejor «que reúne las condiciones» que «elegible», etc.). El calco (que vendría a ser una aportación a esa «jerga europea» que poco a poco vamos «segregando») habría que dejarlo para casos extremos en que los recursos tradicionales de la propia lengua se revelen totalmente insuficientes. Dicho de otro modo: también aquí (¡cómo no!) deberíamos aplicar el famoso principio de SUBSIDIARIEDAD.

Miguel Candel

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