TRIBUNA


Texto de la conferencia pronunciada en la Dirección General de Traducción (DGT) de la Comisión Europea, en Bruselas y Luxemburgo, los días 18 y 19 de junio de 2012, con motivo de la presentación del libro de Eugene Nida1 Sobre la traducción, publicado póstumamente2. La conferenciante ha sido responsable del Departamento de Lengua Española y de la Dirección C de la DGT.

Sobre la traducción

El libro Sobre la traducción es una selección y traducción de dos libros de Eugene Nida: Toward a Science of Translating y The Theory and Practice of Translation. Tiene dos partes, correspondientes a cada uno de estos libros

En la primera parte se describen la naturaleza del significado, el papel del traductor y los diferentes significados: gramatical, referencial y connotativo o emotivo. Pero, sobre todo, se expone la teoría esencial del autor: la equivalencia dinámica en la traducción.

En la segunda, se describe el conjunto de procesos que realmente se emplean al traducir, es decir: el análisis de los diferentes significados, la transferencia, la reestructuración y la comprobación de la traducción.

Introducción

Traducir es esencialmente un proceso de comunicación, lo que significa que un traductor debe ir más allá de las estructuras léxicas para tener en cuenta la manera en que se supone que un determinado público va a comprender un texto. Al comprobar la fidelidad de una traducción, la cuestión esencial es ¿para quién?, y sobre todo ¿para qué contexto cultural? En efecto, el papel de los destinatarios es esencial en la traducción.

En principio, un traductor debe establecer ciertas prioridades:

  1. la coherencia contextual tiene que prevalecer sobre la conformidad verbal;

  2. la equivalencia dinámica tiene prioridad sobre la correspondencia formal;

  3. las expresiones que usan y aceptan los destinatarios de un texto deben tener prioridad sobre las expresiones que puedan ser más prestigiosas.

El contexto es mucho más importante que las palabras aisladas. Las palabras solo tienen sentido en nuestra mente y tienen el significado emotivo que nosotros les damos y les da nuestra cultura. Hay una relación significativa entre cultura y palabras: la cultura modela las palabras, y las palabras, con el valor emotivo que les damos, modelan la cultura. Debemos concentrarnos, pues, en las frases, no en las palabras. La frase es la que comunica el concepto, no la palabra, que en sí no significa gran cosa. Pero incluso muchas frases resultan ambiguas hasta que las encajamos en un contexto más amplio, porque a veces no podemos encontrar la clave del significado simplemente en una oración, sino en el discurso total, o incluso en el tema de que se trate. Por ejemplo, si alguien dice: «qué tío más grande», no podemos pensar que se trata del hermano de la madre o del padre, sino de otro significado que le dan las circunstancias de uso y el contexto.

En este volumen se considera el lenguaje como una parte de la conducta humana total. No podemos sentirnos satisfechos con considerar una lengua como un corpus fijo de oraciones o de palabras, sino como un mecanismo dinámico capaz de generar infinitas series de expresiones diferentes.

Al traducir recibimos un mensaje único en la lengua de partida y creamos un mensaje igualmente único en la lengua de llegada. Por eso, traducir es uno de los actos intelectuales más difíciles y completos que puede realizar el cerebro humano. Pero a lo largo de la historia mucha gente no ha apreciado la labor de traducción. Todos sabemos que los escritores italianos del Renacimiento consideran que las traducciones son como las mujeres: poco atractivas cuando son fieles e infieles cuando son bellas… En el siglo XVIII, sir John Denham decía incluso en verso:

Aquí la necedad, la soberbia y el destino nos conducen:

Los que saben escribir, escriben, y los que no, traducen.

Y hasta en 1959, Harry de Forest Smith decía que la traducción de un texto literario es tan insípida como una fresa cocida…

Pero una traducción puede ser muy atractiva, como cuando una bella mujer se viste con ropa de hombre. Efectivamente, todos conocemos traducciones magníficas, como, por ejemplo, las que hizo Baudelaire de los libros de Edgar Allan Poe.

Naturaleza del significado

En el estudio del significado, el interés se ha desplazado de la preocupación por los referentes hacia el uso de las palabras dentro de la conducta total. Esta definición del significado por el uso sugiere el proceso mismo por el que los términos adquieren significado, es decir, a través del condicionamiento contextual. Así, por ejemplo, los indios motilones de Colombia tomaron del español la palabra Purísima de la expresión Ave María Purísima, pero le dieron el significado de «el diablo», ya que observaron que los hispanohablantes usaban dicha expresión exactamente en el mismo contexto en que ellos invocaban a los poderes maléficos…, lo que nos hace ver que las palabras en sí no significan gran cosa, sino que dependen del valor emotivo que les da una cultura concreta.

Rasgos fundamentales de los símbolos lingüísticos

  1. Carácter esencialmente arbitrario. Los símbolos verbales son básicamente arbitrarios. En efecto, existe una relación arbitraria entre la forma del símbolo y la forma del referente. No hay, por ejemplo, ninguna analogía entre símbolos como gato y perro y los referentes zoológicos que representan. Esto resulta evidente si comparamos las palabras correspondientes en otras lenguas, como cat y dog en inglés, o chat y chien en francés. En la naturaleza esencialmente arbitraria de la lengua no hay manera de conocer el significado de una palabra aislada simplemente por su forma.

  2. La libertad de los símbolos lingüísticos. Los símbolos lingüísticos están expuestos a cambios constantes, ya que cada acto comunicativo es esencialmente único y, por tanto, difiere de todos los demás. Los símbolos lingüísticos son semánticamente libres para ampliarse, contraerse, desplazarse, morir o revivir.

El traductor debe tener, pues, en cuenta que el significado de las palabras nunca permanece inalterable, sino que se desplaza continuamente en una u otra dirección bajo la presión de uno u otro factor cultural.

Foco cultural de una sociedad

Las diferentes lenguas muestran concentraciones de vocabulario y metáforas totalmente diferentes según el foco cultural de la sociedad de que se trate. Así, por ejemplo, en el Sudán se referirán al ganado; en el mundo árabe, a los camellos, e incluso en español hay muchas expresiones que vienen del mundo de los toros. En todo caso, la comunicación no es inteligible si se considera como un evento aislado del contexto social del que forma parte.

Posibilidad de comunicación entre los diferentes pueblos

Hay muchas diferencias en la manera que los pueblos tienen de ver el mundo, pero también hay muchas similitudes entre ellos, por ejemplo:

  • la similitud de los procesos mentales;

  • la similitud de las reacciones somáticas: gestos de la boca, latidos acelerados del corazón cuando recibimos un mensaje que nos emociona, el sonrojo, etcétera.

Las similitudes que unen a la humanidad como «especie» cultural son mucho mayores que las diferencias que la separan.

Es evidente que la comunicación absoluta entre las personas es imposible, ya sea dentro de una misma comunidad lingüística (dialectos, diferencias de pronunciación, diversos grupos socioeconómicos, etcétera) o en comunidades lingüísticas diferentes, pero, dada la semejanza de los procesos mentales, de las respuestas somáticas y de la capacidad de ajuste a los modelos de comportamiento de los demás, es posible llegar a un grado de comunicación entre los pueblos, entre otras cosas, gracias a la traducción.

Papel del traductor

El traductor debe transferir el contenido de la lengua de partida de la manera más clara y más aceptable posible. Debe crear una nueva forma lingüística que contenga el concepto expresado en la lengua de partida.

En principio, el traductor debe:

  1. descodificar el mensaje del texto original;

  2. transferirlo en su cerebro de la lengua de partida a la de llegada;

  3. codificarlo en la lengua de llegada.

No debe únicamente encontrar las palabras correspondientes, sino que debe tratar de buscar bocanadas significativas (meaningful mouthfuls), es decir, imágenes razonablemente completas, y traducir conceptos íntegros, no simplemente series de palabras o fragmentos aislados.

Por otra parte, deberá comprender no solo el contenido evidente del mensaje, sino también las sutilezas del significado, los valores emotivos de las palabras y los rasgos estilísticos que determinan el sabor y el sentir del mensaje.

Además, el traductor debería tener un espíritu de verdadera empatía con el autor. En definitiva, el mejor traductor es el que posee un conocimiento completo de la lengua de partida y de la de llegada, está familiarizado con el tema, tiene empatía con el autor y con el contenido y, además, tiene una facilidad estilística en la lengua de llegada.

Dos orientaciones fundamentales en la traducción

La equivalencia formal se centra en el mensaje en sí, en su forma y en su contenido. El traductor intenta que el mensaje en la lengua de llegada coincida tan exactamente como sea posible con los elementos de la lengua de partida; trata de reproducir tan literal y significativamente como pueda la forma y contenido del texto original. Así, por ejemplo, en la Biblia se habla a veces de «los hijos de la cámara nupcial»; en una traducción en equivalencia formal se traduciría esta expresión literalmente y se explicaría en una nota a pie de página que se trata de los invitados a una boda.

La traducción en equivalencia formal intenta reproducir las unidades gramaticales, la coherencia en el uso de las palabras y los significados de acuerdo con el contexto original. Por ejemplo, se traducirán los sustantivos por sustantivos, los verbos por verbos, se dejarán todas las frases y las oraciones intactas y se mantendrán todos los signos de puntuación, la distribución de los párrafos, etcétera. Se conserva la sintaxis y la clase de palabras, pero se pierde o distorsiona el contenido.

La equivalencia dinámica se basa en el principio del efecto equivalente. Al traductor no le preocupa tanto la correspondencia formal del mensaje de la lengua de llegada con el mensaje de la lengua de partida como la relación dinámica que existe entre ellos, es decir, que la relación entre el mensaje y el receptor de la lengua de llegada sea básicamente la misma que la que existió entre el mensaje original y los receptores originarios. Lo esencial en una traducción es provocar en sus destinatarios una reacción similar a la que tuvieron los de la lengua original. La correspondencia en el significado debe tener prioridad sobre la correspondencia en la forma. Se deberá reestructurar la forma, es decir, la sintaxis y el léxico, pero se conservará el contenido.

Una traducción en equivalencia dinámica busca la total naturalidad de expresión e intenta relacionar al receptor con modos de comportamiento pertinentes en el contexto de su propia cultura. Es decir, trata de que los destinatarios se encuentren a gusto con el texto traducido, que se hable su lengua, que sea de esa forma como se dice. En definitiva, la mejor traducción es la que no parece una traducción. Los personajes, las situaciones y reflexiones deben llegarnos como salieron de la mente y del corazón del autor, no de su pluma.

La mejor forma de describir una traducción en equivalencia dinámica es definirla como el equivalente natural más cercano al mensaje en la lengua de partida. Esta definición contiene tres términos esenciales: 1) equivalente, que apunta hacia el mensaje en la lengua de partida; 2) natural, que apunta hacia la lengua de llegada; y 3) más cercano, que une las dos orientaciones con el mayor grado de aproximación.

Pero si definimos con más exactitud las implicaciones de la palabra natural, podemos decir que se aplica a tres áreas del proceso comunicativo, es decir, que debe ajustarse: 1) a la lengua y a la cultura de llegada en su totalidad; 2) al contexto del mensaje específico; y 3) a los destinatarios de la lengua de que se trate.

La traducción en equivalencia dinámica debe ser una reproducción del texto original tal y como el autor la hubiera hecho si hubiera conocido la lengua de llegada.

Nueva actitud respecto a la lengua de llegada

Cada lengua tiene su propio genio

Es esencial reconocer que cada lengua tiene su genio, es decir, que cada lengua posee ciertas características distintivas que le confieren su carácter propio, en lo que se refiere a la formación de las palabras, a las modalidades de disposición de las frases, a las técnicas para relacionar oraciones, etcétera. Y para lograr una comunicación efectiva es necesario respetar el genio de cada lengua. Así el traductor, más que imponer la estructura formal de una lengua a otra, debe estar dispuesto a realizar los cambios formales necesarios para reproducir el mensaje con las formas estructurales propias de la lengua de llegada.

Es preciso reestructurar la forma para que el destinatario pueda asimilar de manera conveniente el contenido. En una ocasión se les explicó esto a un grupo de nativos del Camerún, y uno de ellos dijo que esto era precisamente lo que hacía la serpiente pitón cuando no podía tragar a un animal a causa de su forma: le dislocaba los huesos, lo enrollaba y le daba la forma que le permitiera tragar y asimilar el contenido, la carne del animal.

Para conservar el contenido del mensaje deberá cambiarse la forma. La medida en que se cambie dependerá de la distancia lingüística y cultural entre las lenguas. Así, por ejemplo, habrá más cambios al traducir del inglés al español que del francés al español.

Todo lo que se pueda decir en una lengua se puede decir en otra

La mayoría de la gente no ve, por ejemplo, cómo los habitantes de un país en donde no hay nieve pueden comprender una expresión como «más blanco que la nieve»; si no conocen la nieve, ¿cómo pueden traducir esa expresión? La respuesta es compleja y variada. En primer lugar, casi todas las lenguas tienen una palabra para designar la nieve, aunque no la hayan visto nunca, ya que, normalmente, han oído hablar de ella. A veces, aunque no conozcan la nieve, conocen la escarcha y pueden expresar ambos conceptos con el mismo término. Además, muchas lenguas tienen modismos equivalentes, como «blanco como las plumas de una garceta».

En todo caso debemos tener en cuenta que no existe una comunicación absoluta, ni siquiera dentro de una misma lengua, ya que no hay dos personas que entiendan todas las palabras de la misma manera, por lo que no podemos esperar una correspondencia perfecta entre las lenguas.

Cuando nos encontramos ante una gran dificultad de traducción, lo mejor que podemos hacer es poner una nota a pie de página para explicar el problema.

Procesos que se emplean al traducir

1. Análisis

Análisis gramatical

Es evidente que la gramática tiene un significado, el que deriva de la propia construcción. El significado lingüístico de una expresión no se refiere a nada que esté fuera del lenguaje, como sucede en el caso del significado emotivo o referencial, sino a las relaciones significativas que existen dentro del lenguaje.

Pero a veces nos encontramos con que la misma construcción gramatical puede tener diferentes significados. Esto se puede ilustrar mediante algunas construcciones llamadas de posesivo, que son aparentemente semejantes pero que no tienen el mismo significado:

  1. sus pecados;

  2. destrucción;

  3. tu camino;

  4. su brazo.

A las que se podrían añadir otras muchas que no implican posesión como su fracaso, su error, su viaje, su encarcelamiento, su venganza, su intento, etcétera.

  • Estructuras nucleares y categorías semánticas

Para comprender bien cuál es el significado de frases aparentemente semejantes pero con significado absolutamente diferente, lo mejor es recurrir a categorías semánticas y a retrotransformaciones que nos permitan descender a las estructuras nucleares subyacentes a estas construcciones.

Así, en las frases indicadas más arriba, llegaríamos a las siguientes retrotransformaciones:

O

1) sus

E

pecados

él peca: A hace B

O

2) su

E

destrucción

X le destruye: X hace B a A

O

3) tu

(E)

O

camino

tú vas por el camino: A va por B

O

4) su

(R)

O

brazo

él tiene un brazo: B es parte de A

 

Estas estructuras nucleares, a las que hemos llegado mediante un proceso de retrotransformación, consisten en el mínimo número de estructuras a partir de las cuales pueden derivarse mediante transformación las construcciones superficiales más elaboradas. Evidentemente, no son idénticas en todas las lenguas, pero lo importante es que entre las estructuras básicas o nucleares de las diferentes lenguas hay muchos más paralelismos que entre las transformaciones sucesivas.

Estas relaciones sin ambigüedad, o estructuras nucleares, consisten en español en los siguientes tipos ilustrativos: 1) Juan corrió rápidamente; 2) Juan golpeó a Pedro; 3) Juan dio una pelota a Pedro; 4) Juan está en la casa; 5) Juan está enfermo; 6) Juan es un niño; 7) Juan es mi padre.

Para el traductor, descender a estas estructuras simples es de gran utilidad. No es que deba traducirlas literalmente, pero constituyen la base para proceder después a la transferencia, ya que proporcionan los enunciados más claros y menos ambiguos de las relaciones.

En los ejemplos anteriores hemos señalado «O», «R», «E», porque para comprender el significado de una construcción es mejor también recurrir a categorías semánticas que a clases gramaticales, ya que hay mucha más similitud entre las lenguas en lo que se refiere a categorías semánticas que a clases gramaticales.

Estas categorías semánticas son: 1) objetos o entidades; 2) eventos o actividades; 3) abstractos o características; y 4) relaciones.

  1. Objetos o entidades (O): se refieren a las categorías semánticas que designan cosas o entidades que participan en eventos; por ejemplo, casa, árbol, hoja, colina, hombre, etcétera (pero no en todas las acepciones de esas palabras: por ejemplo, casa puede ser un evento en se casa).

  2. Eventos o actividades (E): son las categorías semánticas que designan acciones, procesos, sucesos; por ejemplo, correr, andar, hablar, saltar, ir, etcétera.

  3. Abstractos o características (A): se refieren a la categoría semántica de expresiones que tienen como únicos referentes cualidades, cantidades y grados de objetos, eventos y otros abstractos. Por ejemplo, rojo no es nada en sí mismo, sino solo una cualidad inherente a ciertos objetos como sombrero rojo, lazo rojo, cara roja, etcétera. La cualidad de rojo se abstrae de estos objetos y se nombra como si tuviera una existencia independiente. De la misma manera, rápidamente es una cualidad de ciertos eventos, como corre rápidamente, pero que puede ser conceptualmente abstraída y nombrada. Abstractos de cantidad son dos, dos veces, muchos, a menudo, varios, etcétera.

  4. Relaciones (R): son las conexiones significativas entre los demás términos. A menudo se expresan mediante partículas, como conjunciones, preposiciones, etcétera. Algunas lenguas emplean verbos especiales (solo en algunos de sus usos) para expresar estas relaciones, como, por ejemplo, Juan está en casa, Juan es un niño, Juan tiene un hermano.

Cómo saber a qué categoría debe asignarse una palabra depende totalmente del contexto concreto. Por ejemplo, en la frase Juan limpió la mancha, «mancha» pertenece a la categoría de objeto, mientras que en la uva mancha la tela, «mancha» funciona como un evento.

Es importante tener en cuenta que hay una especial correspondencia entre estas categorías semánticas y ciertas clases gramaticales. Por ejemplo, los objetos se expresan típicamente mediante sustantivos o pronombres; los eventos, mediante verbos, y los abstractos, mediante adjetivos o adverbios. Pero no siempre coinciden las categorías semánticas y las clases gramaticales. Para facilitar la comprensión, siempre es útil reenunciar la palabra o frase en su categoría semántica. Así, por ejemplo, los sustantivos redención, perdón, fracaso y equivocación son esencialmente palabras eventos. Por lo que estos sustantivos que indican eventos más que objetos reflejan las expresiones nucleares en que se expresa el correspondiente evento mediante un verbo: Dios redime, perdona los pecados, él fracasó, él se equivocó. También sustantivos como bondad, amabilidad y belleza proceden con frecuencia de estructuras nucleares en las que los abstractos se expresan mediante adjetivos.

  • Transformaciones

Una vez que el traductor ha comprendido bien el significado de una frase descendiendo a su estructura nuclear y expresándola con categorías semánticas, puede formularla de muchas maneras en su lengua. Por ejemplo, a partir de la estructura nuclear ella canta maravillosamente, el traductor podrá decir la maravilla de su canto, su canto es maravilloso o su maravilloso canto. Esta serie de transformaciones proceden de la misma estructura nuclear e ilustran que se puede decir lo mismo de muchas maneras. Esta posibilidad aporta la base estructural para la diversidad de estilo, y la sensibilidad con que se traten estas cuestiones determinará en gran manera la efectividad en la última fase de la traducción, es decir, en la reestructuración que debe hacerse de los materiales en una lengua de llegada, de tal manera que se logre la equivalencia de estilo más cercana y natural.

Análisis referencial

El significado referencial es el significado específico que viene dado por la interacción de un término con los significados de su entorno.

Por ejemplo, el hecho de que el verbo correr esté en un contexto o en otro determinará su significado. No es que el verbo correr tenga diferentes significados, que no tiene más que uno (un ser humano o un animal que mueve las piernas deprisa para alcanzar velocidad), sino que quiere decir una cosa u otra según aparezca en contextos diferentes. Por ejemplo:

  1. el agua corre, el grifo corre, el vino corre a raudales;

  2. el tiempo corre, el alquiler corre cada mes;

  3. el viento corre por la cañada.

En estos casos el significado depende del sujeto.

No puede pensarse que estas diferencias de significado sean naturales y que deben y pueden darse en cualquier lengua. No. En francés, por ejemplo, no se podría utilizar el verbo courir con grifo, sino que habría que decir le robinet coule. En inglés tampoco se podría utilizar el verbo to run con viento, sino que habría que decir the wind is blowing.

Otros significados del verbo correr dependen del complemento directo:

  1. correr un tupido velo;

  2. correr una silla;

  3. correr un riesgo;

  4. correr la voz.

Análisis connotativo

Para poder comprender el mensaje, hay que tener en cuenta las reacciones emotivas ante ciertas palabras. A este aspecto del significado lo llamamos significado connotativo.

Las asociaciones con algunas palabras son a veces tan fuertes que evitamos utilizar esas palabras. Es lo que llamamos tabú verbal. Así ocurre con las palabras groseras que se refieren a ciertos órganos y funciones corporales, pero es importante señalar que el tabú es contra la palabra, no contra el referente, como puede comprobarse con el hecho de que hay términos científicos inocentes que se refieren a las mismas cosas.

Algunas palabras producen reacciones menos intensas, pero lo suficientemente fuertes para que recurramos a eufemismos, como servicio, lavabo, baño, etcétera, en vez de retrete.

El traductor debe tener muy en cuenta el significado connotativo o emotivo. Por ejemplo, al traducir un libro como Of Mice and Men, de Steinbeck, no podrá utilizar un lenguaje culto o formal para expresar la manera de hablar de los personajes, que son pobres, infelices e ignorantes, sino un dialecto que refleje la manera de hablar de ese tipo de personas en su lengua.

Por otra parte, este significado emotivo depende mucho de las circunstancias de uso, ya que no es lo mismo decir una palabra como demonios o maldición en una taberna o en una iglesia...  

También deberá tenerse en cuenta el marco lingüístico, ya que palabras que tienden a estar yuxtapuestas o a aparecer junto a otras adquieren de estas diversas connotaciones, como ocurre, por ejemplo, con la palabra verde, que tiene una connotación peyorativa debido a que aparece en expresiones como chiste verde, se puso verde de envidia, ese proyecto está aún muy verde, etcétera.

2. Transferencia

Tras haber concluido los procesos de análisis que comprenden los aspectos gramaticales y semánticos, el traductor deberá transferir los resultados de este análisis de la lengua A a la lengua B.

Evidentemente, no se deberá transferir el mensaje de la lengua A a la B simplemente en forma de estructuras nucleares, porque tales construcciones sin relación entre ellas tendrían muy poco sentido. En otras palabras, la transferencia no se realiza en el nivel extremo de las estructuras nucleares individuales, sino en el punto en que estas se conectan en series con sentido.

Al transferir un mensaje de una lengua a otra, lo que se debe preservar a toda costa es el contenido; la forma, salvo en casos especiales, es muy secundaria, ya que en cada lengua las reglas para relacionar el contenido con la forma son muy complejas, arbitrarias y variables.

Problemas en la transferencia

Los problemas más corrientes en la transferencia se dan en los siguientes ámbitos:

Modismos: los modismos requieren muchas modificaciones semánticas, ya que, dada su forma característica, es improbable que tengan el mismo significado en otra lengua. Las modificaciones son lógicamente de tres tipos: a) de modismo a modismo; b) de modismo a no modismo; y c) de no modismo a modismo. En todo caso, se debe tratar toda la expresión como una unidad semántica, aunque en la estructura superficial de la gramática se respeten todas las reglas aplicables a las diferentes partes.

Fórmulas: es evidente que algunas fórmulas enrevesadas, como las que usan los franceses, por ejemplo, al terminar una carta, deben reducirse considerablemente en español.

Modificaciones estructurales: se debe intentar mantener la forma estructural cuando sea posible, pero normalmente no lo es. Uno de los problemas más corrientes de modificación del discurso es la manera de tratar el discurso directo e indirecto.

Modificaciones en la estructura de la oración:

  1. Orden de las palabras: al traducir de algunas lenguas tendremos que cambiar el orden de las palabras, como ocurre, por ejemplo, al traducir al español del inglés, lengua en la que se antepone el adjetivo al sustantivo.

  2. Doble negación: la doble negación es especialmente confusa, ya que en algunas lenguas tiene sentido positivo y en otras constituye una expresión negativa enfática.

  3. Construcciones activas y pasivas: algunas lenguas admiten muchas construcciones pasivas, como el inglés, mientras que otras, como el español, prefieren las activas.

Modificaciones en la estructura de las palabras: los problemas de transferencia en cuanto a la estructura de las palabras se refieren al cambio de sustantivos a verbos o de sustantivos a pronombres.

En definitiva, las prioridades que deben respetarse en el proceso de la transferencia son:

  • Debe transferirse el contenido del mensaje con la menor pérdida o distorsión posible.

  • Es muy importante conservar la connotación, así como la esencia y el impacto emotivo del mensaje.

  • Si al transferir de una lengua a otra el contenido y la connotación del mensaje se puede transferir también algo de la forma, no debemos dudar en hacerlo, pero en ningún caso debe darse prioridad a la forma sobre los demás aspectos del mensaje.

3. Reestructuración

Al reestructurar el mensaje después de haberlo transferido de la lengua de partida a la lengua de llegada, es necesario tener en cuenta:

  1. Los niveles sociológicos de la lengua: es decir, la variedad lingüística de los receptores a los que va destinado el texto (edad, sexo, nivel de cultura, profesión, clase social, etcétera).

  2. Los niveles situacionales de la lengua: los factores situacionales que ayudan a definir los niveles de lengua se refieren a la ocasión y a las circunstancias del acto comunicativo, así como a las relaciones entre los hablantes; los términos que empleamos para identificar esos niveles son situacionales: técnico, culto o formal, informal, coloquial y familiar.

4. Comprobación de la traducción

Una vez terminado el proceso de reestructuración, el siguiente paso es comprobar la traducción, es decir, examinar varios aspectos: fidelidad de la traducción, inteligibilidad, equivalencia estilística, etcétera. Pero para esto no debemos centrarnos en la correspondencia verbal, sino en la medida en que hay equivalencia dinámica. Esto significa que comprobar una traducción no consiste solo en comparar los textos para ver si hay conformidad verbal entre ellos, sino en anticipar cómo van a reaccionar ante ella los posibles receptores de la traducción.

El problema de la longitud: las buenas traducciones tienden a ser algo más largas que los originales. Esto se debe al hecho de que deseamos expresar todo lo que aparece en la comunicación originaria, pero también a la necesidad de explicitar en la lengua de llegada lo que pudo haber quedado implícito en el texto original, ya que los receptores de esa comunicación disponían de más antecedentes, entre otros de los propios de su cultura, para comprender el contenido del mensaje. El mensaje original estaba concebido para ajustarse a la capacidad de sus receptores para actuar como un canal, por lo que si se traduce literalmente y, además, con la misma longitud, aumentará la dificultad de comprensión. La única solución, pues, consiste en «alargar» el mensaje mediante una construcción en redundancia.

Últimos criterios para juzgar una traducción

¿Qué es una buena traducción? Quizá podamos responder a esta pregunta comparando una buena traducción con malas traducciones de dos tipos:

Mala: correspondencia formal: se conserva la forma (sintaxis y clases de palabras), se pierde o se distorsiona el significado.

Mala: paráfrasis por adición, supresión o tergiversación del mensaje.

Buena: equivalencia dinámica: se reestructura la forma (sintaxis y léxico diferentes) para conservar el mismo significado.

En resumen: la mejor traducción es la que no parece una traducción. Debe ser una reproducción del texto original tal como la habría hecho el autor si hubiera conocido la lengua de llegada.

María Elena Fernández-Miranda
Traductora
enida@skynet.be

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1 Se recomienda la lectura del texto de Pollux Hernúñez «Eugene Nida, traductor y lingüista», El País, 10.9.2011, http://elpais.com/diario/2011/09/10/necrologicas/
1315605602_850215.html
, así como de la ponencia «Cómo ayudar a los traductores a traducir la cultura», de E. Nida, con la que el maestro clausuró el III Congreso El Español, Lengua de Traducción, «Contacto y contagio» (Puebla, México, 12-14 de julio de 2006).
2 Eugene Nida, Sobre la traducción, sel. y trad. del autor y de María Elena Fernández-Miranda-Nida, Cátedra, Madrid, 2012.

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