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BUZÓN


«Monomarental» y otras batallas perdidas

Es siempre interesante observar cómo personas con talentos semejantes se enzarzan en discusiones dolorosas apelando a todo tipo de argumentos razonables para llegar al final a propuestas enfrentadas. Es el caso de Miquel Vidal, Fernando A. Navarro y Jordi Parramon en relación al neologismo «monomarental» (puntoycoma, nos 113, 114, 115, 116, 117).

El debate sobre la «monoparentalidad» es un fleco más en el frente abierto en el idioma contra el lenguaje machista, una causa pendiente y justa, pero que ha conducido a derivas risibles y anecdóticas1.

Hoy constato que aquel proceso sigue imparable y triunfante a pesar de que algunas voces se levanten contra él para demostrar su desatino cuando la tendencia se radicaliza.

Si los defensores de la feminización del idioma desean impregnar de coherencia sus artículos, el niño de Taung se transformaría en «el niño o la niña de Taung» y Vidal debiera escribir: «Cuando Raymond Dart vio el cráneo del ”niño o la niña de Taung” en Sterkfontein (Sudáfrica) se dio cuenta de que estaba ante el o la homínido más antiguo o antigua», pero, claro, esto es insostenible además de insoportable. Porque de la ocurrencia de acudir a la arroba —antigu@— no merece la pena ni hablar. Temo que las propuestas antidiscriminatorias más peregrinas estén aún por llegar: locuciones como «(los) unos y (los) otros» serán erradicadas por sexistas puesto que es imposible desdoblarlas, y puede que alguien quiera modificar el lenguaje científico y hablar de «homínidas» en justa reciprocidad. En L’âge des ténèbres (2007), de Denys Arcand, exitosa película canadiense, uno de los personajes es amonestado en su empresa porque había pronunciado la palabra «negro», la cual había sido suprimida del diccionario por el Gobierno. Yo reí entonces, pero hoy existen en España analizadores del lenguaje en línea que permiten el seguimiento del lenguaje empleado en un portal de Internet, evitando casos de discriminación por lenguaje sexista, es decir, vigilan que los términos empleados en páginas web sean los recomendados por el Ministerio de Igualdad y el Instituto de la Mujer, los dos organismos que de forma periódica van alimentando el diccionario de este rastreador policiaco. Es así como se imponen las servidumbres a la traducción en el sector público (M. Vidal, puntoycoma, n° 115), a las cuales algunas asociaciones deben doblegarse si desean aspirar a alguna subvención institucional o, en tanto que individuos, si se oposita. En efecto, he leído que en las convocatorias públicas de puestos de trabajo efectuadas por un Ayuntamiento y en los expedientes de contratación para la gestión indirecta de servicios públicos se valorará con un 5 % el uso de un lenguaje no discriminatorio en las pruebas o en la redacción del proyecto técnico. Dicho de otra manera, a lo mejor el empleo del término «monoparental» en algún dossier tiene menos posibilidades de éxito que otro que emplee «monomarental», que parece halagar más al lenguaje políticamente correcto y es mucho más estratégico.

Al vendaval del hermafroditismo igualitario, asistido por una visión política y social llena de buenas intenciones pero irritante a veces, no hay quien lo pare, guste o no, porque responde a la corrección política, está subvencionado y forma parte del acervo comunitario2. Y cuando la recomendación viene de arriba no se discute. Muchos textos comunitarios redactados en inglés o francés adoptan ya ese espíritu y los traductores, en muchos casos periodistas, que lo viertan al español seguirán servilmente el original, de manera que el fireman de toda la vida puede ser sustituido por firefighter (la persona que lucha contra el fuego) para no ser tachado de sexista por alguna Secretaría de Estado y para ser fieles a los preceptos institucionales dictados en España, que en ciertos casos, por exceso de celo, rozan el ridículo3.

Quizás ustedes ya han podido apreciar con diferente alegría que esta ola ha llegado a los diccionarios en línea. Vean cómo define Wordmagic el término «masilla»: «Masa compuesta de aceite de linaza y tiza que usaban las cristaleras y los cristaleros para fijar los cristales en las puertas y ventanas» (http://www.wordmagicsoft.com/dictionary/es-en/masilla.php).

No, no es necesario todo esto. Igual que el término «monomarental» no es necesario y es un súcubo del proceso de desdoblamiento por género del que hablamos y que parece provenir no de los activísimos servicios terminológicos de Quebec, sino tal vez de un inocente error ortográfico, como dice Parramon, que debió inspirar a una celosa funcionaria del Instituto de la Mujer cuando lo descubrió en un documento. Porque originariamente el BOE (2007/04/26) publica una Resolución de 23 de marzo de 2007, del Instituto de la Mujer, donde:

Se considerará familia monoparental la formada por una mujer soltera, separada, viuda o divorciada que tenga a su cuidado menores de 21 años o mayores con discapacidad que no obtengan ingresos de cualquier naturaleza superiores al 75 % del Salario Mínimo Interprofesional vigente en el momento de publicación de esta Resolución.

Un año más tarde, en la Resolución de 29 de abril de 2008, del mismo Instituto de la Mujer, el texto es idéntico pero la «p» se ha vuelto «m»:
http://www.boe.es/boe/dias/2008/05/19/pdfs/A23758-23769.pdf.

El porqué de que Vidal decida alinearse en la trinchera con una celosa empleada del Instituto de la Mujer antes que con otras personas infinitamente más autorizadas y admirables es un misterio, pero también es su derecho.

Pero en el fondo da igual. Crear neologismos es necesario, divertido y útil. Y lo digo sin ninguna ironía ¡Que son híbridos! ¿y dónde está el problema? En el fondo, si el término es muy descriptivo, suena a antónimo y promueve la visibilidad femenina, acabará imponiéndose en este frente al igual que tantos otros. Debemos acostumbrarnos a convivir con la exasperación que producen, a la que alude Navarro, si no queremos tener úlceras mentales.

El proceso simplificado sería este: primero se feminiza la sociedad, luego toma el relevo el lenguaje político, a veces simplemente porque ve tajada, luego el idioma, junto con una parte de los especialistas de la lengua, luego se feminiza el diccionario porque «constata», y no puede legítimamente dejar de hacerlo. El corolario lógico es que contamina a la actividad traductora. Permítanme un ejemplo para ilustrar esa etapa final; se trata de un artículo publicado en Le Monde diplomatique:

En marzo [Evo Morales] consiguió la sanción parlamentaria de la Ley de Convocatoria a la Convención Constituyente […], en el que los bolivianos debían aprobar o rechazar el pasaje de la actual Bolivia unitaria a una autonómica.

En mars, Morales parvint à faire promulguer au Congrès les Lois de Convocation de l’Assemblée Constituante […], cette seconde échéance invitant les Boliviennes et Boliviens à se prononcer sur le passage de la Bolivie unitaire actuelle à un pays intégrant une dose d’autonomie à l’échelle départementale.4

¿Con qué derecho el traductor manipula el texto original? (da igual que el sentido sea ES>FR que FR>ES, porque tanto una como otra decisión son censurables). Supongo que el autor es un adepto incondicional de la causa y que lo hace en aras de la paridad bienintencionada, pero el resultado es una parida tout court.

No sé que opinan ustedes de estas libertades que se toman algunos, pero esto es algo que merece una reflexión, sobre todo pedagógica. Dentro de las aulas universitarias, los textos oficiales de la Administración del Estado y de las instituciones europeas dan fe, justifican y respaldan las traducciones que los estudiantes proponen. Internet los difunde, y la tiránica noción de 'frecuencia de uso' los impondrá tarde o temprano. Contra estos dos colosos, Administración e Internet, de poco sirve la opinión del profesor, que debe adaptarse a la realidad de las cosas y adecuarse humildemente a la entidad pragmática de las palabras, documentadas por textos actuales, autorizados y pertinentes, que son los que siempre exigimos a nuestros estudiantes. La corrección política no tiene nada que ver con corrección lingüística, pero en nuestros días las dos se enfrentan y se ha impuesto la primera haciendo víctimas hasta en la literatura. Pienso en el caso de «limpieza léxica» hecha recientemente a una obra de Mark Twain. ¿Cómo es posible? Uno es viejo en el momento en que empieza a quedarse perplejo ante las realidades que le circundan. Creo que es el caso de algunos de nosotros.

Carlos MuÑoz Mendoza
Institut Libre Marie Haps de Traducteurs et Interprètes, Bruselas
carlos.munoz@base.be

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1 C. Muñoz (2006), «El hermafroditismo paritario», en Mosaico, Revista para la promoción y apoyo a la enseñanza del español:      
http://www.educacion.es/sgci/be/es/publicaciones/mosaico/mosaico18/mos18f.pdf.
2 Informe sobre el lenguaje no sexista en el Parlamento Europeo, 13 de febrero de 2008:            
http://www.fademur.es/_documentos/Informe-Eurocamara-Lenguaje-sexista.pdf.
3

Instrucción de 16 de marzo de 2005 para evitar un uso sexista del lenguaje en las disposiciones de carácter general de la Junta de Andalucía
http://158.109.131.198/catedra/images/genero_leguaje/propuesta-uso-lenguaje-no-sexista-administrativo.pdf;
Instituto de la Mujer (2006), Diccionario de las Profesiones: http://www.mujeresenred.net/IMG/pdf/lasprofesiones.pdf.

4 El Diplo (édition du Cône Sud du Monde Diplomatique, 11.2006), Buenos Aires; Inprecor (11.2006), n° 521/522: http://risal.collectifs.net/spip.php?article1980.

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