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RESEÑAS


Manual de traducción
Peter Newmark
Traducción de Virgilio Moya
Cátedra, Madrid, 1992
364 páginas. ISBN 84-376-1062-1

Sólo sé de otro manual de traducción que, con anterioridad a éste que comentamos, haya sido vertido a nuestra lengua y publicado en España. Me refiero al tratado de Taber y Nida, casi legendario, La traducción: teoría y práctica, publicado en Madrid en 1986. Algo más, ciertamente, se ha hecho en América (puedo recordar La ciencia de la traducción, de W. Wilss, editado por la Universidad de México en 1988, y La traducción basada en el significado, de M. Larson, por la de Buenos Aires en 1989), pero aun así la escasez es manifiesta, y llamativa si se tiene en cuenta que el español es una de las lenguas hacia las que más se traduce. Acaso pueda explicarse por la falta de demanda: los estudios de traducción han cobrado impulso en fecha relativamente reciente en los países de habla española. O por la dificultad intrínseca de la tarea: poner en otra lengua un manual de traducción obliga a efectuar una trabajosa adaptación de ejemplos.

En cualquier caso, si un manual convertía traducir, la elección de esta obra, galardonada en su día por la Asociación Británica de Lingüística Aplicada, parece la más afortunada. Personalidad independiente y ajena a toda escuela, Peter Newmark ha conseguido en ella exponer sus ideas sobre la traducción de una forma bastante completa y mucho más ordenada que en textos suyos precedentes. Méritos singulares de este libro, que responde a un deseo explícito de «ser útil al traductor», son el constante empeño en no perder el contacto con la práctica y la ausencia de especulaciones desproporcionadas. Así se explica que, junto a capítulos dedicados a los principios y la metodología, en los que se abordan los temas más clásicos de la disciplina (el análisis del texto original, las funciones del lenguaje, el problema de la unidad de traducción, el análisis del discurso, el análisis componencial, los procedimientos de traducción o las relaciones entre traducción y cultura), aparezcan otros repletos de sugerencias y consejos prácticos (cómo traducir metáforas, neologismos, títulos o textos de tipo técnico, qué hacer con las palabras «inencontrables», cómo utilizar los diccionarios y los libros de consulta, etc.).

¿Cómo enjuiciar la labor del traductor? Afirma Virgilio Moya, en el prólogo por él redactado, que esta traducción le ha supuesto un verdadero reto. Es indudable que la ha trabajado a fondo y que muchas de sus soluciones son sobresalientes, aunque, como siempre ocurre, el lector pueda pensar que, aquí o allá, hubiera sido preferible poner otra cosa. El que esto escribe ha leído con detenimiento varias páginas de original y traducción y, pese a haber encontrado ligeras desviaciones de sentido (no por pequeñas, eso sí, menos molestas) y una trivialización palpable del peculiar estilo de Newmark, piensa que la traducción es excelente (al fin y al cabo, como dice el propio Newmark, «good translations can tolerate a number of errors»). De lo que no está tan seguro es de que el esfuerzo valga la pena en casos como éste, en que siempre es preferible la lectura de la versión inglesa (A textbook of Translation, Prentice Hall, Londres, 1988). Después de todo, cabe explicar de otro modo la escasez de manuales de traducción extranjeros vertidos al español: lo habitual es que sus destinatarios potenciales, traductores en ciernes o confirmados, puedan leer sin dificultad el original.

Remigio Gómez Díaz

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