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BUZÓN


A vueltas con cluster

Hace unas semanas recibí un correo electrónico de una compañera de trabajo. En él aparecía un vínculo para acceder al boletín puntoycoma; ¡qué descubrimiento más grato! Se trataba del último número (el 118), en el que había un artículo cuyo autor, Luis González, escribía unas líneas acerca de la problemática de la (no) traducción de ciertos términos provenientes del inglés, ilustrado con el ejemplo de cluster. Su lectura me resultó muy provechosa (a la vez que divertida), puesto que estaba en esos días preparándome una ponencia que iba a presentar en Trento.

Mi propósito en esa comunicación era reflejar cómo ese término se había introducido en la jerga de los investigadores regionales, principalmente economistas y geógrafos, eclipsando (y simplificando a su vez) a toda una generación de términos (por ejemplo, el distrito industrial) que habían tratado de analizar un conjunto heterogéneo de agentes y la influencia de sus relaciones en las dinámicas regionales desde un punto de vista socio-económico.

Pero esa irrupción (del término cluster) no había llegado solo a la comunidad científica sino que había calado también en los documentos de trabajo de la Comisión Europea con la publicación del que llevaba por título The concept of clusters and cluster policies and their role for competitiveness and innovation: Main statistical results and lessons learned. La publicación de este documento me animó a hacer una revisión de lo que sus autores (al parecer desconocidos) entendían por cluster. Además, otro aliciente lo encontré cuando sus autores afirmaban que se trataba de un enfoque basado en la evidencia (evidence-based approach en inglés). Cuál fue mi sorpresa cuando hallé tres grandes inconsistencias en el documento que ponían en evidencia ese prometido enfoque basado en la evidencia.

En primer lugar, si bien un cluster es definido por un conjunto heterogéneo de agentes, a destacar empresas relacionadas con una actividad económica, asociaciones empresariales ligadas a esas empresas, instituciones de educación y de investigación, y por las relaciones generadas entre ellos, ¿por qué en el documento se utilizan solo los datos del empleo para clasificar y medir a estos conglomerados? ¿y qué hay de la medición de las relaciones entre agentes? Es curioso que se esté hablando de la existencia de un cluster en términos de aglomeración sin tener en cuenta la definición precisa del papel de cada uno de los agentes del territorio que están incluidos en la misma definición. Sin embargo, esta simplificación tenía una justificación en el documento. Y es que su pretensión era realizar una foto panorámica de los clusters en toda la Unión Europea y esto, claro está, solo es posible acogiéndose a los datos disponibles, en este caso el número de empleados en una industria dada. Este es un primer ejemplo de inconsistencia, y por tanto un incumplimiento del prometido enfoque basado en la evidencia.

En segundo lugar, se dedicó únicamente un párrafo a un autor italiano que había rescatado un viejo debate en torno a las externalidades generadas por la aglomeración de industrias en un territorio a la vez que no se incorporaron las críticas realizadas por numerosos investigadores provenientes de las ciencias políticas, de la economía y de la geografía. Me pareció muy curioso que ese párrafo fuera además directamente proporcional a la dedicación por parte de los autores del documento al planteamiento de cuestiones sociales en torno al concepto de cluster. Precisamente para ese autor italiano, Giacomo Becattini, el centro de atención en su definición del concepto de 'distrito industrial', era el componente social y la historia dentro del cambio tecnológico en las industrias de un territorio. De todas formas, atendiendo de nuevo al concepto de cluster, no es de extrañar que un concepto que nace y se reproduce en un ambiente donde el mayor objetivo es ser competitivo e innovador no tenga entre sus prioridades más acuciantes la de la atender a la problemática social de la gente que vive en un territorio.

En tercer lugar, y muy relacionado con el punto anterior, se encuentra el hecho de que solo se reflejaban aquellos trabajos que aplaudían las bondades de los clusters. Por ello solo eran citados, por un lado, los ejemplos de regiones prósperas desde un punto de vista puramente económico, tipo Silicon Valley, y, por otro, los sectores denominados de alta tecnología, como la biotecnología. La pregunta que me venía a la cabeza en el momento de esa glorificación de los ejemplos exitosos era: ¿es que toda Europa es así? ¿Es que son menos las regiones que no se dedican a estas actividades de, según algunos, gran valor añadido? ¿No son acaso los sectores llamados de baja tecnología los potenciales clientes de las empresas que desarrollan la tecnología puntera?

En fin, aquí he apuntado algunos de los detalles que más me llamaron la atención. Sin ser un experto de la lengua, considero que la no traducción de un término a veces se lleva a cabo por no querer matizar las características y connotaciones del contexto en el cual se desarrolla. Si el concepto de cluster ha sido generado en una época en la que el estudio de las fuentes de la competitividad entre países, regiones y empresas es lo que prima, un posible sinónimo podría ser el de otro anglicismo, «club», que según la Real Academia de la Lengua Española, en su primera acepción, es una sociedad fundada por un grupo de personas con intereses comunes y dedicada a actividades de distinta especie, principalmente recreativas, deportivas o culturales. Estamos obligados, pues, a definir cuáles son los intereses comunes y las actividades que queremos desempeñar. De esta forma todos podremos disfrutar de nuestro propio cluster, y por ende seremos competitivos e innovadores.

Javier Ortega Colomer
Estudiante de doctorado en Ingenio (CSIC-UPV)
fraorco@ingenio.upv.es

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