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COLABORACIONES


En torno al escenario

El neologismo inglés scenario (me refiero a la palabra utilizada en una acepción distinta - llamémosla acepción 2- de la de «guión teatral o cinematográfico» - acepción 1- ) viene rondando, desde hace algún tiempo, por nuestros documentos comunitarios. Fuera de ellos, aparece ya en múltiples contextos y ha sido calcado en varios países; que yo sepa, se utiliza en castellano, francés y alemán. El problema de cómo traducir este término de la unidad E- 4, donde se acordó, más o menos unánimemente, emplear una expresión del tipo «supuesto hipotético» o «conjunto de hipótesis» (alguien apuntó que no se trataba de una hipótesis aislada). La solución me pareció acertada en aquel momento, pero desde entonces me han entrado reparos. Creo que nuestro afán por preservar la pureza de la lengua nos lleva, una vez más, a parafrasear en lugar de traducir; y la paráfrasis en cuestión no es ni siquiera del todo correcta. En un texto de la DG XVII que rebosa de escenarios y donde el término no se emplea de forma gratuita, me he encontrado la siguiente frase: «A detailed description of the assumptions driving the scenarios...». Obviamente, la solución que se propuso no es aplicable en este caso, y creo que no se trata de un problema estilístico, sino conceptual.

La última edición del Concise Oxford Dictionary define el término (acepción 2) como «a postulated sequence of future events», lo cual es coherente con el uso habitual. Puestos a buscar una traducción sancionada por el D.R.A.E., pienso que la palabra «modelo» es más próxima a este significado que «supuesto» o «hipótesis». En cualquier caso, quiero aprovechar esta plataforma para abogar por que empleemos, sin mala conciencia, ese «escenario» que ya está en boca de pensadores, políticos y periodistas.

No me parece particularmente grave que el significado original de «escenario» sea distinto del de scenario (1) y que, por así decirlo, la distancia semántica entre las dos acepciones sea probablemente mayor en castellano que en inglés. Calcos y préstamos ha habido, desde siempre, en todas las lenguas, y no vamos a ser nosotros quienes frenemos esta tendencia. No hagamos como la Real Academia, que, citando a García Márquez, condena a las palabras a «pasar cien años en el purgatorio del uso común antes de que... les dé permiso para ser enterradas en el mausoleo de su diccionario».

Anahí Seri

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