capítulo siguientePágina principal

COLABORACIONES


El DRAE y nosotros

Como es sabido, acaba de aparecer la vigésima primera edición del Diccionario de la Real Academia (DRAE, por si los despistados), datada en 1992. El nuevo DRAE desautoriza en algunos aspectos los contenidos del manual del traductor (versiones de 1991 y 1984). Las discrepancias que he encontrado son las siguientes:

El manual de 1991

Sinergia: El manual restringe la utilización de este término al campo de la fisiología y propone que se substituya por el de cooperación o colaboración. Sin embargo, la nueva edición del DRAE incluye en esta entrada, como acepción principal, la definición siguiente: «Acción de dos o mas causas cuyo efecto es superior a la suma de los efectos individuales». En opinión del que subscribe, queda recogido perfectamente el sentido con que se usa este término en la literatura tecnocrática.

Formulario: Hasta esta edición del DRAE, un formulario era un «libro o escrito en que se contienen fórmulas que se han de observar para la petición, expedición o ejecución de algunas cosas». Con arreglo a la definición expuesta, aunque matizando con un «casi siempre», que revela el olfato lingüístico del redactor del manual, se proponía en este traducir el francés formulaire por el español «impreso». Ahora, el DRAE incluye una cuarta acepción a la entrada «formulario»: «Impreso con espacios en blanco». En este caso, pues, nada que objetar a la traducción de formulaire por formulario.

El manual de 1984

Creo que la mayoría de los traductores -por lo menos quienes empezamos a trabajar en la Comisión antes de aparecer la última versión del manual- hemos obedecido los dictados del manual de 1984, circunstancia ésta que ha dejado ciertas, diría, secuelas en los textos españoles de la Comisión en general y en las revisiones en particular. Ya en la edición del DRAE de 1984 se admitían el término «proveniente» y la locución «en cuestión», soluciones censuradas en nuestro primer manual como traducción de los provenant y en question franceses. Lo mismo ocurría con el verbo «influenciar». La nueva edición del DRAE desautoriza asimismo las reservas sobre la traducción literal de las locuciones francesas à defaut de y mettre l'accent sur. En el primer caso, la Real Academia acepta «en defecto de». En el segundo, el DRAE, que aceptaba ya en 1984 «acentuar» en el sentido de «resaltar», nos permite inopinadamente una traducción mas literal, si cabe: «poner el acento en».

Varios

La presente edición del DRAE aporta muchas soluciones a los problemas terminológicos que se nos plantean cotidianamente. Abriendo casi al azar el Diccionario, me encuentro con «en función de», locución contra la que se han ensañado buen número de puristas. También me topo con «dopaje» y, lamentablemente, no veo por ningún lado -¿te acordás, pibe?- doping.

Informática

En el terreno informático, el DRAE introduce muchas novedades. A simple vista, encuentro entradas para «bit», «chip», «disco duro», «disquete», «impresora», «menú», «paquete (de programas)», «sistema operativo» y «procesar». El DRAE aporta soluciones, espero que definitivas, para los problemáticos hardware y software. Para el primer término se ha escogido «equipo» en el sentido de «conjunto de aparatos y dispositivos que constituyen el material de un ordenador». Para el segundo, «programa» o «conjunto de instrucciones que permiten a una computadora realizar determinadas operaciones» (obsérvese la sinonimia de «ordenador» y «computadora», que, dicho sea de paso, no resulta clara en las definiciones correspondientes). Podría argumentarse que hardware y software no son exactamente eso, pero el significado literal de esos términos ingleses es tal vez mucho más impreciso que el de las acepciones presentadas por la Real Academia. Otros términos interesantes, que producen confusión al traducir, son: «lenguaje de máquina» (y no «lenguaje máquina») e «implementar», del que sólo se acepta la acepción informática: «Poner en funcionamiento, aplicar métodos, medidas, etc., para llevar algo a cabo». Por ultimo, citaré «(la) interfaz», aunque esta versión del DRAE sólo recoge la acepción en el campo de la electrónica.

La moraleja (proceder ilustrado)

Han menudeado estos días en los medios de comunicación reseñas sobre el DRAE, en las que se destaca lo que falta en él. Yo he preferido, por el contrario, señalar una microscópica parte de las novedades que contiene. La presente edición mejora la traducibilidad -palabra grata a Manuel del Cerro y que también recoge el nuevo DRAE- de nuestra lengua, y a mí me permite proponer una reflexión sobre nuestro papel en su mejora -no diré defensa, que es palabra para espíritus derrotistas-: ¿Debemos limitarnos a traducir literalmente las palabras que nos planteen problemas? Para empezar, propongo que no se desprecie la aportación del DRAE, y, a continuación, que nos dejemos llevar por el «olfato», para anticipar las palabras que un día se utilizarán corrientemente, pero desde una actitud seria, que no convierta la lengua en un coladero de memeces. Vamos, que utilicemos el sentido común. Ni más ni menos.

Joaquín Calvo Basarán

capítulo siguientePágina principal